Cuando la oposición odia a Colombia
Los miembros de la oposición que salieron con sus destempladas opiniones a pedirle a Donald Trump la captura de Gustavo Petro no son demócratas. No merecerían aspirar a cargo público alguno, pues no entendieron las reglas de la democracia


La democracia es un sistema político exigente en los más diversos aspectos. Exige que se tenga capacidad de aceptar que a veces se gana y a veces se pierde. No en vano, cuando se quiere ganar siempre, así sea a las malas, falla la democracia. Así mismo, la democracia exige que haya diálogo. Pero no un diálogo de sordos de esos en los que se deja hablar a la contraparte, pero no se pone atención a sus argumentos, ni se acepta la posibilidad de que en algunos casos es necesario cambiar de opinión. La democracia implica una extraña capacidad intelectual o sofisticación que en Colombia falla constantemente, pues democracia no es aplastar y anular a quien no piensa como uno, sino que democracia es convivir y reconocer en el otro a un igual merecedor de tanto respeto y consideración como aquel con quien se comparten ideas.
El episodio protagonizado por varios miembros de la oposición al Gobierno de Gustavo Petro en la semana que termina, luego de la caída de Maduro por cuenta de la operación adelantada por Estados Unidos, dejó en evidencia el talante de muchos de los integrantes de esa masa amorfa a veces guiada por sensatas reflexiones y a veces movida por pasiones tan, pero tan bajas que dejan en evidencia su ignorancia, su falta de cultura política y su urgencia de retomar la posición de poder que en las elecciones de 2022 perdieron en franca lid.
¿Qué colombiano que se considere demócrata hace un llamado a un país extranjero para que capture al presidente de la República? Esta no es una pregunta retórica, así que la contestaré sin ambages: ninguno.
Uno puede disentir en términos ideológicos con el presidente. Uno puede considerar que el suyo ha sido un mal gobierno. Uno puede lamentar todas las noches la incapacidad del primer mandatario para abrirse al diálogo o para sacar de su entorno a algunos de los funcionarios más corruptos de los últimos tiempos. Uno puede condenar su manejo folclórico de la agenda presidencial y uno puede soñar cada noche con que el mandatario comprenda que un país no se gobierna por Twitter, pero nada, absolutamente nada, puede o debe llevar a un demócrata real a desear o pedir que el presidente elegido en democracia sea capturado por un gobierno extranjero y más aún cuando sobre él no pesa ninguna orden judicial para hacerlo.
Los miembros de la oposición que salieron con sus destempladas opiniones a pedirle a Estados Unidos y a Donald Trump la captura de Gustavo Petro no son demócratas. No merecerían ser congresistas o aspirar a cargo público alguno, pues no entendieron las reglas de la democracia. No fueron capaces de entender que a veces se gana y a veces se pierde y que los que pierden deben respetar al ganador hasta que los dados vuelvan a lanzarse.
Los miembros de la oposición odian a Colombia, pues nadie que quiera realmente a nuestro país desearía algo tan dramático, grave y desestabilizador como la captura del presidente en unas condiciones tan vergonzosas como la que enfrentó Maduro, quien ese sí es un dictador. ¿Acaso creen que un acto de ese tipo no va a tener consecuencias para todos? ¿Acaso no son capaces de ponerse en los zapatos del otro y entender que cuando ellos vuelvan a ser gobierno detestarán que desde la oposición anden con semejantes empresas? Sí, Petro no ha sido buen presidente, pero con actos así la oposición desempeña un papel igual de malo, patético, pueril y lamentable. Un rol que solo hacen quienes odian a su país.
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