Petro y Galán acuerdan revivir el Hospital San Juan de Dios tras dos décadas de clausura
El complejo hospitalario comenzará a operar en mayo gracias a un inesperado acuerdo tras años de tensión política entre la Nación y el Distrito


“¡Viva el San Juan de Dios!”, se ha escuchado este martes entre los asistentes a un evento en el centro de Bogotá. Allí, el alcalde de Bogotá, Carlos Fernando Galán, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro, han anunciado una nueva etapa para el histórico complejo hospitalario que suma más de dos décadas de clausura. El plan, un viejo anhelo del mandatario nacional desde que ocupó la Alcaldía, es que el hospital vuelva a la vida que perdió en 2001. Los acuerdos entre el Distrito y la Nación señalan que allí funcionará el Centro de Investigación e Innovación y Pensamiento para el Envejecimiento y la Vejez, según adelantó el secretario Distrital de Salud, Gerson Bermont, en un video publicado en X el pasado lunes. Se espera que inicia sus actividades en mayo.
Desde una tarima repleta de funcionarios nacionales y distritales, que han intercambiado pocas miradas entre sí, el alcalde ha anunciado la firma de un convenio por el que el Gobierno Nacional destinará 1,6 billones de pesos (unos 430 millones de dólares) para “la recuperación y la operación” del complejo hospitalario, de propiedad de la capital. “Para nadie es un secreto que el presidente y yo tenemos diferencias en muchos temas, profundas y se mantienen. Pero lo responsable es llegar a acuerdos que permitan a Bogotá avanzar”, ha dicho, y repetido, el mandatario en su discurso.
La inversión permitirá reactivar un complejo compuesto de 24 edificios y con 16 hectáreas de suelo en el centro de la ciudad de ocho millones de habitantes. Lo hará, además, pensando en uno de los cambios sociales más significativos, el envejecimiento de los bogotanos, y para ello combinará atención en salud, formación, investigación e innovación social, incluida la prevención de la soledad.
El presidente, por su parte, ha hecho más énfasis en la historia pasada del San Juan, al que llamó “primera víctima” de la Ley 100 de 1993, que creó el actual sistema de salud y que el presidente ha intentado, infructuosa y denodadamente, cambia. A seis meses del fin de su cuatrienio y, tres años después de haber roto su coalición mayoritaria en el Legislativo ante la negativa a su reforma, ha insistido en esa meta: “Estamos destruyendo para construir una salud mejor”, ha dicho sobre el sistema. “Mataron a la joya de Bogotá y a la joya americana de la salud pública”, ha insistido en su reivindicación histórica.
Aunque ese reclamo no es nuevo, Petro ha aprovechado las recientes encuestas que muestran una imagen favorable mayor que las de otros sondeos previos, en torno a un sólido 45%, para darle más fuerza: ha dicho que, si la reelección estuviera permitida, “sería presidente de nuevo de lejos, en primera vuelta”. Con ello, señala la legitimidad de una lucha en la que se ha empeñado presidente desde que lideraba la ciudad, entre 2012 y 2015. Como alcalde, compró los terrenos, que eran de la Beneficencia de Cundinamarca, defendió su restauración integral y lideró su protección como Bien de Interés Cultural. Luego, como presidente, criticó los planes de sus sucesores Enrique Peñalosa y Claudia López de demoler la torre central. Argumenta que la restauración no solo implica rescatar un patrimonio arquitectónico, sino revertir lo que considera un símbolo del fracaso del sistema de intermediación en la salud, el postulado fundamental de su fallida reforma, que ha implementado parcialmente a través de decretos.
El anuncio del acuerdo para la reapertura llega en un momento de particular tensión entre la Alcaldía y la Nación, detonado este año por el aumento del 23% del salario mínimo decretado por el Petro y sus implicaciones en como el pasaje de TransMilenio, el servicio de transporte masivo de Bogotá. Aunque Galán ha valorado la consecución del pacto para el San Juan, así como otros que ha anunciado alrededor del rediseño de las estaciones del metro y de los multicampus (proyectos de infraestructura para expandir el acceso a educación superior en zonas con alta demanda estudiantil), el ambiente no ha dejado de ser tenso.
Galán ha reprochado al presidente el “retroceso” que dejó la intervención que hizo la Superintendencia de Salud en la Subred Centro Oriente, una de las cuatro entidades en las que está organizado el servicio de salud distrital, entre mayo del 2024 y agosto de 2025. Además, ha criticado que las empresas promotoras de salud (entidades que Petro busca eliminar, y que acatan como administradoras de los planes de salud de los ciudadanos) intervenidas por esa misma Superintendencia no contratan con la red pública de Bogotá, a la que además le adeudan 300.000 millones de pesos, casi 82 millones de dólares.
Petro, en un discurso que ha pasado por su propuesta de una Asamblea Constituyente, el bombardeo estadounidense en Caracas, al Holocausto, las leyes de la termodinámica y un viaje que hizo a La Habana, ha reprochado a Galán ser un alcalde “muy peñalosista” y le ha dicho que “hay que cambiar el himno de Bogotá”, entre otras cosas, “porque Gonzalo Jiménez de Quesada (fundador de Bogotá) era un genocida”. Asimismo, ha insistido en que las tarifas de TransMilenio “deben bajar” y ha dicho que “gira con dolor” los recursos que comprometió la Nación para financiar el metro, pues es elevado y Petro ha abogado desde su alcaldía por una tipología subterránea: “Sé que es plata perdida”, ha expresado. Ese tono, distante de una celebración y a mes y medio de las elecciones legislativas, señala que el acuerdo del San Juan es un hecho aislado, no un cambio en la relación entre los dos funcionarios electos más poderosos de Colombia.
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