El nuevo código penal talibán: 15 días de cárcel por partir el brazo a una mujer y cinco meses por maltratar a un camello
El Gobierno ‘de facto’ de Afganistán legaliza la violencia de género ejercida desde 2021 y las madres, hijas y esposas pasan a ser prácticamente objetos propiedad de un marido o de un “amo”, sin acceso a un juicio justo por abusos sufridos


Un afgano puede pasar 15 días en la cárcel por romper el brazo a su esposa y cinco meses si maltrata a un camello. Esta es la ley que deben aplicar los jueces en Afganistán desde principios de año, en virtud de un nuevo código penal aprobado discretamente, sin debate político ni anuncios públicos, y que apenas ha generado reacciones internacionales. En 119 artículos, la violencia contra las mujeres se legaliza y se considera una herramienta de disciplina social y de prevención del pecado o del “vicio”. Las madres, hijas y esposas pasan a ser prácticamente objetos propiedad de un marido o de un “amo”, palabra usada literalmente en el texto, así como “esclavo”, términos que ponen los pelos de punta a las organizaciones de defensa de los derechos humanos, que piden que este marco legal sea revocado.
Los expertos entrevistados por este periódico coinciden en que el nuevo código es la “dolorosa confirmación” de lo que es la vida diaria de las mujeres afganas desde que los talibanes regresaron al poder, en agosto de 2021. “Codifica un sistema ideológico en el que el castigo, la vigilancia y la coacción son instrumentos fundamentales de gobernanza”, resume el Instituto Georgetown para las Mujeres, la Paz y la Seguridad.
“Los talibanes siempre han encarado el trato con las mujeres como un sistema de apartheid. Y este nuevo código da a los hombres el poder de ser violentos contra ellas y torturarlas de forma legal”, estima a este periódico Fawzia Koofi, exparlamentaria afgana y dirigente de Women for Afganistan.
Por ejemplo, el artículo 32 da una idea de la indefensión reinante, ya que establece que solo si el marido golpea a la esposa con un bastón y le provoca una lesión grave como “una herida o un hematoma corporal”, y la mujer puede demostrar esto ante un juez, el hombre será condenado a 15 días de prisión. Otros tipos de violencia física, psicológica y violencia sexual contra las mujeres no se nombran.
“En un lugar sin un verdadero sistema judicial, sin abogados defensores ni instituciones que protegen a las mujeres, ¿cómo se puede creer que una mujer irá a los tribunales sabiendo que 15 días después su esposo quedará libre de nuevo y podrá matarla por haberlo denunciado?“, se pregunta Koofi.
En otro artículo, se establece que si un hombre maltrata a un animal o provoca peleas entre camellos, ovejas, aves o perros será castigado con cinco meses de cárcel. “Está bien que la crueldad contra los animales se penalice, pero ahora queda claro que la integridad física de un pájaro vale más que la de una mujer”, lamenta Koofi.
¿Cómo se puede creer que una mujer irá a los tribunales sabiendo que 15 días después su esposo quedará libre de nuevo y podría matarla por haberlo denunciado?Fawzia Koofi, exparlamentaria afgana
Amos y esclavas
Desde 2021, los talibanes han publicado más de 130 edictos que reducen peligrosamente los derechos y la presencia social de las mujeres. Han cerrado las puertas de la educación a las afganas de más de 12 años, algo que no ocurre en otro lugar del mundo, y las han dejado fuera de la mayoría de los puestos de trabajo. El 80% de las mujeres están hoy excluidas del mundo laboral y de la educación, según un reciente informe de ONU Mujeres. Por todo ello, la ONU considera que los fundamentalistas han instaurado un apartheid de género en el que las afganas se ven perseguidas, no pueden moverse libremente, vestirse como desean, hablar en público o disfrutar del más mínimo ocio.
Y ahora todo eso es ley. Por ejemplo, en un artículo se establece que si una mujer va repetidamente a casa de su padre sin el permiso de su marido y no regresa aunque este se lo pida, puede ser condenada a tres meses de prisión. “Esta disposición las expone a la violencia doméstica continua y les priva de la protección familiar y comunitaria, la única que queda para las mujeres víctimas cuando faltan las herramientas formales y legales”, considera la organización afgana de derechos humanos, Rawadari, que dio la voz de alerta desde enero, al obtener el borrador final del marco legal.
“Este nuevo código penal talibán pisotea la ley afgana y otorga a los hombres autoridad supervisora y disciplinaria. Las mujeres son tratadas casi como esclavas, sin control sobre sus propias vidas y cuerpos”, dice a este periódico Zahra Joya, periodista afgana y fundadora de Rukhshana, medio de comunicación centrado en los derechos de las mujeres de su país.
El código penal traza, además, una sociedad dividida en cuatro estratos: eruditos, élites, clase media y clase baja. Ante un mismo delito, el castigo cambia dependiendo del estatus del agresor, algo que entierra derechos tan básicos como la igualdad ante la ley.
Nigara Mirdad, exdiplomática afgana, subraya que esto es incompatible con tratados internacionales que el país ha suscrito, por ejemplo, la Declaración de los derechos humanos en el Islam, aprobada en El Cairo en 1990 por los países de la Organización para la Cooperación Islámica (OCI), que toma la sharía o ley islámica como base y reafirma la dignidad y la protección de todos los seres humanos.
Las mujeres son tratadas casi como esclavas, sin control sobre sus propias vidas y cuerposZahra Joya, periodista afgana
“El nuevo código penal formaliza la discriminación contra las minorías y la supresión de las libertades básicas de los individuos y aumenta seriamente el riesgo de intensificar e institucionalizar la violencia contra las mujeres”, resume Rawadari, que ha hecho un llamamiento a la comunidad internacional, la ONU y otros organismos internacionales para que utilicen todos los instrumentos legales a su alcance para impedir la aplicación de este código penal.
En general, el nuevo marco legal expone a las personas, especialmente a las mujeres y a los niños, a la violencia arbitraria de familiares, vecinos e incluso desconocidos y convierte el abuso en una obligación religiosa y legal y no en un delito. “Cualquier musulmán que sea testigo de lo que se considera un ‘pecado’ está autorizado a imponer un castigo corrector en el acto para ‘prevenir el vicio’”, dice el texto, que subraya claramente que los maridos y los “amos” están explícitamente facultados para castigar a sus esposas.
En el caso de los niños, se penalizan ciertas formas de violencia física por parte de los profesores, específicamente cuando se aprecian “fractura ósea”, “piel desgarrada” o “hematomas corporales”, pero no se prohíben explícitamente otros maltratos físicos, psicológicos y sexuales.
Silencio internacional
El nuevo marco legal se aprobó dos días antes de la visita a Kabul de Rosemary DiCarlo, Secretaria General Adjunta de la ONU y jefa del Departamento de Asuntos Políticos y de Consolidación de la Paz, que se reunió con las autoridades talibanas de facto y no mencionó la aprobación de este nuevo código.
“No sé a qué está esperando el mundo”, lamenta Koofi. “Las mujeres y niñas con las que hablo todos los días están frustradas y enfadadas, no por las acciones de los talibanes, porque sabemos quiénes son, sino porque nuestros aliados las ignoran por completo y tratan de salvar su carrera en lugar de salvarlas a ellas”, agrega.
Las expone a la violencia doméstica continua y les priva de la protección familiar y comunitaria, la única que queda para las mujeres víctimas cuando faltan las herramientas formales y legalesONG afgana Rawadari
La responsable subraya que si un niño afgano crece viendo que tiene todo el poder para ejercer violencia, a largo plazo esta situación puede convertirse “en un gran desafío para la seguridad mundial”. “La comunidad internacional olvida la conexión entre la grave violación de los derechos de las mujeres, que debe considerarse un crimen contra la humanidad, y la seguridad y la protección del mundo”, apuntó.
El relator especial para los derechos humanos en Afganistán, Richard Bennett ha sido la única autoridad de la ONU que ha reaccionado hasta el momento y ha reconocido que las consecuencias de este nuevo código penal son “extremadamente preocupantes”. El responsable tiene previsto presentar un nuevo informe sobre los derechos de las mujeres afganas el jueves en Ginebra.
Para los expertos, esta norma pone sobre la mesa además otras cuestiones de fondo, como la presencia de la ONU en Afganistán cuando el Gobierno de facto está cruzando todas las líneas rojas más elementales. “Pero si la ONU se va no habría ayuda humanitaria para centenares de miles de personas en un país con un 40% de la población viviendo en pobreza extrema. Es un dilema difícil”, asegura a este periódico una jurista especializada en Afganistán, que prefiere no dar su nombre.
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