La generación perdida bajo las bombas en Gaza: “Ojalá quienes vienen detrás de mí tengan la suerte de estudiar y soñar sin miedo”
Un estudio de la Universidad de Cambridge concluye que los alumnos palestinos han perdido cinco años lectivos debido a la covid-19 y la guerra y que se necesita una ayuda internacional urgente y contundente para reconstruir las estructuras educativas


La señal wifi se cortó de repente, cuando Leilian Hussein Hammad, de 19 años, estaba en medio de un examen de la universidad, en un café del centro de Gaza. “Intenté mantener la calma, pero solo pude retomar la prueba dos horas después. Afortunadamente, aún estaba dentro del plazo que nos dieron”, explica a este periódico en una entrevista realizada por WhatsApp. “Me estresan mucho más los problemas de conexión a internet o el miedo a que pueda haber un bombardeo cerca, pese al alto el fuego en vigor, que las preguntas del examen”. Esta joven, que cursa primer año de Derecho, tenía que haber empezado la universidad en octubre de 2023, pero ha pasado dos años sin ir a clase, tiempo en el que se ha visto obligada a desplazarse unas 10 veces con su familia, oriunda del norte de la Franja. “Ahora tengo mucho retraso y eso me frustra mucho”, dice desde la localidad de Deir el Balah, donde sus padres han logrado alquilar un pequeño apartamento “sin puertas ni ventanas en el que es muy complicado encontrar un lugar para concentrarse y estudiar”.
De Hammad y de muchos otros estudiantes en una situación similar habla una investigación internacional dirigida por la Universidad de Cambridge y publicada esta semana, en la que se alerta del grave riesgo de que surja una “generación perdida” en Gaza tras dos años de bombardeos que han pulverizado escuelas y universidades, han provocado cientos de muertos entre estudiantes y docentes y han causado un impacto psicológico en la juventud aún difícil de calibrar.
Me estresan mucho más los problemas de conexión a internet o el miedo a que pueda haber un bombardeo cerca, pese al alto el fuego en vigor, que las preguntas del examenLeilian Hussein Hammad, estudiante palestina
“No hay día en que no me sienta dividida. Una parte de mí mira a mi alrededor y tiene ganas de dejarlo todo; otra parte me dice que soy capaz y tengo que seguir estudiando en medio de estas dificultades, aunque nada indica que esto vaya a mejorar en un futuro cercano”, dice la chica. “Ojalá quienes vienen detrás de mí tengan la suerte de estudiar y soñar sin miedo”.
Según la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) de la ONU, al menos 18.069 escolares y 780 docentes de la Franja han perdido la vida y más de 26.391 estudiantes y 3.211 profesores resultaron heridos desde octubre de 2023. “Los palestinos han mostrado un deseo extraordinario de no renunciar a la educación, pero el desaliento de los jóvenes debería ser una gran señal de alerta para la comunidad internacional. Debemos hacer más para apoyarlos. No podemos esperar”, alerta Pauline Rose, coautora del informe y directora del Centro REAL de la Universidad de Cambridge, centrado en el acceso a la educación. En total, Israel ha matado en dos años al menos a 71.000 gazatíes después de que el movimiento islamista palestino Hamás perpetrara unos cruentos ataques en su territorio, en los que murieron unas 1.250 personas.
Al borde del colapso total
Según la ONU, más del 91% de las escuelas de Gaza (518 de un total de 564) necesitarán ser reconstruidas para poder usarse de nuevo y solo un 38% de los estudiantes de primaria y secundaria de la Franja ha podido acceder a algún tipo de aprendizaje en los últimos dos años, en los que, según los autores de este estudio, se ha estado a punto de “borrar el derecho de los niños a la educación y, con ello, su propia identidad”. “Los estudiantes sienten que los han matado solo por ser gazatíes”, dijo un miembro de una organización internacional al equipo de investigación.
La investigación, realizada por expertos del Centro REAL y del Centro de Estudios Libaneses, en colaboración con la UNRWA [agencia para los refugiados palestinos], se basa en datos de la ONU y ONG y entrevistas con personal humanitario, funcionarios gubernamentales, profesores y estudiantes. “Hace un año dijimos que la educación estaba siendo atacada; ahora la vida de los niños de Gaza está al borde de un colapso total”, insistió Rose. Por ello, los expertos hacen hincapié en que, sin una ayuda internacional urgente, de un mínimo de unos 1.200 millones de euros, no se podrá afrontar una mínima reconstrucción física de las estructuras educativas, ni hacer frente a los daños psicológicos del conflicto en los pequeños de Palestina. Este monto también incluye las necesidades de Cisjordania y Jerusalén-Este, donde ha habido escuelas cerradas de manera temporal o permanente y, según el estudio, más de 800 estudiantes y 28 profesores han muerto o han resultado heridos a manos de colonos y soldados israelíes.
La pérdida de fe y esperanza que los jóvenes están expresando debería ser una enorme señal de alerta para la comunidad internacional. Debemos hacer más para apoyarlos. No podemos esperarPauline Rose, Universidad de Cambridge
La investigación calcula que los niños en Gaza habrán perdido el equivalente a cinco años lectivos debido a los repetidos cierres escolares desde 2020, primero por la pandemia y luego por la guerra. Pero si las escuelas permanecen cerradas hasta septiembre de 2027, muchos adolescentes “estarán una década entera por detrás del nivel educativo que les corresponde”.
Para impedirlo, la UNRWA y el Ministerio de Educación palestino han fomentado las clases a distancia y han habilitado 422 espacios de aprendizaje provisionales en toda la Franja, con capacidad de acoger a más de 232.500 alumnos, atendidos por 5.540 profesores. Pero según la investigación de la Universidad de Cambridge, la violencia, el hambre y el trauma han sido más fuertes y “han erosionado la esperanza de los jóvenes palestinos en el futuro y en el sistema internacional”.
“Soy una de esas personas de las que habla el estudio”, dice Abdul Rahman Wael Ahmed. Este joven de 18 años ha pasado dos años estudiando a distancia, intentando conectarse desde tiendas de campaña o apartamentos prestados con profesores que daban clase desde Cisjordania. Un tesón que se repite en numerosos testimonios de estudiantes de Gaza, donde antes de 2023 no había prácticamente analfabetismo.
“Tenía amigos que me preguntaban ‘¿para qué estudias? no sirve de nada, si nos van a matar...“, recuerda Ahmed, en una entrevista por WhatsApp con este periódico. Desde Nuseirat, en el centro de Gaza, revive varios momentos traumáticos vividos desde 2023: personas tiroteadas a pocos metros en un retén, el edificio vecino bombardeado, aviones disparando en zonas abarrotadas de civiles... “He visto cosas que nunca imaginé y tengo miedo constantemente”, dice, explicando que solo habla de estos recuerdos y temores con su padre.
Desde que entró en vigor el alto el fuego a mediados de octubre, Ahmed va a una escuela privada, con profesores, internet y exámenes. Una mínima normalidad que le reconforta. “Voy con retraso para mi edad, pero no quiero perder de vista mi sueño, que es salir de aquí y estudiar medicina”, dice.
Miedo a ir a clase
Las decisiones en Gaza han sido muy difíciles, desesperadas a menudo, en los últimos meses. Los padres y madres no querían poner a sus hijos en peligro por llevarlos a una tienda de campaña o escuela en ruinas a estudiar y tampoco deseaban que se cansaran y tuvieran más hambre porque no había prácticamente qué comer.
Según el último informe sobre la inseguridad alimentaria en Gaza, publicado en diciembre, hay 100.000 niños y niñas menores de cinco años que sufren desnutrición y necesitan tratamiento, de los que 31.000 son casos severos. Al menos un centenar de pequeños y pequeñas murieron por complicaciones derivadas de la falta de alimentos, según cifras de la ONU de agosto de 2025, el momento más álgido del hambre. Entre los adolescentes, la falta de alimentos también hizo estragos y limitó el aprendizaje.
“A veces me sentía sin fuerzas y sin capacidad de concentrarme por no haber comido”, recuerda Ahmed. “Ahora me veo algo más fuerte, pero me da terror que la guerra vuelva y todo se paralice de nuevo”.
No se sienten seguros en ningún lugar. A veces escuchan disparos cuando están en clase y me cuesta mucho convencerlos de que vuelvan al día siguienteRana Ahmed Abu Waked, madre gazatí
Rana Ahmed Abu Waked tiene cinco hijos de entre siete y 15 años. Los cuatro mayores acuden cuatro horas al día a un colegio bombardeado de Ciudad de Gaza en el que se instalaron algunas tiendas de campaña. Tienen que sentarse en el suelo y, como hace mucho frío, su madre les da trozos de tela para que hagan las veces de cojín. Aun así, regresan congelados.
“Tienen miedo de ir porque siguen temiendo a las bombas. Me dicen que les da terror no volver o que me pase algo a mí y no verme más. No se sienten seguros en ningún lugar. A veces escuchan disparos cuando están en clase y me cuesta mucho convencerlos de que vuelvan al día siguiente”, explica a este periódico.

Pero hoy es un buen día porque Naya, de 11 años, acaba de volver a casa con el primer examen que realiza desde octubre de 2023 y ha sacado muy buena nota. “La niña está feliz”, explica su madre, enviando por WhatsApp una imagen del control, realizado en una hoja arrancada de un cuaderno. Abu Waked explica que ahora pueden encontrarse algunos cuadernos y bolígrafos en los mercados e intentará comprarles algunos y que los compartan.
Pero su hijo de siete años, el más pequeño, no puede acudir a estas clases porque sus documentos de identidad se quemaron en un bombardeo y no han podido renovarlos. “A su edad aún no sabe escribir. Estoy intentando enseñarle yo”, se despide esta madre.
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