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Navalón, el relevo llama a la puerta

Gran actuación del torero valenciano y una buena corrida de Victoriano del Río, con un toro de vuelta al ruedo

Samuel Navalón, a hombros, tras cortar una oreja en cada toro.Ana Escobar (Efe)

Un brindis por un torero nuevo: Samuel Navalón. Una auténtica mascletà fallera. Quemó las Fallas antes de hora y ardió la plaza que, entregada, coreó el “torero, torero” con tanta pasión como sinceridad. Primero fue en el tercero de la tarde, un toro de considerable alzada, más basto que fino, pero con presencia en plaza. Tuvo cierta entrega en el caballo, y en la muleta fue una incansable máquina de embestir; con clase, además. Desde que Navalón lo recibió con dos largas de rodillas, se barruntaba que algo iba a pasar. Y pasó. En el centro del ruedo se dispuso todo, la entrega del toro y la torería de Navalón. Ora por la derecha, ora por la izquierda, la faena no tuvo resquicio alguno. Bien ligada, templada, de juvenil entrega, pero de maestría también. La plaza se vino abajo. Y valor del bueno, de zapatillas muy clavadas en la arena. El final de faena fue luminoso: pase de las flores, circulares invertidos y un desplante a cara descubierta despreciando muleta y espada. Un pinchazo previo a la estocada final, le privó de que el premio fuera doble. Al toro de Victoriano del Río, “Casero”, número 59, le dieron la vuelta. No era para menos.

Pero no terminó todo ahí. Quedaba otro toro. Otro gran toro. Grandón, de 597 kilos, que los soportó bien después de pelear bravo en una primera vara. La tarjeta de visita de Navalón en este toro fue irse a porta gayola, para recibirlo con una larga ajustada y emocionante. El postre de ese inicio con el capote fue otra larga en el tercio, pero faltaba el quite combinado de chicuelinas, tafallera, media y la revolera. Y Samuel Navalón cogió la muleta. El valor sereno y auténtico como cimiento de una faena que siempre circuló por los caminos de la pureza y la verdad. De gran ajuste, de pierna echada para adelante, de cargar la suerte. Y el toro entregado en un derroche de clase al embestir. Desprovisto de la espada, Navalón combinó por una y otra mano muletazos muy abrochados. Para que no faltaran los fuegos de artificio, las bernadinas y los circulares pusieron colorido al asunto. La plaza, una locura. Navalón, el supuesto pobrecito del cartel, se comió a las figuras.

La primera baza de Talavante fue un toro que hasta cinco veces entró al caballo y en cuatro de ellas salió disparado como alma que lleva el diablo. Pero fue un toro noble en la muleta y con un pitón izquierdo de considerable clase. Las puntadas defensivas de los primeros pases con la derecha fueron espejismo; por el otro pitón, que era el bueno, basó Talavante su faena. No fue labor de romperse, más bien de cumplir con distinguida educación la noble embestida del toro. Todo por los terrenos de adentro, donde el toro encontró su comodidad y el torero la suya. Académico, intermitente, sin redondear, estuvo Talavante con el cuarto. El toro, de ir y veir, y el torero de pasarlo sin más. Todo se quedó todo a medias.

Los 590 kilos que llevaba a cuestas el segundo no disimularon su justo trapío, cómodo además de pitones. Pero fue toro que apoyó la causa de Roca Rey. Un muy buen toro en la muleta, de arrastrar el morro por la arena de tanto que humillaba. Y por los dos pitones. La faena fue larga, densa, con momentos de gran calado en los tendidos. De repertorio versátil, de guiños al tendido y de una serie con la izquierda, bien avanzada la faena, de naturales largos y profundos. Fue lo mejor de una labor muy de cara a la galería. Incansable ese toro de Victoriano del Río, que aceptó los efectos especiales del final con absoluta entrega. Faena muy larga, con el primer aviso incluso antes de entrar a matar. Con la plaza hecha un clamor, la espada se le atragantó a Roca.

El quinto fue una mole, a cuatro kilos de los 600, que llegó ahogado a la muleta. Roca le obligó, se esforzó, pero al toro le costaba cada vez más embestir. La faena quedó en un intento. No había para más.

Del Río, Cortés / Talavante, Roca Rey, Navalón

Toros de Victoriano del Río, con kilos y de correcta presentación. Nobles y con clase en la muleta. Al tercero, de gran calidad e incansable, se le dio la vuelta al ruedo.

Alejandro Talavante: dos pinchazos y estocada (silencio); pinchazo y estocada _aviso_, _2º aviso_ (silencio).

Roca Rey: _aviso_ dos pinchazos, estocada _2º aviso_ y descabello (saludos); estocada y descabello (silencio).­

Samuel Navalón: pinchazo y estocada (oreja); pinchazo y estocada (oreja). Salió a hombros.

Plaza de toros de Valencia. Tercer festejo de Fallas. 14 de marzo. Lleno de “no hay billetes” (10.963 espectadores según la empresa).

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