Ir al contenido
_
_
_
_

Libro negro de Gaza: un viaje en directo a la vida y la muerte de los jóvenes palestinos

Los relatos de estudiantes, músicos, periodistas y médicos trasladan al lector a una realidad cruda y desnuda donde la vida intenta salir a flote

Un joven palestino empuja un carrito cargado con bidones de agua junto a un edificio destruido en el barrio de Al Zeitun, en Ciudad de Gaza, el pasado 16 de febrero.NurPhoto (NurPhoto via Getty Images)

“Se habla mucho de Gaza, pero rara vez se la escucha. El mundo ve cifras, destrucción y titulares, pero no a los jóvenes que padecen todo esto. Nuestras voces importan”. Nour Ahmed Abed responde a las preguntas de este periódico desde un café con conexión a internet en Deir el Balah, en el centro de la Franja, donde nació hace 28 años. Su voz es una de las que componen El libro negro de Gaza (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo), publicado en febrero, en el que 17 jóvenes desmenuzan su forma de ver la vida en este pequeño territorio devastado por más de dos años de bombardeos israelíes que han dejado más de 70.000 muertos palestinos.

Cómo se huye de un hogar en cinco minutos porque lo van a bombardear, por qué seguir estudiando cuando no hay futuro a la vista, de qué sirve enamorarse en Gaza, qué se come cuando no hay absolutamente nada, quién explica a las niñas huérfanas qué es la regla, por qué la música es un refugio entre las ruinas, cómo suenan los drones israelíes sobre la tienda de campaña noche tras noche, por dónde se empieza a reconstruir, física y anímicamente una vida. Todo contado en primera persona.

“No somos simplemente víctimas. Somos pensadores, soñadores, escritores, amantes, estudiantes... Nuestras historias no solo hablan de muerte sino de una vida que insiste en salir adelante”, dice Ahmed.

Sus textos y respuestas en esta entrevista denotan un fuerte compromiso humanitario y una especial preocupación por el futuro de las niñas de Gaza. “Me niego a reducir mi existencia a la mera supervivencia. Ser humano es buscar un sentido, ayudar, conservar tu identidad... Recuerdo que hace unos meses fui a un punto de internet a descargar la película favorita de mis sobrinas. La vimos escuchando las bombas israelíes y subí el volumen para alejarlas de la realidad”, recuerda en la entrevista.

Gonzalo Delgado, periodista y editor de los textos de este libro, comenzó a contactar a jóvenes gazatíes buscando relatos cortos, escritos casi en tiempo real, con el fin de “proteger la memoria” y trasladar al lector a ese lugar y momento concretos, como ya ocurrió con crónicas escritas por ejemplo desde Sarajevo en los años noventa. “Los primeros autores trajeron a otros jóvenes estudiantes, profesores, médicos o músicos y el libro fue tomando forma”, cuenta a este periódico.

“Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza”, agrega Delgado.

Son relatos que emergen de las ruinas, como la gente. Y nos traen la realidad al desnudo. La fuerza del libro es que es un diario real desde Gaza
Gonzalo Delgado, editor

“Un deber nacional”

Además de desgranar sus propias vivencias, estos jóvenes autores se convierten en narradores de las vidas de sus vecinos, amigos o de desconocidos: “En cuestión de segundos, el edificio de cinco plantas desapareció. Vi cómo Huda se precipitaba por un profundo agujero bajo mis pies. La agarré de la camiseta, tratando de rescatarla, pero se me escurrió entra las manos”, contó Hala, una chica de 18 a la periodista Assem al Jerjawi, recordando la muerte de su hermana.

“Malak se estremece cada vez que se cierra de golpe la puerta de un armario. Ha dejado de correr. Ya no pinta soles ni casas”, narra Ibrahim Yaghi, estudiante de Literatura inglesa en la Universidad islámica de Gaza, en un texto consagrado a la salud mental infantil.

Para Nasser Rabah, veterano poeta gazatí que sigue escribiendo desde la Franja, la escritura “ha pasado de ser un acto personal a ser un deber nacional” y estos textos, según escribe en el prólogo del libro, “defienden una humanidad negada y una dignidad pisoteada".

“La vida en Gaza es una realidad agotadora e implacable, a la que no he tenido más remedio que adaptarme en contra de mi voluntad”, detalla en uno de los textos Ahmed Sbaih, de 22 años, desde Ciudad de Gaza. “Escribo estas palabras sin haber probado bocado en tres días. En mi boca no entra otra cosa que agua amarga. El hambre se ha convertido en un ser que vive en mí, me devora lentamente, sin piedad”, escribe Ghaydaa al Abadsa, de 24 años, desde Jan Yunis.

En agosto de 2025, la ONU declaró la hambruna en Ciudad de Gaza y concluyó que toda la población de la Franja, más de dos millones de personas, estaba pasando hambre.

“Creo que el resultado es tan gráfico que te da la sensación de haber estado ahí y de ser un testigo invisible en el momento en que tienen que desplazarse, tienen el estómago vacío, miran al mar o hablan con los niños”, agrega Delgado.

La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos
Nour Ahmed, abogada gazatí

Poner fin a la deshumanización

Los jóvenes también escriben para lamentar el silencio del mundo y criticar el doble rasero que, según ellos, se usa para medir el sufrimiento de israelíes y palestinos: “Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí”, dice Yaghi, lamentando, con un tono visiblemente hastiado, que cuando “representantes israelíes lanzan informaciones imposibles de verificar, el mundo las reproduce sin cuestionarlas”.

Nour Ahmed también se detiene en las complicaciones añadidas a las que se enfrentan las mujeres de la Franja. “Recuerdo que había que hacer cola y pagar para usar un baño. Durante un mes solo me bañé una vez y sin jabón. Me corté el pelo para gastar menos agua y aún conservo ese mechón. Me duele el corazón al contarte esto”, cuenta. En sus textos habla sin tabú de una niña que ha perdido a su madre y piensa que se va a morir cuando tiene su primera menstruación porque nadie le ha explicado nada. “La muerte y el desplazamiento hace que haya niñas que se enfrenten a estos cambios solas, sin referentes y sin material higiénico. Romper este silencio es un acto de protección”, explica.

También se subraya la importancia de la educación, “una forma de supervivencia”, de “orden en medio del caos”, de “proteger a los niños recordándoles que su futuro es más amplio que esta guerra”. “Sin educación, corremos el riesgo de crear una generación moldeada solo por el trauma y la ausencia de ética y valores”, dice Ahmed.

Dicen que Gaza está gobernada por Hamás. Como si eso bastara para condenar a todo niño que nace allí
Ibrahim Yaghi, estudiante de Gaza

Amira Hass, periodista y escritora israelí que ha vivido durante años en los territorios palestinos, escribe el epílogo de El libro negro de Gaza y asegura que los textos son “un testimonio de resiliencia e inventiva bajo las condiciones más terroríficas que puedan imaginarse”.

“Cada relato nos muestra personas concretas, no generalizaciones o imágenes borrosas. Además, cada texto cuestiona otro cliché: el de la ‘deshumanización de los palestinos”.

La entrevista con Ahmed termina hablando del futuro y la reconstrucción. ¿Es posible? “Tengo que pensar antes de responder. ¿Puede volver la Gaza que conozco y que me conoce a mí? La reconstrucción no solo significa levantar edificios sino sanar traumas, restaurar la dignidad y la confianza en el futuro. Si reparamos los muros sin reparar las almas, seguiremos rotos. La reconstrucción debe incluir la salud mental, la educación, el empoderamiento de las mujeres y la justicia", concluye esta abogada.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_

Últimas noticias

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_