Un adolescente escala con los pies desnudos una vía que acumulaba 35 años de intentos frustrados
El francés Erwan Legrand, de 17 años, se hace con la mítica ‘Le Bombé Bleu’, equipada en 1991 pero juzgada casi imposible por los escaladores más importantes de las últimas décadas


Más allá de las medallas y las competiciones, de las estructuras artificiales tan a la moda, la escalada en roca siempre aspira a colmar el espacio entre lo probable y lo imposible. A veces, dicho espacio se convierte en un agujero en el tiempo: han sido necesarios 35 años de espera para que un chico de apenas 17 años escale una vía que los escaladores más fuertes del planeta juzgaron imposible. Lo más curioso es que el francés Erwan Legrand lo ha logrado con los pies desnudos, prescindiendo de la goma ultra adherente y de la protección de los pies de gato.
El visionario Marc Le Menestrel equipó dicha ruta en la escuela francesa de Buoux (departamento de Vaucluse), en 1991, siguiendo un abombamiento de la pared de color azulado por el paso del agua, soñando con ser el primero en adjudicársela. Bautizó la vía como Le Bombé Bleu y pronto se dio cuenta de que su sueño podría ser un imposible: apenas lograba quedarse colgado de sus diminutos agujeros, cortantes, ni siquiera imaginaba los movimientos explosivos, pies al aire, que pedía la vía. Consideró que alguien, en el futuro, podría encadenarla… pero que no sería él, pese a ser uno de los mejores escaladores de su generación. Por esta razón, decidió no ceder a la tentación de modificar los agarres a golpe de cincel, no tallar las presas a su gusto como era frecuente en aquellos años. Se dijo que, seguramente, el futuro traería a alguien capaz de escalar la vía en toda su pureza.
Cuando nadie logra encadenar una vía de escalada, esta queda como un proyecto pendiente, asunto que el paso del tiempo convierte en una responsabilidad que acaba involucrando a diferentes generaciones, a los mejores escaladores de las últimas décadas, ni más ni menos. Ahora toda toda la comunidad escaladora saluda con deleite el anuncio del encadenamiento, al tiempo que se frota los ojos antes las primeras imágenes colgadas en la red: Legrand lo ha logrado con los pies desnudos, algo tan inusual como lo fue ver a Abebe Bikila llevarse el oro olímpico en los Juegos de Roma de 1960 descalzo. No se trata solo del éxito del joven francés, sino de una disciplina que sigue creciendo alejando una vez más los límites de lo posible.
Los grandes escaladores que habían probado la vía con anterioridad quedaron espantados por la dureza de su paso más severo: un lanzamiento de un monodedo a un bidedo tan aleatorio que en el mes de diciembre, probando la vía, Legrand solo pudo completarlo una vez… tras 15 intentos. También señalaron el dolor en sus falanges, la piel destrozada, las poleas sometidas a un trabajo tremendo. No es una vía agradable, es violenta, dolorosa y tanto sus movimientos como la rudeza de sus agarres desmoralizan al más templado.

Legrand escala en Buoux porque su padre lleva toda su vida haciéndolo y, en su cabeza, el mito de lo imposible fue tomando forma con el paso de los años: primero soñó con probar sus movimientos y después se dijo que no estaría mal que fuese él, un local, quien cerrase el círculo uniendo sueño y realidad. Legrand escala desde pequeño sin pies de gato en el panel artificial de entrenamiento que montó su padre en casa. Tiene la piel endurecida y, aunque habitualmente emplea pies de gato (tiene varias vías de noveno grado en su cuenta), sabe que tiene una baza extra si la vía le pide jugar descalzo. De hecho, con apenas 14 años encadenó en la misma escuela una ruta de 8c+ descalzo.
Alex Megos, el primer hombre que escaló un 9 a vista (es decir, sin haber probado antes la vía), prescindió de los pies de gato también y se tuvo que marchar a casa frustrado y con los pies hechos jirones. Legrand escogió escalar descalzo para ser capaz de colocar los pies de forma diferente, adaptándolos a los agujeros de la pared y, gracias a ello, jugar mejor con la posición del resto de su cuerpo. A su juicio, con la condición de tener los pies acostumbrados a trabajar desnudos, la vía es un poco más fácil…. Aunque ni siquiera sabe qué dificultad conceder a la vía y piensa anunciar su propuesta en los próximos días tras una reflexión a conciencia.
Posiblemente, la ruta no alcanzará el 9 c, es decir la máxima dificultad jamás propuesta, pero bien podría ser que el puñado de escaladores que han encadenado el máximo grado nunca logren encadenar Le Bombé Bleu. “Es una vía tan específica de agujeros que si no estás muy, muy acostumbrado a este tipo de escalada se convierte en un infierno. El caso es que este es mi estilo idóneo de escalada y si en lugar de agujeros hubiese regletas, seguramente no hubiera sido capaz de lograrlo”, confiaba con honestidad a la revista Grimper explicando en parte por qué un escalador alejado de la élite absoluta será recordado para siempre como el hombre que borró un imposible.
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