El movimiento feminista llega al 8M con una mirada global “frente al clima belicista”
A pesar de que seguirá habiendo marchas distintas en múltiples ciudades, las organizaciones ponen el foco en la actual situación geopolítica sin olvidar las luchas históricas de las mujeres


El ataque de Estados Unidos a Irán, el de Israel a Gaza y el de Rusia a Ucrania; los talibanes en Afganistán y la persecución de migrantes en ciudades americanas; las activistas condenadas a cárcel o a muerte en Arabia Saudí, Pakistán o Marruecos por defender los derechos de las mujeres, el ultimátum de Donald Trump a Cuba; los cuatro millones de niñas que son mutiladas al año en el mundo, los 50 feminicidios que hay a la semana en Europa y los 11 diarios en América Latina.
Las anteriores son solo algunas de las cuestiones sobre las que este año el movimiento feminista en España ha puesto el foco para convocar a un 8M con una perspectiva global ante “el auge de la extrema derecha y el clima belicista internacional”, alegaban desde la Comisión 8M el pasado miércoles durante la rueda de prensa para la marcha de este 2026; y frente a un sistema de “opresión contra las mujeres que es estructural, mundial”, explicaban desde el Movimiento Feminista de Madrid (MFM).
Ambas organizaciones, las convocantes en la capital, han coincidido en el eje para este año ―no desatender la geopolítica como parte de la estructura que mantiene las desigualdades que copan las luchas históricas―, y no han sido las únicas. Instituciones y distintas organizaciones han hecho alusión durante los últimos días a la crisis económica, social, arancelaria y armamentística que va de punta a punta del globo.
El pasado miércoles, durante el acto institucional del Gobierno por el 8M, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, arrancó su discurso haciendo alusión a Irán: “No podemos aceptar que se invoque la libertad cuando conviene y se olvide cuando estorbe. Los derechos de las mujeres nunca deben ser coartadas para lanzar guerras que responden a otros intereses. Si de verdad creemos en la libertad de las mujeres iraníes, la respuesta no puede ser más violencia, tiene que ser más diplomacia, más apoyo a quienes luchan desde dentro, y más derecho internacional”.
“La defensa de los derechos humanos es un elemento central del derecho internacional”, añadió Sánchez. También el Ministerio de Exteriores afirmó que “este 8M, España está con los derechos de las mujeres en todo el mundo”, y sumó que “especialmente en aquellos países en los que más sufren opresión, como Irán o Afganistán”. Este 5 de marzo, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, durante un acto contra la violencia digital, habló del “compromiso firme del Gobierno por seguir avanzando en proteger a las mujeres, proteger la igualdad, proteger el feminismo y proteger la paz, porque, en definitiva, la igualdad es, por encima de todo, paz y democracia”.
Es por lo que abogan, desde hace años pero este de forma más central, los movimientos feministas. En la rueda de prensa de esta semana de la Comisión 8M, en cuyo discurso hay un fuerte componente antirracista desde hace años, entraron por videoconferencia feministas de El Salvador, Italia, Argentina y Palestina para incidir en ”la importancia de articular la resistencia global feminista frente a Gobiernos reaccionarios y la violencia que estos ejercen, dentro y fuera de sus fronteras”.
“Al feminismo ningún dolor nos es ajeno, ni los de los Territorios Palestinos Ocupados ni los de la puerta de al lado”, alegaron para dar un ejemplo de “la necesidad de combatir toda violencia, desde lo internacional a lo local”. Su lema, este año, Feministas antifascistas. Somos más. En todas partes.
En el acto de presentación de la convocatoria del MFM ―que este 2026 lleva por lema Frente a la barbarie patriarcal, feminismo internacionalista: ¡Ni veladas, ni explotadas, ni prostituidas!― intervino la periodista Khadija Amin, refugiada afgana y presidenta de la asociación Esperanza de Libertad para denunciar “el régimen de apartheid extremo que sufren las mujeres” en su país.
Y el velo, en medio de la batalla política de las últimas semanas, formó también parte de las declaraciones de esta organización que se posiciona en contra sin ambages. Afirmaron que es una “imposición a mujeres y niñas” y “una forma de maltrato que no tiene cabida en la escuela, que debe coeducar en valores de respeto e igualdad”.
Dos marchas desde 2022
A pesar de esa perspectiva común e internacionalista, y a pesar de la situación global, este año volverán a caminar por separado y por quinto año consecutivo en distintas ciudades de toda España. En 2022, en Madrid, donde se mide el pulso al movimiento, una parte, el MFM, se escindió de la convocante histórica, la Comisión 8M, y hubo por primera vez dos manifestaciones. El motivo, de forma pública, se centró en la prostitución.
Hay una parte abolicionista, el Movimiento Feminista de Madrid, y otra en la que hay tanto abolicionistas como regulacionistas, además de mujeres que no lo tienen claro, es el caso de la Comisión 8M. Este motivo, durante un par de años menos en el foco, ha vuelto a cobrar fuerza por la normativa de la que está pendiente el Gobierno: la ley contra la trata y otra legislación abolicionista de la prostitución de la que apenas se conocen algunos detalles.
También porque hace apenas unas semanas el Ministerio de Igualdad introdujo como requisito para acceder a las subvenciones que las entidades que quisieran optar a ellas incluyeran en sus estatutos la prostitución como una forma de violencia, algo que, dice la Comisión 8M en su manifiesto, es un “veto ideológico” por “la diversidad de posturas sobre este asunto, así como la falta de amparo normativo, tanto estatal como internacional, para acometer esta modificación”.
Y, aparte de la prostitución, y de fondo, sin embargo, había dos cuestiones más por las que el movimiento feminista comenzó a manifestarse por separado. Una sigue vigente, la otra no. La que continúa es la postura enfrentada de la Comisión 8M y el MFM en torno a la ley trans. Mientras que la posición de la Comisión es transinclusiva, la del Movimiento Feminista de Madrid es transexcluyente. En su manifiesto exige la derogación de la norma porque arguye que “niega que las mujeres” están “oprimidas a causa del sexo y potencial capacidad reproductiva”.
La que ya no existe fue el choque político interno que se dio entre socialistas y Unidas Podemos con la entrada de Irene Montero al Ministerio de Igualdad y que acabó llegando a las organizaciones y a la calle. A Madrid, en la división, le siguieron decenas de ciudades que este año, de nuevo, mantendrán las dobles marchas.
Reivindicaciones de décadas
La mirada global no es excluyente de las luchas históricas, recordaban desde la Comisión 8M estos días de atrás. En los manifiestos, como cada año, las organizaciones incluyen las múltiples brechas y violencias que sufren las mujeres. Especialmente los asesinatos machistas: 10 en lo que va de año, además de un niño y una niña.
En el de la Comisión 8M está el reclamo por “un aborto libre, universal, seguro y gratuito”; afirman “no olvidar a las 7.291 personas mayores muertas en las residencias de la Comunidad de Madrid”; y exigen que se protejan, y no se desmantelen, los sistemas públicos de Sanidad y Educación.
En el del Movimiento Feminista de Madrid están plasmadas las violencias económicas y reproductivas. “El 70% de las personas pobres del mundo somos nosotras. La brecha salarial, la precariedad, la explotación de mujeres migrantes, la doble jornada, la penalización por maternidad y el peso de los cuidados sostienen un sistema que nos quiere agotadas, empobrecidas y disponibles”.
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