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COLUMNA

La IA te quita el negocio, no el trabajo

Las plataformas deciden cómo debe ser el periodismo a través del control sobre sus ingresos publicitarios, y ahora toca asfixiarlos

SOPA Images / LightRocket / Getty

A los periodistas nos encanta hablar de periodismo en público y de otros periodistas en privado, pero no tanto del negocio que nos sostiene. Y eso que pocas cosas ayudan más a contextualizar la información que entender las condiciones materiales en las que se produce. El sector de los medios lleva años preocupado por su sostenibilidad, y las últimas noticias han agravado la ansiedad. Esta semana, han cerrado el grupo digital Noxvo, editor de cabeceras emblemáticas como eCartelera y Fórmula TV, y la versión en línea de la revista Pronto, que ha anunciado que se centrará en su edición en papel. Recientemente, otros medios han reestructurado equipos, realizado discretos despidos en puestos enfocados al tráfico o rescindido contratos con las empresas externas que les proporcionaban servicios de posicionamiento y redactaban “contenidos” rápidos y baratos. Estas son decisiones insólitas: los verticales especializados suelen ser resilientes gracias a su precariedad, hasta ahora eran las versiones analógicas de los medios las que cerraban (no las digitales), y si algo se ha priorizado últimamente han sido los grandes volúmenes de lectores ocasionales originados en buscadores.

¿Qué está ocurriendo? Que el tráfico de Google se desploma, perjudicando especialmente a los medios que dependen más de él. Menos visitas significa menos publicidad, y por tanto, menos dinero. Google intenta responder con inteligencia artificial (IA) a sus usuarios sin que salgan de su página principal. También ha restringido las visitas enviadas por Discover, el sistema de sugerencia de contenidos que aparece por defecto en los móviles Android al acceder a su aplicación de búsqueda. Se podría pensar que si un medio vive de publicar decenas de textos basura a diario tiene merecido el ajuste, pero hace tiempo que la estrategia editorial de la prensa no depende de sus propios deseos. Son las plataformas las que deciden cómo debe ser el periodismo a través del control sobre sus ingresos, y ahora toca asfixiarlos. No es la primera vez: las redes sociales derivaban a la prensa cantidades ingentes de tráfico hasta que Facebook decidió limitarlo en 2018, llevándose por delante a redacciones completas de la llamada “prensa milenial”. Ahora es Google el que decide, pero en ese momento algunos diarios, como EL PAÍS, se dieron cuenta de que el futuro pasaba por la suscripción, porque solo el pago directo de los lectores protege contra los vaivenes de la industria tecnológica. Sin embargo, buena parte de los medios se vieron obligados a jugar a dos bandas, inundando los buscadores de contenido fácil del que se avergonzaban e intentando a la vez mantener una portada digna para sus habituales.

La crisis es global. Según datos de Chartbeat, el tráfico dirigido por buscadores ha caído en dos años un 60% en los medios pequeños, un 47% en los medianos y un 22% en los grandes. Según otro estudio, 10 grandes medios tecnológicos anglosajones —incluyendo Wired o The Verge— que recibían 112 millones de visitas mensuales desde Google en 2024 pasaron a solo 47 en enero de este año. Así es como la inteligencia artificial acaba con los trabajos. No porque tu jefe te vaya a sustituir por ChatGPT, sino porque alguien en California ha decidido que su negocio depende del triunfo de la IA, y para eso arrasa con el tuyo, que por cierto, sirvió para construirlo y es vital para la sociedad. Ojalá la industria de los medios tenga la oportunidad de salir reforzada de este cambio de paradigma, apoyada por sus lectores.

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