La nueva pirámide nutricional de EE UU: una vuelta al pasado que beneficia a la industria
El pseudocientífico Robert F. Kennedy Jr. le ha dado la vuelta a la pirámide nutricional para promover la carne roja y otras proteínas animales


El Departamento de Salud de Estados Unidos, dirigido por el controvertido Robert F. Kennedy Jr., ha presentado un nuevo modelo de pirámide nutricional. Y al anuncio le ha seguido la controversia.
Lo más visible y significativo es que se trata de una pirámide invertida, pero esto no implica que los alimentos que antes estaban en la cúspide ahora estén en la base; es algo más complejo y poco intuitivo.
Esta pirámide está en consonancia con lo publicado por los autores Frederic Leroy y Ty Beal en la revista científica Animal Frontiers. Pero no refleja las principales recomendaciones de salud pública de entidades como la Asociación Estadounidense del Corazón, la Academia de Nutrición y Dietética, la Organización Mundial de la Salud y el Dietary Guidelines Advisory Committee, entre otras.
Se encuentra bajo el paraguas del movimiento MAHA (Make America Healthy Again) de Trump, que pretende, bajo esas siglas, “hacer a EE UU saludable de nuevo”. Este movimiento social está respaldado por Kennedy, el secretario de Salud, y la secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, cuyos objetivos en salud incluyen medidas como reducir el número de vacunas infantiles y restringir el acceso a alimentos poco saludables mediante los cupones de alimentos (food stamps).
El origen de la pirámide nutricional data de 1991, cuando el Departamento de Agricultura de los EE UU (USDA) publicó la primera versión, siendo luego modificada y reinterpretada por muchos países según sus necesidades.
En 2005, la USDA cambió la pirámide por “My Pyramid”, que pasó de ser horizontal a tener estratos, y las cuñas donde se indican los alimentos y las ingestas recomendadas resultaron más parecidas a la imagen de pirámide que todos tenemos en la mente.
En 2010, la USDA lanza “My Plate”, que reemplazó a décadas de pirámides nutricionales y rompió con esa jerarquía simbólica. Es un modelo más intuitivo, pero lleno de inexactitudes: no determina la importancia del origen de las proteínas, no incluye las grasas y aceites saludables, ni indicaba inicialmente la importancia de que los cereales fueran integrales. Y como bebida destacaba la leche en lugar del agua.
Es importante no confundirlo con el plato de Harvard; la propia Universidad hizo una publicación para desvincularse de “My Plate”.
Under President Trump’s leadership, common sense, scientific integrity, and accountability have been restored to federal food and health policy.
— HHS (@HHSGov) January 7, 2026
For decades, the Dietary Guidelines favored corporate interests over common-sense, science-driven advice to improve the health of… pic.twitter.com/QMO2LAW00a
La nueva guía presentada ahora aboga por un consumo de alimentos poco procesados, pone el foco en la comida real (“real food”) y resalta la importancia de una buena alimentación como parte del botiquín preventivo. Promueve un menor consumo de azúcares añadidos y alimentos de peor calidad nutricional. Sin embargo, no desarrolla ninguna medida política para garantizar una alimentación saludable independientemente de la renta. Lo deja todo en manos de las decisiones individuales.
Aseguran que se está regulando, en el mandato de Trump, el sistema alimentario con la finalidad de apoyar a los agricultores, ganaderos y empresas estadounidenses que cultivan y producen alimentos reales. Esto se refleja claramente en la guía, con la inclusión de alimentos y recomendaciones que parten de sesgos económicos y no científicos.
Estamos ante una guía bastante contradictoria: lo que aparece en el texto no coincide con lo representado en la imagen de la pirámide.
Promueve un mayor consumo de proteínas y no aclara la importancia del origen de estas, relegando a las legumbres y a la proteína vegetal a un espacio ínfimo en la pirámide. A pesar de tratarse de una guía para el público general, realiza una recomendación proteica elevada: entre 1,2 g/kg y 1,6 g/kg de peso, cuando las fuentes oficiales aseguran que, salvo objetivos deportivos concretos, 0,8 g/kg de peso es más que suficiente. Indica que cada ingesta debe contener proteína, algo que tampoco está respaldado por la evidencia científica.
La guía propone principalmente proteína animal: leche, carne, huevos… Y reconoce explícitamente el apoyo a la industria ganadera, por lo que el conflicto de interés es evidente.
Propone consumir varias raciones de lácteos al día, cuando no son necesarios ni recomendables. Según la evidencia científica, la cantidad mínima recomendada es cero. Aquí, de nuevo, parece una consecuencia de la presión de la industria láctea o la falta de conocimiento, más que una recomendación de salud. La evidencia científica apuesta por frutos secos, semillas y verduras de hoja verde como fuentes de calcio. Además, la guía estadounidense ignora a quienes no pueden o no desean consumir lácteos, recomendándolos para su consumo diario.
La recomendación respecto a frutas y verduras es acertada: sugiere un consumo diario, preferiblemente enteras y no en zumos, priorizando dos raciones de verdura y tres piezas de fruta. Pero si observamos la pirámide, no ocupan el lugar de relevancia lógica que sí tienen en el texto, lo cual resulta confuso.
Los cereales aparecen en la parte baja de la pirámide, lo que sugiere a simple vista un consumo puntual, aunque el texto recomienda entre 2 y 4 raciones al día y prioriza integrales. Este punto es coherente, pero no aporta novedades.
Se resalta la importancia de las grasas saludables, pero da prioridad a las de origen animal: huevos, mariscos, carnes, lácteos enteros, frutos secos, semillas, aceitunas y aguacates. Además, nombra mantequilla y sebo, lo cual parece, de nuevo, un aporte de la industria. No pone el foco en la calidad de la grasa, a pesar de que la evidencia demuestra que un mayor consumo de grasas saturadas de origen animal está implicado en la prevalencia de enfermedades cardiovasculares. A pesar de que en la imagen las grasas parecen de forma abundante, se mantiene la recomendación general de consumo inferior al 10 % diario.
La nueva pirámide estadounidense no aporta nada nuevo desde el punto de vista de la salud. Lo que parece añadir, en realidad, es una vuelta al pasado: prioriza grasas de origen animal, proteínas principalmente animales. E ignora no solo la evidencia científica sobre nutrición, sino también cuestiones más amplias como el impacto de la alimentación en el cambio climático.
Esta guía ha sido criticada por el propio comité oficial Dietary Guidelines Advisory Committee, el comité formal de expertos en nutrición y salud pública nombrado por el Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS) y el USDA para revisar la evidencia científica y asesorar las Dietary Guidelines for Americans. Este comité ha visto cómo sus recomendaciones han sido totalmente ignoradas y sustituidas por prioridades industriales, priorizando carne roja, grasas y proteínas de origen animal, mientras que la prevalencia de una alimentación vegetal ha sido totalmente menospreciada.
Y es que todo es política, y la comida no es la excepción. De hecho, no hay una decisión política mayor que lo que decides comer cada día.
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