La Super Bowl de Bad Bunny: el ‘baile inolvidable’ de los latinos en Estados Unidos
La “gran fiesta” del puertorriqueño en el mayor escenario de EE UU, envuelta en el misterio y la expectación, promete un empoderamiento para una comunidad de 65 millones de individuos en la diana de la cruzada antimigrante de Trump


Donald Trump asegura que no sabe “quién es” Bad Bunny. “Nunca he escuchado hablar sobre él”, afirmaba hace unos meses el presidente estadounidense sobre el artista más escuchado del mundo. Al republicano le parece “pésima”, “ridícula” y “horrible” la decisión de la NFL de seleccionar a la superestrella puertorriqueña para el espectáculo de la Super Bowl de este domingo y, en medio de su berrinche, declinó asistir al mayor evento deportivo de Estados Unidos, al que sí acudió el año pasado.
En un momento en el que poco se escapa del control del hombre más poderoso del mundo, obsesionado con llevar a cabo la mayor deportación de la historia, incluso si eso significa que ciudadanos estadounidenses mueran en el fuego cruzado y que las leyes del país sean llevadas hasta su punto de quiebre, el show intermedio de Bad Bunny promete devolver la respiración, al menos por un momento, a los más de 65 millones de latinos en Estados Unidos que han vivido un año de persecución, terror y angustia.
Cuando en septiembre pasado la NFL (la liga nacional de fútbol americano) anunció su inédita selección para el espectáculo, uno de los más vistos en el mundo cada año, el Gobierno de Trump casi le declaró la guerra. “No podrán dormir por la noche porque no saben en qué creen. Y son tan débiles que lo vamos a arreglar”, declaró la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, responsable de ejecutar la agenda antimigrante del presidente. Uno de sus asesores añadió que era “vergonzoso” que la NFL hubiera elegido a “alguien que parece odiar tanto a Estados Unidos”.
Para la Casa Blanca, “odiar” al país significa mostrarse contrario a las políticas de Trump. En el caso de Benito Antonio Martínez Ocasio (Bayamón, Puerto Rico, 31 años), ha desatado la ira de la Administración republicana más de una vez por oponerse a su cruzada contra la inmigración. Sin embargo, y pese a críticas del Gobierno, la NFL ha defendido su decisión. “No estoy seguro de que hayamos seleccionado alguna vez a un artista sin que haya habido reacciones negativas o críticas”, señaló el comisionado de la liga, Roger Goodell, en octubre. En 2024, por ejemplo, el show lo llevó el rapero Kendrick Lamar, que lo convirtió en una fuerte crítica social del estado del país.
“Estamos seguros de que va a ser un gran espectáculo”, sostuvo Goodell sobre el concierto de Bad Bunny, añadiendo que “va a ser un momento emocionante y de unión”.

Serán 13 minutos que verán más de 300 millones de personas en directo en todo el mundo. Se sabe poco de lo que Martínez Ocasio tiene planeado para el primer halftime show de la Super Bowl que se espera sea completamente en español, un idioma que, bajo Trump, se ha convertido en una excusa para hostigar y encarcelar a cientos de miles de migrantes, sin importar que se encontraran en el país de forma legal o que llevaran décadas construyendo una vida y contribuyendo a la economía nacional.
Lo poco que el Conejo Malo —notorio por mantener sus planes bajo un estricto secreto y capaz de sorprender siempre con su originalidad— ha revelado es que será una “gran fiesta”. “Solo quiero que la gente se divierta. Sé que les dije que tenían cuatro meses para aprender español, pero ni siquiera necesitan aprender español; es mejor si aprenden a bailar”, aseguró en inglés el jueves en una rueda de prensa en la que no dio muchos detalles. Ante la pregunta de si tendrá invitados, como él mismo lo fue en 2020 durante el espectáculo encabezado por Shakira y Jennifer Lopez, solo dijo: “Muchos. Toda la comunidad latina de todo el mundo que me apoya y todo el país”.
El show será una extensión de su último disco, DeBÍ TiRAR MáS FOToS, lanzado en 2025, que a principios de este mes se convirtió en el primero en español en ser reconocido con el premio más prestigioso de la música, el Grammy a mejor álbum del año. La esencia del proyecto —la cultura boricua— quedó plasmada en un video promocional que el cantante compartió en enero como teaser de la Super Bowl. “El 8 de febrero, el mundo bailará”, escribió en Instagram junto a la grabación, en la que suena su canción BAILE INoLVIDABLE, una salsa que varias personas de diferentes razas y edades bailan junto a él bajo la sombra de un flamboyán rojo, un árbol simbólico de su isla natal.
“Es el proyecto más especial que he hecho nunca porque me trajo aquí, y yo no estaba buscando nada. No buscaba el álbum del año en los Grammy ni en los Grammy Latinos. No buscaba actuar en el descanso de la Super Bowl. Solo buscaba conectar con mis raíces, conectar con mi gente más que nunca, conectar conmigo mismo, con mi historia, con mi cultura”, explicó sobre DeBÍ TiRAR MáS FOToS en la conferencia del jueves. Y el hecho de que la gente haya disfrutado tanto de eso, aseguró, “confirma que siempre hay que estar orgulloso de quién eres y de dónde vienes”.

No cabe duda de que el espectáculo será también una carta de amor a Puerto Rico, como lo ha sido toda la carrera de Martínez Ocasio, pero en especial su última etapa musical. Hace 10 años, Bad Bunny, o simplemente Benito para sus compatriotas, era solo un chamaco de 21 trabajando de empacador en un supermercado mientras estudiaba en la universidad local y subía música a SoundCloud. Ahora viene de llenar 31 conciertos en Puerto Rico durante una residencia inédita, que el verano pasado generó un impacto económico estimado en 713 millones de dólares y atrajo a medio millón de fans. El último concierto se retransmitió en directo por Amazon y se convirtió en la actuación de un solo artista más vista en la plataforma hasta la fecha.
También está en medio de la gira mundial para su último álbum, que comenzó en noviembre pasado en Latinoamérica y terminará en julio en Europa. No incluye conciertos en Estados Unidos continental, por lo que el intermedio de la Super Bowl será su única parada en el país. Bad Bunny ha explicado que tomó la decisión de no dar otros conciertos en EE UU debido a la posibilidad de que el Gobierno de Trump enviara a los recintos a su policía migratoria, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE son sus temidas siglas en inglés), para atrapar migrantes. “Estaba el problema de que, joder, el ICE podría estar fuera. Y es algo de lo que hablamos y que nos preocupaba mucho”, señaló el artista en una entrevista en septiembre.
Esa misma preocupación flotará en el aire este domingo. La NFL ha asegurado que no habrá redadas en el estadio de Santa Clara, California, donde los Patriots de Nueva Inglaterra y los Seattle Seahawks se disputarán la final de la liga de fútbol americano. Pero sus afirmaciones han hecho poco por calmar los miedos de los asistentes y de quienes se reunirán a lo largo del país en fiestas para ver el show de Bad Bunny. No después de que funcionarios de la Administración Trump tan altos como la propia secretaria del Departamento de Seguridad Nacional, agencia que supervisa el ICE, asegurara hace unos meses que los agentes migratorios estarían “por todas partes” durante el partido.
“Chinga la migra”
Días antes de la final comenzaron a aparecer por el Área de la Bahía de San Francisco —que engloba la ciudad de Santa Clara, San Francisco u Oakland— carteles en contra de la policía migratoria con frases como “Fuck ICE” o “Chinga la migra”. En ellos aparece la figura del sapo concho, una especie nativa de Puerto Rico que en el último año se ha vuelto un símbolo de Bad Bunny. La imagen del anfibio se ha incluido en sus videos musicales y le ha acompañado en todos sus conciertos. En los pósteres en California, el sapo lleva colgando del cuello uno de los silbatos que vecinos y activistas de todo el país usan para dar la señal de alarma cuando ven a un agente del ICE.

La actuación del puertorriqueño sobre la tarima más importante de Estados Unidos y una de las más grandes del mundo se da en medio de una campaña contra la inmigración sin precedentes. La ofensiva lanzada por la Casa Blanca ha llevado el terror a las calles del país, con redadas masivas e indiscriminadas, detenciones de personas solo por el color de su piel o su acento y agentes que golpean e incluso disparan contra quienes se atrevan a ponerse en su camino. Los primeros 12 meses de la segunda presidencia de Trump se han saldado con 675.000 expulsiones y 2,2 millones de autodeportaciones, mientras que más de 70.000 migrantes permanecían detenidos a finales de enero.
El impacto en la comunidad latina ha sido tremendo. Un análisis de la Escuela Luskin de Asuntos Públicos de la Universidad de California Los Ángeles (UCLA) encontró en octubre que los latinos representaban nueve de cada diez detenciones realizadas por el ICE durante los primeros seis meses de 2025. En un informe de seguimiento publicado el mes pasado, se detalla que los latinos sin antecedentes penales detenidos bajo Trump suelen pasar periodos de detención más largos y son trasladados con mayor frecuencia entre centros, a la vez que tienen más probabilidades de acabar encarcelados en otros Estados, lejos de sus familias y abogados.
En respuesta a la ofensiva federal, las protestas se han multiplicado por toda la nación, particularmente desde enero, después de que agentes federales desplegados en Minneapolis, último epicentro de la cruzada del presidente, mataran a dos ciudadanos estadounidenses en dos tiroteos distintos en menos de un mes. Por el momento, en el Área de la Bahía no ha habido grandes redadas como las que se han producido en Minneapolis, Chicago y Los Ángeles. Aun así, organizaciones promigrantes de la zona han entrenado a cientos de voluntarios para que este domingo vigilen el estadio de Santa Clara y patrullen barrios de mayoría latina en caso de que lleguen agentes migratorios.
Bad Bunny ha dejado claro que, para él, la policía migratoria no es bienvenida. “Fuera ICE”, clamó la noche de los Grammy, en la que dedicó uno de sus premios “a todas las personas que han tenido que dejar su país”. “No somos salvajes, no somos animales, no somos aliens. Somos humanos. Somos americanos”, agregó el cantante puertorriqueño, también ciudadano estadounidense, puesto que su patria es un territorio de Estados Unidos.

Es un hecho que el universo trumpista no acaba de entender. Tras las críticas de Trump a la elección de Martínez Ocasio para la Super Bowl, el grupo conservador que fundó el ahora difunto activista ultra Charlie Kirk organizó un concierto paralelo al de Bad Bunny al que llamó “el espectáculo de medio tiempo todo estadounidense”, obviando la ciudadanía del boricua. El cabeza de cartel será Kid Rock, uno de los artistas más visibles del movimiento Make America Great Again. Todo apunta a que este será el show que verá Trump. “El presidente preferiría ver una actuación de Kid Rock en lugar de Bad Bunny”, aseguró la portavoz de la Casa Blanca esta semana.
Mientras, en Santa Clara, a casi 6.000 kilómetros de Puerto Rico, Benito volverá a declarar lo que ya dijo en su residencia en casa hace unos meses: “No me quiero ir de aquí”. Este domingo, ese sentir será también el de los millones de latinos que han hecho de Estados Unidos, un país creado por migrantes, su hogar.
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