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Las Fallas de Valencia, una competición asimétrica

En torno a una decena de comisiones falleras de la Sección Especial se reparten el premio al mejor monumento de la ciudad desde hace 40 años, mientras las más pequeñas tratan de sobrevivir   

Falleros de la comisión Blasco Ibáñez-Mestre Ripoll, en su casal, con algunos elementos del monumento que quemarán este jueves. Monica Torres

Un castillo de naipes. “Representa nuestra fragilidad. Que a lo mejor el año que viene no hay falla, nunca se sabe”, señala Juan Carlos Armelles, de 63 años, presidente de la comisión Blasco Ibáñez-Mestre Ripoll, sobre el monumento que arderá la noche de este jueves en las Fallas de Valencia. Esta comisión del distrito de Algirós no tiene subvención del Ayuntamiento para el monumento, que es el de menor presupuesto de las 384 que participan. La falla está fuera de concurso porque no llega al mínimo presupuestario para competir, que está en 2.150 euros, fijados por la Junta Central Fallera, la JCF.

No han contratado a un artista fallero para su monumento que tiene como tema Alicia en el País de las Maravillas. Solo siete fallas no lo han hecho para el monumento grande –está también el infantil–. Las planchas que forman el castillo de naipes están pintadas por artistas y grafiteros voluntarios, algunos estudiantes. Los tablones los tenían en el casal y los palets los han recogido de la basura.

Prácticamente todos los ingresos que tiene esta comisión provienen de las cuotas de 394 euros que pagan los 50 socios. “Hay muy poco comercio en el barrio, por lo que tenemos muy pocas colaboraciones”, explica Armelles. “No somos muy atractivos”, señala. La comisión no tiene fallera mayor este año, ni presidente. “Hacemos hasta los ramos de la ofrenda porque no nos llega a encargarlos a la floristería”, lamenta Armelles, que subraya el esfuerzo que hace la comisión por pagar el alquiler del casal. “Somos poquitos, pero participamos en todo”, aporta Ana Martí, fallera de 70 años.

En el otro extremo de la clasificación está la falla de Convento de Jerusalén-Matemático Marzál, premiada esta edición con el primer puesto de la Sección Especial. Su imponente Redimonis!, obra del artista fallero David Sánchez Llongo, muestra un conjunto barroco y colorido de personajes fantásticos esculpidos en formas imposibles y con mucha delicadeza. El coste ha sido de 260.000 euros; 60.000 más que la de Monestir de Poblet-Aparicio Albiñana, que ha recibido el segundo galardón y que a la vez era la segunda más cara de la clasificación. El tercer premio en 2026 ha sido para la falla Na Jordana. Son tres de las nueve comisiones que este año participan en la sección de Especial.

La falla de Convento de Jerusalén ganó la edición pasada. En la última década, la comisión ha ganado siete veces el primer premio de la sección con los monumentos de mayor presupuesto, porque luego están las secciones o categorías inferiores (hay un total de 20), donde también se reparten galardones. En toda su historia Convento suma 19 primeros premios. Esta comisión la componen 575 miembros y la cuota estándar es de 1.000 euros anuales -a la misma pertenece el empresario Juan Roig y su familia—. La falla más barata de la sección especial es de 107.000 euros, un presupuesto inalcanzable para muchas otras comisiones repartidas en las nueve secciones en las que se divide el concurso. El Ayuntamiento financia hasta el 30% de todas los monumentos en concurso. El resto del coste es privado.

Sobre las diferencias entre unas y otras y qué hay detrás de ello trata de arrojar luz el estudio Festive culture, social hierarchization, and urban inequality: Analysis of the fallas of València (1981-2019). El informe elaborado por los sociólogos de la Universitat de València Pau Díaz Solano, Joaquim Rius Ulldemolins y Juan Pecourt recuerda que la celebración surgió “con un marcado carácter irreverente e incluso satírico hacia el poder”.

“Las fallas datan del siglo XIX y es habitualmente presentada como una fiesta de iniciativa popular”, señalan. El documento incide en que “este evento popular ha sido absorbido por las clases altas para ser instrumentalizado como una forma de implementar un regionalismo conservador y de exhibir dominación simbólica de esta élite sobre la ciudad”. Apenas una decena de comisiones falleras de la Sección Especial se reparten el primer premio desde hace 40 años. Mientras, las más pequeñas tratan de sobrevivir.

Los investigadores consideran que las fallas de Valencia son un indicador de la posición que cada barrio ocupa en la ciudad. Su estudio ha constatado que las fallas refuerzan la jerarquía urbana preexistente, creando centros y periferias culturales, solo con algunas excepciones.

Aunque “el gobierno local proporciona financiación para los monumentos y, en algunos casos, se cobra una entrada para visitar el monumento, gran parte de esta cantidad la aportan los miembros y, especialmente, el presidente y la junta directiva, lo que significa que solo las fallas con muchos miembros y con recursos económicos pueden permitirse formar parte de la Sección Especial”, destaca el informe.

El mismo estudio destaca que “los criterios de selección [para acceder a una comisión] ya no son “por proximidad”. Antes los falleros eran vecinos, ahora el criterio se basa “en el currículo fallero, lo que distribuye a la gente con más recursos entre diferentes vecindarios”. Para los autores, “eso es lo que hace que los vecindarios con menos recursos y de zonas periféricas encuentren difícil hacer fallas al nivel de la Sección Especial”. Los falleros con dinero se aglutinan en las mismas fallas, aunque no tengan un vínculo de proximidad geográfica, según el informe.

Las Fallas —una de las fiestas más internacionales de España y de Valencia— fueron declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2016. La última edición de los Textos fundamentales de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de 2003 señala en el artículo 194 que “los Estados Partes deben esforzarse por reconocer y promover la aportación de la salvaguardia del patrimonio cultural inmaterial a la cohesión social, luchando contra todo tipo de discriminación y fortaleciendo de forma inclusiva el tejido social de las comunidades y grupos”. El mismo párrafo habla de “abordar las diferencias de género, color, etnia, origen, clase y procedencia geográfica”.

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