Philip Baldwin, responsable de comunicaciones de la NASA: “La estación espacial de Madrid ha sido clave para mandar a los astronautas de vuelta a casa”
Philip Baldwin explica que antenas de Robledo de Chavela enviaron a Orion los comandos para que corrigiera su trayectoria a la Luna


Si no fuera por las seis antenas colosales que sobresalen en el bosque de Robledo de Chavela (Madrid), los cuatro tripulantes de Orion, la cápsula espacial de la misión Artemis 2, se habrían quedado incomunicados en el espacio durante un tercio del tiempo que ha durado la misión. Por ese motivo, el subdirector de comunicaciones de la NASA, Philip Baldwin (EE UU), está ahora allí y vivirá en ese lugar uno de los momentos más importantes de su carrera y de los más críticos de la historia de la exploración espacial: la entrada en la atmósfera de cuatro seres humanos envueltos en una bola de fuego que se precipita a 40.000 kilómetros por hora.
Baldwin cuenta que tanto él como el equipo de 16 personas que trabajan en esa instalación contuvieron el aliento durante los minutos en los que la nave Orion, ya de camino a la Luna, hizo correcciones en su rumbo para no estrellarse contra el satélite ni quedar varados en el espacio de camino a ninguna parte. “Fue un momento clave”, recuerda. “Gran parte de la importancia de poder hacer ese sobrevuelo lunar era que pudiéramos enviar un comando para corregir la trayectoria y asegurarnos de que regresarían a casa. Robledo formó parte de esa secuencia de comandos”.
La información que enviaron mediante un sistema de láser a la nave tenía que ser de una precisión extrema. Cada grado de inclinación cuenta, cada kilómetro por hora puede ser determinante. Tenían que calcular la trayectoria correcta para aprovechar el campo de gravedad lunar e impulsarse de regreso a la Tierra. “Los astronautas tienen que pasar justo entre los postes de la portería”, explica Bakdwin. Sin embargo, las voces que se escuchan cuando los tripulantes de Orión se comunican con la NASA no proceden de Robledo, sino de Huston (Texas). “Es igual que en la misión de Apolo”, explica Bakdwin. La señal, cuando es captada por estas antenas de entre 26 y 70 metros de diámetro, se transmite rápidamente a EE UU. “Normalmente, la persona que está al otro lado de la línea, en la Tierra, es también un astronauta y nos aseguramos de que solo haya una persona hablando a la vez”, detalla el miembro de la NASA.
La instalación de Robledo de Chavela es la más grande de la Red del Espacio Profundo (DSN por sus siglas en inglés). Fue inaugurada en 1964 y, solo cinco años después, sus antenas fueron las primeras en sintonizar la voz de Neil Armstrong comunicando que el ser humano había conseguido por primera vez posarse en la Luna.

En todo el mundo solo hay tres complejos de antenas con las características adecuadas para captar señales de lugares tan remotos, como las que llegan de la nave espacial Mars Odyssey, que estudia el clima de Marte a 341 millones de kilómetros de la Tierra. Es decir, 839 veces más lejos de lo que ha llegado a estar la tripulación de Orion, a pesar de haber batido el récord. Por no hablar de las ondas que llegan de la Voyager 1, la nave que más lejos ha mandado la humanidad hasta ahora, a unos 25.000 millones de kilómetros.
Los otros receptores de ondas espaciales están en Goldstone (California, EE UU) y en Canberra (Australia), ubicados perfectamente a 120 grados los unos de los otros. De este modo completan los 360 grados que forma la esfera del planeta sin dejar ninguna sombra. Como las ondas viajan en línea recta, en función del punto desde el que se envían, se activan unas antenas para que lleguen sin ningún obstáculo que interfiera en las comunicaciones.
Desde Robledo no se escuchará a los astronautas durante su reingreso en la atmósfera porque estas antenas están pensadas para captar señales a una distancia mucho mayor. Cuando una nave se aproxima hacia la Tierra, conecta con la Red del Espacio Cercano (NSN por sus siglas en inglés). Además, el hecho de que venga envuelta en plasma a cerca de 3.000 grados centígrados provoca un efecto conocido en la NASA como "blackout de plasma", que viene a ser un apagón por el calor que absorbe el escudo térmico. En la misión del Apolo 13 duró cuatro minutos y se alargó hasta los cinco en la primera misión de Artemis.
Es por ese motivo por el que, según este miembro de la NASA, la base Madrid jugará un papel crucial de cara a las próximas misiones y, quizás, al destino de la humanidad. “Tenemos un plan para hacer una base lunar, así que Robledo será clave para lograr esa presencia sostenida en la Luna”, comenta Bakdwin. “El año que viene no habrá alunizaje, pero al siguiente, con [la misión] Artemis 4, está previsto el aterrizaje en la Luna. Será un gran logro y el centro de Robledo será determinante”, concluye.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































