¿Por qué Nestlé ha tenido que retirar leche en polvo para lactantes en más de 45 países?
La empresa ha cancelado la venta de varios productos en todo el mundo por la posible presencia de una toxina producida por una bacteria potencialmente patógena


Las alertas alimentarias suelen causarnos preocupación, pero no siempre con la misma intensidad. La inquietud es mayor cuando esas alertas afectan a marcas conocidas, y aumenta todavía más si los productos están destinados a población especialmente vulnerable. Es precisamente lo que ocurre en el caso de las decenas de marcas de leche en polvo para lactantes de la empresa Nestlé.
Esta crisis comenzó el pasado 12 de diciembre, cuando Nestlé anunció la retirada de un lote de leche de fórmula para lactantes, marca Nidina 1, por la posible presencia de Bacillus cereus, tal y como notificó la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN).
Casi un mes después, el pasado 5 de enero, la AESAN notificó una ampliación de la alerta, que según información de la propia empresa, en España afecta ya a 36 lotes de 16 marcas diferentes de leche de fórmula para lactantes.
La retirada no se ha realizado solo en España, sino que afecta ya al menos a 47 países de cinco continentes, entre ellos, 29 países de Europa, además de otros como Australia, Brasil, Argentina, China, México y Sudáfrica. Es la mayor retirada de productos en toda la historia de la empresa.
La causa: posible presencia de una toxina
La empresa ha advertido de que el problema se debe a la posible presencia de una toxina, llamada cereulida, que es producida por algunas cepas de la bacteria Bacillus cereus.
Si un lactante consume leche de fórmula contaminada con dicha toxina, puede sufrir síntomas como náuseas y vómitos, ligados a letargo y somnolencia, que aparecen rápidamente, entre 30 minutos y 6 horas tras la ingesta.
Según información facilitada por la propia empresa, a día de hoy no se ha notificado ningún caso de enfermedad por esta causa. Indica, además, que si algún lactante ha consumido alguno de los productos afectados por la retirada y no ha sufrido síntomas, no hay motivo de preocupación.
Nestlé aclara que los lotes se han retirado por precaución y asegura que solo están afectados esos en concreto, de manera que es seguro consumir los que no están implicados en la retirada.
¿Cuál es el origen de la contaminación?
Durante la fabricación de las fórmulas para lactantes que se comercializan en polvo se aplica un tratamiento térmico y se realizan controles microbiológicos, pero no se someten a un proceso de esterilización. Es decir, las fórmulas en polvo para lactantes no son estériles, de modo que ocasionalmente pueden contener bajas concentraciones de microorganismos, entre los que se pueden encontrar algunos patógenos como Salmonella enterica o Cronobacter sakazakii. Es poco habitual, pero entra dentro de lo posible y se han dado casos en el pasado.
Esos patógenos pueden llegar hasta los preparados en polvo a través de diferentes vías durante las distintas etapas del proceso productivo; por ejemplo, a través de los ingredientes añadidos, durante la etapa de secado o en la de envasado.
Según la información facilitada por el fabricante, parece que en este caso la toxina cereulida estaba presente en uno de los ingredientes suministrados por un proveedor: el aceite de ácido araquidónico.
El nombre de este compuesto puede resultarnos poco amable y causarnos temor o rechazo. Quizá por eso algunos medios de comunicación lo han confundido con un compuesto tóxico, asegurando erróneamente que países como Rusia han rechazado la importación de productos de Nestlé debido a la presencia de esta sustancia. Pero nada más lejos de la realidad.
El ácido araquidónico es un ácido graso de la serie omega 6 que está presente de forma natural en alimentos como la carne, el pescado o los huevos, y que resulta fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro organismo. Está ampliamente presente en el cerebro, los músculos y el hígado, forma parte de las membranas celulares y cumple numerosas funciones. Entre otras cosas, participa en la síntesis de eicosanoides como prostaglandinas, prostaciclinas, tromboxanos y leucotrienos que participan en la respuesta inflamatoria, la agregación plaquetaria y la regulación de la vasoconstricción y la vasodilatación. Además, está involucrado en el desarrollo neurológico de los bebés. Por eso es uno de los ingredientes que se utiliza en la leche de fórmula para lactantes.
¿Cómo es posible que el ácido araquidónico se haya contaminado con una toxina?
La producción de ácido araquidónico para uso en alimentación se realiza mediante procesos fermentativos llevados a cabo por microorganismos. Es posible que durante esos procesos se pudiera haber producido una contaminación con Bacillus cereus, de modo que esta bacteria podría haber contaminado el medio con esa toxina y así acabar en el ácido araquidónico. A día de hoy, el motivo de la contaminación no se conoce o, al menos, no se ha hecho público.
Como indica Nestlé, la presencia de toxina cereulida en aceites es muy poco común. En un medio como ese, Bacillus cereus sí podría sobrevivir porque desarrolla formas esporuladas, que son muy resistentes. Pero en principio no podría producir la toxina cereulida, porque para ello necesita estar en forma vegetativa (no esporulada), y para eso requiere la presencia de una cantidad suficiente de agua, algo que no ocurre en un aceite.
En cualquier caso, el motivo que ha llevado a Nestlé a retirar estos productos es la posible presencia de la toxina cereulida, así que en principio la bacteria estaría ausente. Además, en el hipotético caso de que una leche en polvo para lactantes estuviera contaminada con bacterias, no podrían desarrollarse en ese medio debido a que no disponen de suficiente agua para ello. Pero la situación cambia cuando añadimos agua para reconstituir esa fórmula. Por eso se recomienda preparar el biberón adecuadamente para minimizar los riesgos.
Cómo preparar biberones con seguridad
La forma en que se prepara el biberón es importante porque puede determinar su inocuidad: si no ponemos cuidado podríamos contaminarlo con bacterias patógenas o favorecer el desarrollo de las que pudieran estar presentes, mientras que si lo hacemos adecuadamente podremos reducir algunos riesgos, sobre todo en caso de que hubiera bacterias patógenas presentes.
Esto siempre es relevante porque todos los lactantes son vulnerables a microorganismos patógenos y toxinas como los mencionados anteriormente. Pero cobra especial importancia en los bebés que corren más riesgo: los lactantes menores de dos meses, los recién nacidos con bajo peso al nacer (menos de 2,5 kg), los prematuros y los inmunodeprimidos.
Hay algunas medidas básicas que deberíamos respetar siempre:
- Lavar bien las manos y las superficies de trabajo
- Utilizar un biberón limpio o esterilizado
- Preparar el biberón para cada toma y dárselo en seguida al bebé
- No guardar la leche sobrante. Es un medio ideal para la proliferación de bacterias patógenas. Debemos desecharla si pasan dos horas desde la preparación
En cuanto al momento de la preparación, organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), recomiendan un método con agua caliente, calentándola hasta que empiece a hervir y esperar a que se enfríe hasta alcanzar la temperatura corporal (unos 37ºC). Otros organismos, como la Agencia Catalana de Seguridad Alimentaria proponen la alternativa de prepararlo con agua fría o del tiempo, aunque no está indicada para lactantes menores de dos meses, prematuros e inmunodeprimidos.
Los productos y lotes afectados por la retirada de Nestlé están incluidos en un listado disponible en la web de la empresa.
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