La izquierda incomprendida
Ponerse del lado de Venezuela, Cuba, Irán, Rusia o China implica aceptar la premisa según la cual el disenso se castiga


Me cuesta entender esa posición que se asume desde ciertos sectores de la izquierda en Colombia según la cual todo lo que venga de los Estados Unidos ha de verse como una creación de Satán, mientras que todo lo proveniente de algún país de talante socialista o comunista debe ser apreciado como un esfuerzo o sacrificio necesario para alcanzar el bienestar supremo de los habitantes de dicha nación y sus países amigos. Y no es que considere que todo lo que han hecho los Estados Unidos sea bueno. Así como tampoco puedo decir que todo lo que se da en países con gobiernos de izquierda sea malo. La realidad dista mucho de ser tan obtusamente binaria, de ahí mi planteamiento inicial: no entiendo la constante e inequívoca aprehensión contra los Estados Unidos.
¿Se puede justificar que a una persona se le encarcele simplemente por no estar de acuerdo con el gobierno a cargo de un Estado como pasa en Venezuela? ¿Es un delito no estar de acuerdo con las posiciones de un grupo político y por eso se debe desaparecer al disidente?
Ponerse del lado de Venezuela, Cuba, Irán, Rusia o China implica que se acepta ese postulado. Una premisa según la cual la construcción de un país donde presuntamente todos van a vivir mejor pasa por la consolidación de una sociedad homogénea, en la que el disenso se castiga con el encierro por largas temporadas en reclusorios donde la violación a los derechos humanos es constante. ¡Qué más da si hay torturas o violaciones! No importan unos cuantos presos por ir en contra vía de un sueño político. Lo importante es el sueño, no la gente.
Adentrémonos entonces en el sueño prometido por los gobiernos de algunos de los países mencionados en el párrafo anterior, todos ellos autodeclarados enemigos de los Estados Unidos, todos ellos dictaduras disfrazadas, con más o menos descaro, como democracias.
A finales de la década de 1980, con la caída del Shah de Irán, el ayatolá Jomeini prometía un país más libre para todos sus habitantes. “¿Libre en qué sentido?”, se ha de preguntar uno en 2026 mientras en Irán apagan el internet para que el mundo no sea testigo del momento en que las protestas contra el alto costo de la vida se multiplican y el régimen iraní saca a sus fuerzas armadas a las calles para masacrar a los manifestantes. ¿Es eso libertad? ¿O represión?
“¿Por qué no podemos ser como la China?”, preguntan algunos obnubilados por los modernos edificios de las ciudades ultra tecnológicas chinas no dejan ver el trasfondo de su monstruoso desarrollo: fábricas kilométricas de todo tipo de productos cuyos trabajadores laboran 12 horas diarias o más, con uno o dos días de descanso al mes y salarios miserables. ¿O es que acaso esos productos ultra baratos de Temu y AliExpress salen tan económicos porque se fabrican solitos? En otros tiempos le llamaban esclavitud a ese vínculo laboral. Pero algunos parecen no darse cuenta de ello.
En Cuba dicen que son democracia, pero no dicen que no hay partidos de oposición y que los cubanos detestan a su gobierno. Todo es culpa de EE UU, como si ese país fuera el responsable de la destrucción de las libertades en la isla. Repito: los EE UU no son santos, pero tampoco son los culpables de que cada tanto aparezca un fulano que se cree redentor y que, atándose eternamente al poder, le hace creer al mundo que está resolviendo los problemas de la humanidad. No darse cuenta de ello es no haber entendido de qué va el concepto de democracia.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.









































