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Estar sin estar
Columna

Gazapo de Zapping

Creo no ser el único espectador que ante el alud de enrevesadas noticias confunde la realidad cotidiana con un desánimo

El documental en colores muestra a Adolf Hitler contemplando el paisaje desde su chalet de descanso en Mar-a-Lago, en medio de las montañas paradisíacas de Baviera. La siguiente escena recorre el Paseo de la Reforma hasta la glorieta de la Columna de la Independencia en pleno centro de Berlín donde Melania inclina la cerviz para que su ancho sombrero oculte su carita de meretriz atigrada, mientras que la filmación sigue entonces los pasos altaneros de un enano llamado Bovino (es decir, Buey) con abrigo de cuero negro al frente de una pandilla de camisas pardas, enmascaradas, que se dirigen a un apacible barrio de Minneapolis en la nieve (a siete calles del Tiergarten) para taclear ancianas, amedrentar al niño del gorrito azul y a la niñita del abrigo rojo que ha de morir en Auschwitz o en la cárcel de Bukele en El Salvador.

Voy zappeando los canales como sonámbulo y aparece en el centro de la pantalla el perfil diabólico de Joseph Miller o Stewart Goebbels que frunciendo los labios nos ayuda a dudar de todo lo visto u oído: el enfermero asesinado blandía una pistola aunque Usted vea en el video que lo que lleva en la mano es un teléfono o bien la señora que sonríe evadiendo el estorbo y la amenaza de un paramilitar que ya desfundó su arma, pero la palabra de Goebbels y de la sicofanta Barbie Nazi Noem nos ayudan a comprender que la señora sonriente “convirtió su vehículo en armamento de destrucción masiva”.

El documental incluye pietaje conmovedor donde Knut Hamson entrega su Premio Nobel de Literatura a Donald J. Trump en la dorada oficina oval de la otrora Casa Blanca, al tiempo que Corina Machado sucumbe a la más indigna humillación y entrega el Premio Nobel de la Paz al Führer en pleno bunker, pues se sabe que el enano del bigotito chaplinesco logró la paz entre Camboya y Sinaloa, Australia y Asturias y otros seis conflictos potenciales.

El documental parece entonces naturista al pasear la vista por los hermosos paisajes de Groenlandia, concentrándose en el iceberg llamado Caracas, donde la voz del narrador explica que el bombardeo quirúrgico del helado territorio venezolano debe considerarse como operación gemela de la toma de Sudeten hacia Checoslovaquia y como antesala del Anschluss que precede a la conquista de Polonia, Badiraguato y Palenque. Luego vemos escenas del incendio del Capitolio de Washington (llamado aquí Reichstag), la firma del tratado Marco Rubio-Putin Lavrov (también recordado como Ribbentrop-Molotov) y los prolegómenos de la Olimpiada de Jesse Owens (visto aquí como desquiciado Mundial de Futbol boicoteado merecidamente por las almas libres).

De madrugada, sonámbulo y con cierta indigestión por los tacos al pastor es evidente que el gazapo se debe a mi desesperanza y no a las virtudes chamánicas de la televisión inteligente, pero creo no ser el único espectador que ante el alud de enrevesadas noticias confunde la realidad cotidiana con un desánimo desangelado donde ya todo lo insólito parece normalizarse sin espanto. Dolorosamente, creo que estamos al filo de verificar que aquélla descabellada declaración de Trump de que podría sacar una pistola en plena Quinta Avenida de Nueva York y matar a alguien sin que le pasara o le hicieran nada de nada ya se cumplió con creces: los asesinos de dos ciudadanos nada migrantes en Minneapolis permanecen impunes al día de hoy, la posible revelación de que Epstein era padrote de Melania y que la limitada sexoservidora fue vendida, alquilada o cedida a Trump o la revelación asquerosa de que la red siniestra de Trump y Epstein era no sólo con adolescentes sino con niños y niñas menores de diez años o la repugnante posibilidad de que el Donald se bañaba en la tina con su hijita o bien que ordena la invasión relámpago de un país para secuestrar al tirano o corrupto en turno y dejar intacto al gobierno y ejército de ese mismo déspota… todo ello ya parece normalizarse y no alarmar a una inmensa mayoría de espectadores que parece levitar de manera sonámbula… como inofensivo gazapo de zapping.

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