Los interrogatorios de Tejero tras el 23-F: “Para esto no había que dar semejante campanazo”
El teniente coronel fallecido este miércoles, que firmó el pasado marzo un manifiesto de apoyo a Franco, se sintió traicionado por Armada

El teniente coronel Antonio Tejero tenía 48 años cuando irrumpió el 23 de febrero de 1981 en el Congreso al grito de “¡Quieto todo el mundo!“. El intento de golpe de Estado le valió una condena de 30 años de cárcel por rebelión militar. Ya había sido encarcelado previamente, durante siete meses, hasta mayo de 1980, por conspiración para la rebelión por su participación en otro plan de golpe de Estado en 1978 con la Operación Galaxia, y nunca abandonó sus ideas radicales. El pasado marzo, firmó un manifiesto de apoyo a Franco junto al presidente de Manos Limpias, Miguel Bernad; el juez José Yusti —que trató de impedir el traslado de los restos del dictador del Valle de Cuelgamuros— y otros militares retirados. En 2021, en el 40 aniversario del golpe fallido, EL PAÍS accedió a los 13.000 folios del sumario de la causa abierta por el Consejo Supremo de Justicia Militar, donde figuran todos los interrogatorios a los implicados, entre ellos, Tejero, fallecido este miércoles a los 93 años, el mismo día en que el Gobierno ha publicado los documentos desclasificados del golpe fallido. Estos son algunos extractos del sumario:
La preparación: “Hice innumerables fotografías de todas las esquinas del Parlamento”
Tejero asegura en los interrogatorios que desde que había salido de la cárcel por la Operación Galaxia, había procurado “mantener contacto con militares con una preocupación parecida”, como el teniente general Jaime Milans del Bosch quien, a su vez, mantenía, según él, conversaciones similares con el general Alfonso Armada. “Y por ellas”, insiste una y otra vez en los interrogatorios, “suponía que era con conocimiento de su Majestad”. Armada llevaba desde 1955 junto a don Juan Carlos, del que había sido preceptor, y culpaba a Adolfo Suárez de su relevo como secretario del Monarca.
Tejero aseguró que apenas unos días antes del golpe se había reunido con Armada en un piso de Madrid. “Sale vestido de gris, creo, elegante. Me pregunta si toda la operación está a punto. Yo le digo que sí, que está dispuesto para tomar el Congreso el lunes sobre las 18.15 o 18.30. Me responde que a las 18.10, que en estas operaciones cuentan hasta los segundos. Me dice que el Rey estaba plenamente convencido de la necesidad de esta acción, pero que no obstante, como es algo voluble, su puesto de mando, el del general Armada, estaría a partir de la hora de la toma del Congreso en La Zarzuela, junto al Rey [no fue así y cuando pidió ir, se le negó el permiso]. Me abrazó deseándome suerte y me recalcó varias veces que esto era en defensa de la democracia”.
El teniente coronel detenido relata ante la justicia militar que es Milans del Bosch quien le dice que hace falta “un detonante” para cambiar la situación de España. Dice que barajan ocupar La Moncloa o el Congreso y que se deciden por esto último porque resulta “menos complicado”. “Hice innumerables fotografías de todas las esquinas del Parlamento, conseguí información de todas las medidas de seguridad y protección, y una vez finalizado el proyecto se lo comenté al teniente general Milans, que me citó el día 18 de enero [de 1981]”. Tejero había comprado en diciembre seis autobuses de 50 plazas cada uno, así como gabardinas en el Rastro para cubrir a 288 guardias civiles sin llamar la atención. Aseguró que la adquisición, “por unos tres millones de pesetas”, se financió con el dinero en metálico procedente de la herencia de una tía de su mujer, y que “por si no alcanzaba”, él había solicitado cuatro pagas por adelantado “con la confianza” de que se le iba a devolver el dinero una vez triunfara el golpe. Al abogado al que encarga las gestiones, para las cuales dice que falsifica la firma de su esposa, le aseguró que los autobuses eran para una familia vasca que quería invertir “para librarse del impuesto revolucionario”. El abogado le advirtió, según su relato, que los autocares eran “de tercera mano”, pero que “andar, andan”.

“Los guardias civiles, por respeto a Gutiérrez Mellado, retrocedían, e intenté una zancadilla”
A las 18.24 del 23-F, Tejero irrumpe en el Congreso. “Como había revuelo entre los diputados”, afirma en los interrogatorios, “disparé al aire un tiro, acompañado, como había ordenado, por una ráfaga al techo de los dos guardias encargados de ejecutarla. Mandé alto el fuego y entonces fue cuando dije: ‘Estoy a las órdenes del Rey y del general Milans del Bosch’. Ante la actitud del teniente general Gutiérrez Mellado, al enfrentarse con gran nerviosismo y observar que los guardias civiles, por respeto a su autoridad, retrocedían”, prosigue, “bajé del estrado y agarrando al teniente general, intenté, mediante una zancadilla, tirarle al suelo, para evitar que la fuerza que me secundaba perdiera la moral”.
Conversaciones desde el interior del Congreso. Tejero, a su mujer: “¿Qué le pasa a mi niña?"
El sumario del 23-F incluye también conversaciones mantenidas desde el interior del Congreso con el exterior el día del asalto. Tejero habla con el ultraderechista Juan García Carrés, que sería, finalmente, el único civil condenado por el golpe de Estado fallido:
Tejero. No cuelgo, estoy pasando un rato cabrón.
García Carrés. Villaviciosa y Pavía va a salir. Aguanta.
T. ¿Pero cómo que aguante? ¿Tú te crees que aquí no aguantamos? ¡Leche! ¿Cómo vamos a salir con lo mal que se está fuera ahora de noche con el frío que hace? Pues claro que aguantamos hasta que vengan los regimientos.
G. C. La victoria es para España, ánimo, ánimo y ánimo. Los hombres de honor sabrán corresponder todo esto.
T. Juanillo, no me hagas propaganda, coño.
En su conversación con García Carrés, Tejero acusa a Armada de querer únicamente “una poltrona” y expresa su inquietud por lo que ocurre fuera del Congreso. “¿Sabes lo que ha dicho el secretario de Estado norteamericano? Que él no se mete contra España, que eso son asuntos internos de España”, le dice Carrés. “Ah, me parece muy bien Norteamérica. ¡Sí señor! Que no se meta que esto lo arreglamos entre nosotros”, le contesta Tejero. García Carrés informa a Tejero de que su mujer está muy preocupada y se la pone al teléfono. “¿Qué le pasa a mi niña?”, pregunta el teniente coronel. “No, hombre no, no va a haber sangre, hija mía. No te preocupes. ¿Qué te quiero muy poco?” Y se ríe.
El sumario recoge la transcripción de otra conversación entre García Carrés y una persona no identificada. El ultraderechista comenta que acaba de hablar con Tejero. En un momento de la conversación afirma: “Este se mantiene allí a vida o muerte. Te lo digo yo. A palmar, vamos”.
La discusión con Armada: “Para esto no había que dar semejante campanazo”
Antes del asalto, relata Tejero, había explicado a Milans, quien se describe como “monárquico visceral”, que él no lo es y que a él, sobre todo, le preocupaba “la blandura contra el terrorismo”. Ante el instructor asegura que le prometieron “congelar el marxismo” y por eso, dice, cuando Armada entró en el Congreso tras pronunciar la contraseña “duque de Ahumada” y le propuso su plan, se sintió “traicionado”.

Armada y Tejero discutieron “hora y media” en el Congreso. El primero pidió a Tejero, según la declaración de este, que le dejara hablar con los diputados para explicarles su plan de Gobierno. Pero el teniente coronel le preguntó si iba a ser un Gobierno de militares, si iba a “ilegalizar el marxismo”, a modificar la Constitución en lo referido a las comunidades autónomas, y qué medidas pensaba tomar contra el terrorismo. Armada le contesta, según su relato, que el Partido Comunista seguiría siendo legal, que intentaría traerse a Milans como jefe del Estado Mayor del Ejército más adelante y que las medidas contra el terrorismo “ya se verían”. Tejero le niega el acceso al hemiciclo después de escuchar los nombres del Gobierno que pretende conformar Armada, y en el que figuran, según su relato, Felipe González, Enrique Múgica y Jordi Solé Tura. Dice que para eso no hacía falta dar “semejante campanazo”.
La rendición: un avión para Tejero
En una declaración recogida en el sumario y que lleva impreso un sello de “secreto”, un general asegura que Armada les dijo: ‘Ya sabéis que no soy amigo de blandenguerías, pero en este caso creo que debería ofrecerse un avión a Tejero para evitar mayores males a los diputados”. Tejero rechazó la oferta. Según Armada, que fue detenido el 25 de enero a las 15.00, dijo que en los aviones se mareaba.
A las 10.40 del 24 de febrero, Tejero había telefoneado al segundo jefe de Estado Mayor de la III Región para comunicarle que estaba dispuesto a entregarse y que quería ver a Armada. En el sumario del 23-F se incluye el papel donde anotan las condiciones: “No responsabilidades de teniente para abajo. Ningún fotógrafo. Los oficiales que se sancionen irán a prisiones militares”.
Durante los interrogatorios, Tejero explicó que reclutó a guardias civiles de tráfico y talleres porque eran “los más fáciles de localizar”. Fueron formados en el parque automovilístico de la calle Príncipe de Vergara y trasladados al Congreso en autobuses de tercera mano. La justicia militar interrogó a cada uno de ellos. La mayoría eran muy jóvenes. “Estuvimos por los pasillos y por el bar, sin poder salir al exterior, hasta que todo se arregló”, explica uno de ellos. La factura del bar sumó 258.421 pesetas (7.500 euros actuales) de las que 106.672 correspondían a bebidas, entre ellas, cuatro botellas de Moët & Chandon. El intendente del Congreso valoró en 19.174 pesetas de la época las reparaciones en las sillas isabelinas del Escritorio, que fueron desfondadas por Tejero para hacer una fogata o pira con su estopa si se apagaban las luces del hemiciclo.

El Supremo elevó la pena de seis años impuesta a Armada por el Consejo Supremo de Justicia Militar hasta los 30 años, acusándolo de un “doble juego” y de ser “el principal beneficiario” de la rebelión. Milans salió de la cárcel en 1990; Tejero, en 1996; Armada fue indultado y quedó en libertad en 1988. El Supremo alegó, entre otros, motivos de salud. El Rey firmó la propuesta de la medida de gracia el día antes de Nochebuena. Armada falleció en diciembre de 2013, a los 93 años.
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