Los tres meses que forzaron a Salinas Pliego a saldar su deuda con Hacienda
El empresario, que asesoró a López Obrador cuando llegó al Gobierno, pagará 32.000 millones de pesos al fisco tras dos décadas litigando sus deudas


Cuando la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, se propuso cercar a los grandes deudores fiscales, hacía tiempo que se había roto la relación de Ricardo Salinas Pliego con la autodenominada Cuarta Transformación. El empresario entró con buen pie en los Gobiernos morenistas y logró sentarse en el consejo empresarial de Andrés Manuel López Obrador tan pronto ocupó Palacio Nacional, en 2018. En seis años, sin embargo, esa relación se ha descalabrado al punto de lograr lo impensable hace apenas un tiempo. El magnate ha pagado este jueves los primeros 10.400 millones de pesos de una deuda con la Hacienda pública que ascenderá, finalmente, a 32.133 millones. El cuantioso desembolso ha puesto fin a un litigio judicial de dos décadas que se ha acelerado en los últimos tres meses, en los que el conglomerado empresarial se ha quedado sin opciones para eludir sus responsabilidades.
El momento en el que se decidió el destino de las deudas de Salinas Pliego fue el 15 de octubre del año pasado. El Congreso aprobó un reforma al recurso de amparo que venía, se decía, con dedicatoria para uno de los hombres más ricos de México, con el que se estrenó poco tiempo después. La presidenta, Claudia Sheinbaum, había perdido la paciencia con la evasión fiscal, que entorpece el financiamiento de sus programas sociales, e impulsó una modificación de la ley que buscaba acabar con la posibilidad de esquivar al servicio tributario (SAT) a base de inundar los tribunales de sucesivos juicios que aplazaban sine die el momento de poner el punto final. El empresario, apuntaban desde el Gobierno, se había vuelto un experto en estas técnicas dilatorias. Solo en la Suprema Corte, los siete juicios fiscales principales habían derivado en 100 procesos secundarios, la mayoría por iniciativa del grupo empresarial.
Así, el Legislativo tumbó la posibilidad de litigar por la vía ordinaria los créditos fiscales firmes y abocó a los evasores a recurrir directamente a la vía extraordinaria, la del amparo. Una vez entrada la fase de ejecución, solo cabe jugar esa última carta, y solo al final de proceso, cuando el deudor se enfrenta al remate de sus bienes tras el embargo realizado como consecuencia del impago a las arcas públicas. La reforma legislativa, además, incluyó una polémica cláusula que permitía aplicar la nueva norma a procedimientos ya abiertos que entraran en una nueva fase del proceso. Ese era el caso de Salinas Pliego y el del embargo habría sido el destino reservado para sus bienes en caso de haber decidido negarse al pago voluntario hasta el final. Ese era también, sin duda, el peor escenario para sus empresas.

Menos de un mes después de la aprobación de la reforma, la Suprema Corte aportó su propio grano al acorralamiento del magnate, que el 13 de noviembre sufrió una derrota histórica contra el SAT. El Alto Tribunal salido de las urnas desempolvó los juicios fiscales que sus predecesores habían metido en un cajón y resolvió, uno tras otro, contra los intereses del empresario. Se trataba de siete procesos principales que, en conjunto, sumaban un valor inicial de 36.000 millones de pesos, que habían ascendido a unos 50.000 millones por los recargos aplicados por los retrasos, en algunos casos de 17 años.
Los juicios tocaban mayoritariamente a la empresa Elektra, quien había hecho un cálculo indebido de las pérdidas que había reducido artificialmente sus obligaciones con el fisco en diversos ejercicios fiscales que iban de 2008 a 2013. El Supremo decidió no entrar al fondo de los asuntos y dar por válidas las resoluciones de los tribunales colegiados, que habían fallado invariablemente contra el magnate, al igual que la instancia anterior.
La última piedra para apuntalar el camino hacia el cobro de la millonaria deuda la puso el Gobierno entre diciembre y enero. Tras la contundente derrota ante la Justicia, solo faltaba que el servicio tributario fijara el monto final de las deudas y notificara oficialmente al conglomerado empresarial del inicio de la fase de ejecución. El SAT fijó antes del parón navideño el monto de 51.000 millones de pesos y le notificó un mes después de que iniciaba el plazo de cinco días para pagar voluntariamente y acogerse a las nada desdeñables ventajas fiscales, que podían ser de hasta un 39%. Finalmente, han sido de un 37%.

Los tres poderes públicos fueron desbloqueando, uno tras otro, los obstáculos que dificultaban el pago de unas deudas que se habían vuelto prioritarias para la mandataria, que ha hecho del combate a la evasión fiscal uno de sus grandes caballos de batalla. El empresario escaló internacionalmente el conflicto y denunció al Estado mexicano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) por “persecución política”, pero ese proceso ofrecía ―ofrece, en caso de continuarse―, pocas posibilidades de resolver sus problemas en el interior del país, donde había agotado todas las instancias en las que podía pelear la cuestión.
Los 20 años de estrategia judicial del magnate han quedado vencidos por la propia estrategia de la mandataria, que ha hecho que el desembolso voluntario sea el mejor escenario posible para las empresas del millonario. Este jueves las arcas públicas recibieron los primeros 10.400 millones de pesos del empresario, que hará frente a los 22.000 millones restantes en 18 cuotas. El monto final, con todo, matiza la derrota de Salinas Pliego, que pagará finalmente unos 4.000 millones de pesos menos de los que litigó con el SAT en un inicio, y casi 20.000 millones menos del adeudo fijado con los recargos.
La derrota más amarga, quizá, sea la política. A pesar de tratarse de una pelea técnica que inició con Gobiernos conservadores, la disputa entre el magnate y la presidenta había adquirido otra dimensión por un enfrentamiento ideológico que ya inició en la etapa final de López Obrador, que puso en la evasión su línea roja. La victoria es, pues, doble para el Ejecutivo, que no solo ha logrado imponerse en los tribunales sino también en la conversación pública nacional. Lo hace a regañadientes, pero Salinas Pliego pagará.
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