Freddy Rincón, o la eterna ausencia del fútbol colombiano
El documental ‘El Coloso’ recorre la carrera de uno de los futbolistas más completos de la historia del país y enumera las virtudes que lo convirtieron en un deportista muy difícil de reemplazar


Cuando Freddy Rincón murió, en abril de 2022, de la mano de la tristeza vino el silencio. Fallecido de manera prematura a los 55 años a raíz de un accidente automovilístico en Cali, en el ambiente quedó la sensación de que él, miembro fundamental y motor de la Selección Colombia que en los años noventa había puesto al país en la mira del fútbol mundial, se había ido sin un reconocimiento a la altura de sus gestas deportivas. La única manera de remediar ese silencio era en su ausencia. Ahora, a poco de cumplirse cuatro años de su fallecimiento, a las salas de cine llegó en diciembre El Coloso, un documental que recorre la vida del portento deportivo que salió de una Buenaventura empobrecida para brillar en varias de las ligas de fútbol más famosas y exigentes del mundo.
El nombre del documental hace referencia al mote con que se lo conoció como deportista, el Coloso de Buenaventura, que debía a la corpulencia de su contextura física y a su fortaleza, que lo llevó a ser el primer colombiano en vestir la camiseta del Real Madrid, pero también a brillar en equipos como Independiente Santa Fe, donde debutó, el América de Cali, el Napoli, el Palmeiras y, sobre todo, el Corinthians, donde tiene la chapa de ídolo histórico. Es la misma fortaleza que lo hizo seguir corriendo después de una patada para recibir un pase del Pibe Valderrama y anotar el gol del empate frente a Alemania en el mundial de Italia, en 1990. Aquel día, la selección pasó de la eliminación a su primera clasificación a los octavos de final, y Rincón hizo que todo un país cambiara, por unos minutos, el espanto de los peores años de la guerra del narcotráfico por un sorbo de alegría que solo quienes lo vieron pueden sentir 35 años después.
El rodaje de El Coloso comenzó justo al cumplirse un año de la muerte de Rincón, como una coproducción de Telepacífico, RTVC y Chakistán, una empresa conformada por los periodistas deportivos Hugo Mario Cárdenas, César Polanía y Francisco Henao, que también han sido las mentes detrás de documentales como La jaula del Palomo, sobre la vida del futbolista Albeiro El Palomo Usuriaga. La dirección fue encomendada al cineasta José Varón (Cali, 38 años), quien cuenta por teléfono el interés común que los llevó a trabajar en un documental que, más allá de lo deportivo, se centra en buscar una imagen íntima del personaje: “Nos unió la intención de hacer un homenaje a una figura como el Coloso de Buenaventura y también hablar del país de los años ochenta, noventa y dos mil, y cómo el fútbol, de una manera tangencial, se relaciona con la cultura de un país”.

Varón, contrario a lo que podría pensarse, no es el más futbolero de los documentalistas. Es especialista, en cambio, en hacer películas tipo perfil, como el galardonado Nocáut sobre el boxeador Yílmar Speedy González. Sin embargo, narrar la vida de Rincón le sirvió para hacer “arqueología” de los recuerdos de la época en que el fútbol era uno de los pocos motivos de orgullo para un país engullido por la violencia. Pero también para observar el fútbol como revelación de una sociedad. “Ese gol de Italia 90 fue importante para nosotros, más que por lo futbolístico —porque era un paso adelante, nunca habíamos llegado a esas instancias—, por la posibilidad de saber que podíamos igualar a un gran rival, competir, ser respetados, dar un paso a nivel moral”, opina.
La película es, sobre todo, un viaje al pasado, que parte de la Buenaventura natal de Rincón y recorre los episodios más destacados de su carrera, valiéndose para ello de archivos audiovisuales —con la dificultad de que son escasas las grabaciones de entrevistas suyas— y de decenas de entrevistas con personas que lo conocieron en facetas y momentos diferentes: desde los entrenadores Jorge Luis Pinto —quizá su mayor maestro en el fútbol— o Jorge Valdano, y excompañeros como Faustino Asprilla, Óscar Córdoba, Vampeta o Kléber, hasta sus hermanos, sus hijos o los peluqueros de la barbería de São Paulo donde se cortaba el pelo cuando era jugador del Corinthians.
Todos ellos coinciden, de una u otra manera, en la idea de que Rincón era un futbolista adelantado para su época. Que hace tres décadas tenía habilidades que hoy en día se exigen a los jugadores. Que su grandeza física era proporcional a su amabilidad y sentido del humor. Pero también en que ha sido uno de los jugadores más completos que ha salido de Colombia, y también de los más fuertes, no solo de cuerpo –lomo, pegada con ambas piernas, buen remate, cabezazo potente, velocidad-, sino también de ánimo, el suficiente para sobreponerse a los insultos racistas de que fue víctima en su breve paso por el Real Madrid.

O para brillar en Brasil, donde no solo se ganó el reconocimiento de la afición de un país tan futbolero, sino que también fue añorado: ha hecho carrera la afirmación de que, si Rincón hubiera sido brasileño, habría sido titular de la selección de ese país. Esa aclamación explica que más de la mitad de El Coloso sea hablada en portugués. Por ello, Varón no oculta las ansias de que el documental llegue a Brasil: “El reconocimiento que Freddy tuvo en Brasil fue mucho mayor que el que tuvo en Colombia. Allá preguntábamos en momentos a cualquier transeúnte quién era Rincón y personas de 15 o 20 años sabían quién era él sin haberlo presenciado”, cuenta.
La llegada de El Coloso coincide con la efervescencia futbolera ocasionada por la cercanía de un nuevo mundial, el séptimo para la selección Colombia en su historia. Y al hacer una pausa y observar a los talentos del equipo actual, liderado por James Rodríguez y Luis Díaz, surge la duda de si, de la misma manera en que Asprilla y Valderrama encontraron a sus herederos, existe el de Rincón. Y en el aire, queda la sensación de que, cuanto más se lo recuerda, más se le da la razón a Asprilla cuando comenta, con deseo, que ojalá hubiera en la actualidad en la selección alguien que fuera la mitad de lo bueno que fue el Coloso de Buenaventura en sus mejores años como jugador. La espera, al parecer, todavía se alarga.
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