Por qué tantos hombres se graban bailando ‘Superestrella’, de Aitana: de la euforia masculina a la trampa del placer culpable
Miles de usuarios de TikTok e Instagram se graban mientras bailan la canción y fingen cantarla como si hicieran playback.


Superestrella, el tema más exitoso del último disco de Aitana (Cuarto azul, publicado en mayo de 2025), no tiene videoclip. En lugar de eso, miles de usuarios de TikTok e Instagram se graban mientras bailan la canción y fingen cantarla como si hicieran playback (es lo que se conoce como lyp-sinc). Además, Aitana comparte algunos de estos videos en sus cuentas personales ayudando a que el tema se haga más viral y animando a que otros fans graben sus propias versiones con la esperanza de que la artista también repare en ellos. Como siempre en estos casos, ha habido de todo: abuelas que interpretan la canción, la propia Aitana haciendo su versión —es un giro más: la estrella se coloca en el lugar del seguidor— y muchas pandillas de adolescentes practicando la coreografía frente a las cámaras de sus teléfonos. Hasta aquí, todo lo que suele ocurrir con los éxitos recientes, para los que este tipo de viralidad es tan importante como la posición en las listas de ventas o las radiofórmulas.
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♬ sonido original - Izvin_SJD
Pero durante los últimos meses ha ocurrido algo sorprendente. “Superestrella hombres” es un trend específico en TikTok y se ha convertido en el más seguido. Siempre es complicado describir un meme, pero lo que aparece es lo siguiente: pandillas de chicos de aspecto normativo que, a la primera señal de que suena Superestrella, gritan eufóricos, militares de uniforme que dan botes en la pista de baile mientras la corean, hombres bailándola mientras conducen o grupos de amigos que están escuchando rap hasta que las mujeres se marchan y, entonces, cambian a Superestrella. El mensaje, entonces, es el siguiente: este sería un tema dirigido a the gays and the girls (según una expresión que se popularizó para referirse al público de divas como Lady Gaga o Charlie XCX, idolatradas por las mujeres jóvenes y la comunidad queer) que, sin embargo, les encanta a los hombres hetero. Ya ocurrió con Tusa, de Karol G y Nicki Minaj, una canción de despecho que también conectó con muchos hombres que se grabaron bailándola o fingiendo ser sorprendidos al escucharla, como si quisieran ocultarlo.
¿Se trata de demostraciones de que una melodía pegadiza es una fuerza irresistible para cualquiera? ¿Son reconocimientos sinceros a las artistas o se hacen bajo el esquema del placer culpable? Como casi siempre en Internet, es complicado saber si estamos ante un puente tendido, una diversión inocua u otro ejemplo más de esencialismo que presenta las incursiones a uno u otro lado de unas redes cada vez más segmentadas por género como una broma o una excepción. Y, sobre todo: ¿Por qué los hombres se empeñan en convertirlo todo —también Superestrella— en un “lololo” futbolero?
Un ‘hit’ de manual
Después del lanzamiento de Blinding Lights de The Weeknd y de Physical de Dua Lipa en enero, 2020 se convirtió en el año de los sintetizadores. Superestrella recoge la atmósfera ochentera de aquellas dos canciones y, en palabras de Nico Cotton, compositor y productor del tema, “representa muy bien a Aitana”. Tal y como recuerda Cotton en declaraciones para S Moda: “Aitana junto a Gale, otra de las compositoras de esta canción, empezaron a escribir algunas líneas mientras yo con un sintetizador Juno empecé a tocar la línea del bajo. Y así empezó… Buscábamos algo muy pop, con guiños a los ochenta. Por ejemplo, la batería es una Linn Drum (muy usada en esa época por Prince o Michael Jackson, entre otros) pero mezclada con un sonido más actual”.
Así, no es extraño que Superestrella haya triunfado. El tema cumple con todo lo que cualquier decálogo para la composición de un hit exige y, por ejemplo, encaja casi a la perfección en las instrucciones que el colectivo artístico The KLF plasmaron en The Manual, una publicación de 1988 que, como un recetario, daba las claves para lograr un Nº1 en las listas británicas (algo que lograrían enseguida). En la canción de Aitana, el bajo, que ya no se retirará, comienza en el primer segundo; por si fuera poco, aparecen coros que permiten reconocer inequívocamente el tema antes del décimo segundo y el estribillo (que contiene la palabra que da título a la canción) llega antes de que haya pasado un minuto. La duración no supera los tres minutos, el tema está a 136 bpm (que es solo un golpe por minuto más de lo recomendado en The Manual) y, sobre todo, su letra remite a una emoción universal. Con todo, Cotton recuerda que nadie tiene la poción mágica para crear un hit. Y en este caso, ya que la canción es la decimoquinta de su álbum y no fue el single más promocionado “fue la gente la que la eligió”.
Marta Fierro, conocida como Eme DJ y profesional de las pistas de baile desde hace más de veinte años opina que hits con una estructura así se adaptan a la perfección a un mundo en el que la capacidad de atención escasea: “Hace años tenías intros de dos minutos que te dejaban respirar, mezclar y construir una atmósfera. Ahora vivimos en la era de TikTok y la ansiedad. Si el hook (el gancho), la voz o el bajo principal no te explotan en la cara en los primeros 20 segundos, ves cómo la gente agacha la cabeza para mirar la pantalla del móvil. Los temas ahora van directos al grano, como comida rápida. Funciona para el chute de dopamina inmediato, sí, pero a veces se pierde esa magia de cocinar a fuego lento un buen cierre de sesión”.
Con su experiencia, Fierro tampoco considera extraño que el éxito de Superestrella sea transversal: “La cabina te cura de cualquier tipo de esnobismo musical. No me sorprende en absoluto. El pop perfecto es como un virus diseñado en un laboratorio para saltarse tus prejuicios”. ¿Y puede ser que ese esnobismo sea un fenómeno más bien masculino y por eso reacciones así ante un tema comercial todavía nos resulten sorprendentes? “Hay mucho postureo en el chaval que de día te dice que solo escucha electrónica underground o rock intensito, pero que, a las tres de la mañana, con dos copas de más y en manada, es el primero en desgañitarse con Aitana o con Taylor Swift. La pista de baile tiene una cosa muy guay y es que, cuando la sesión funciona, te quita las caretas. Si el tema es un hit, da igual la ropa que lleves o tu identidad; tu cerebro va a segregar serotonina igual”, zanja la DJ.
Así que aquí el misterio no está en el tema —que lo tiene todo para triunfar—, sino en la obsesión de los hombres por grabarse mientras suena. La relación de Aitana con el youtuber Plex, muy seguido por el público masculino y cuya profesión consiste, básicamente, en grabarse reaccionando ante distintos productos o situaciones cotidianas puede tener algo que ver. También el contenido de la canción: si Tusa de Karol G, aunque esté escrita en tercera persona, habla de una mujer poderosa que llora “por un man que con otra está”, en Superestrella aparece un hombre anónimo que, en medio de la discoteca, llama la atención de la cantante. En los dos casos, el oyente heterosexual puede sentirse identificado con unas figuras masculinas capaces de romper el corazón o de enamorar, respectivamente, a dos estrellas de la música.
Haciéndose notar en la pista
Killing in the name of fue un hit mundial de Rage Against the Machine, una de las bandas más explícitamente anticapitalistas de la explosión grunge de los noventa. Curiosamente, el tema se convirtió en un clásico en las discotecas más pijas, donde los hombres cantaban en español, entre saltos y golpes, distintas barrabasadas machistas sobre la letra original, de contenido antiautoritario. Como si formaran parte de un reto viral, cánticos parecidos y otros contra, por ejemplo, el presidente del gobierno, han podido escucharse durante los últimos años allí donde se han juntado hombres jóvenes y alcohol: veladas de boxeo, conciertos de trap y música urbana, verbenas de verano… Allí muchas expresiones de euforia colectiva tienen en común, además de una intención ofensiva, que consisten en demostraciones de fuerza por parte de jóvenes que ocupan el espacio de una forma agresiva, intimidatoria y aparentemente incontestable.
Además de las habituales, como un partido de fútbol, ¿Sirve cualquier excusa para estos comportamientos casi de manada que implican gritos, empujones, cánticos y golpes “entre colegas”? Aparentemente, sí, y todo hit es susceptible de convertirse en lo que Fierro llama “el puto lololo”. “Lo he visto mil veces y eso no es disfrutar de la música. Es marcar territorio”, comenta la DJ. “La pista de baile debería ser un lugar seguro, un espacio donde conectar, bailar y soltar la ansiedad y la basura del día a día. Cuando un grupo de tíos empieza con los cánticos de estadio y a empujarse, lo que están haciendo es fagocitar el espacio. Es una masculinidad performativa superrancia y bastante agresiva que básicamente grita: esta pista ahora es nuestra”, continúa.
Si bien Superestrella no es Seven Nation Army (el clásico de los White Stripes convertido en himno de muchas aglomeraciones alegres), algunos de los videos que se pueden ver en redes consisten justo en eso: al primer compás los hombres ocupan todo el espacio y se ponen a bailar haciendo gestos exagerados o golpeándose entre sí, como si estuvieran dentro de un pogo punk, pero sin respetar las reglas no escritas que los regulan en ambientes más underground. Si es una broma, verdadera euforia, entusiasmo por la música de Aitana o una forma de dejarse ver y apropiarse y ser protagonistas en todos los espacios (incluso en los que, aparentemente, no les iban a interesar), está por ver. Como sucede con tantos fenómenos contemporáneos, puede que lo sea todo a la vez.
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