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El América vuelve a un remodelado Estadio Azteca con ‘roomies’ y quejas por precios excesivos

La renovación del Coloso de Santa Úrsula con miras al Mundial impacta en la relación entre el club y su afición

El Estadio Azteca en Ciudad de México, el 28 de marzo de 2026. Rodrigo Oropeza (Getty Images)

Hace casi dos años que el Club América no pisa su casa. El Estadio Azteca, ahora con un nuevo nombre y un interior renovado, reabrió sus puertas hace dos semanas a la selección mexicana con la promesa de modernidad rumbo al Mundial de 2026, para hacer historia en junio al albergar por tercera vez una inauguración del torneo más importante del fútbol. Este sábado, el Coloso de Santa Úrsula vuelve también a la actividad en la Liga MX compartiendo cancha entre tres clubes, el América, como anfitrión, y sus dos roomies, Cruz Azul y Atlante. La ilusión y expectativa que levantó el regreso a casa de las Águilas entre la afición más grande del país se ha roto al ver los precios. Las entradas para el juego de este sábado contra el Azul llegan a costar hasta 9.113 pesos, una cifra cercana al salario mínimo mensual en México.

La última vez que el América jugó en el Azteca fue también en un Clásico Joven. Era la final del Clausura 2024 y un partido por el bicampeonato. Entonces, el boleto más caro rondaba los 4.000 pesos. Dos años después, el precio más alto supera el doble, un aumento que le pone cara a la transformación del recinto, que va más allá de las obras: menos nostalgia, menos pueblo y más negocio.

Ulises Torres, sociólogo del deporte de la FES Acatlán de la UNAM, atribuye el encarecimiento a dos factores: “El Mundial y la necesidad de recuperar la inversión de la remodelación, y un proceso de gentrificación cultural del deporte”. Este último, que separa a los seguidores tradicionales, no es exclusivo del fútbol. Lo equipara con lo que le pasa desde hace unos años con la lucha libre o el boxeo, que han cambiado hacia un público extranjero y más exclusivo. En el caso del Azteca, “el usuario final es quien termina cargando el costo de la remodelación”, apunta.

Axel Sabanero, tiene 29 años y los últimos 25 ha ido al Azteca para ver al América, con abono, con la barra, con familia y amigos. Este sábado no lo hará. “Se fueron estratosféricos, son precios irreales, como de Mundial”, reclama. “No es solo el boleto: hay estacionamiento, comida, transporte. Son muchos gastos extra”, explica. Recuerda que antes, con entrada incluida, gastaba unos 2.000 pesos en cada visita al estadio. “Ya no es el fútbol de la gente, ahora se vende como un servicio premium”, lamenta. El cambio lo ha percibido sobre todo en las gradas: “El grupo que va al estadio cambia según lo que pueda pagar”.

Sabanero considera además que, para un partido regular, los precios no se justifican. Un reclamo que se ha extendido entre los aficionados en las redes sociales: “Le están faltando el respeto a la afición”, “es un abuso”, “es absurdo pagar estos costos, mejor lo veo en televisión”. Al descontento se suma el servicio de estacionamiento, que se vendió en 1.139 pesos por lugar. Esta es una de las zonas que no ha terminado de renovarse de cara al torneo, y los pocos sitios disponibles se ofertaron para este encuentro por el triple de lo que costaban antes del parón por las obras.

La remodelación empezó en junio de 2024, poco más de dos años antes de la Copa del Mundo. Las obras, que inicialmente prometían cambios exteriores, se concentraron finalmente en el interior con renovación del césped, butacas y vestidores, instalación de 2.000 luces LED, 200 cámaras de vigilancia y un millar de puntos wifi. La capacidad quedó en 87.400 espectadores, con un porcentaje mayor de áreas exclusivas. También se habilitaron nuevas zonas VIP y hospitality, pensadas para elevar la recaudación mediante experiencias premium. La cirugía, aunque limitada, fue financiada por Banorte, el banco mexicano que aportó 2.100 millones de pesos en forma de préstamo, a cambio de que el recinto se rebautizara con su nombre.

Los precios reflejan esa apuesta. Para el Clásico Joven del sábado, las entradas van desde 683 pesos en las cabeceras altas hasta 9.113 pesos en la sección más exclusiva, Premium A Chairman’s Club. Ese boleto incluye acceso a una zona subterránea con alimentos y bebidas, y la posibilidad de ver a los jugadores salir de vestidores hacia la cancha. Entre ambos extremos, las zonas medias superan los 1.000 pesos. La tensión entre esa modernización y la accesibilidad es, según Torres, un cambio que implica pasar “de un modelo de espectáculo a otro”. El impacto inmediato, dice, será la separación social. “El grupo social que asiste cambia en función del ingreso que puede soportar ese gasto. La inconformidad es natural y necesaria”, explica, aunque considera que la tendencia de precios difícilmente tendrá marcha atrás.

Torres reclama que el encarecimiento debería ir acompañado de mejoras tangibles, para aminorar ese impacto. “El esfuerzo económico del aficionado debe corresponderse con el espectáculo ofrecido. Si el costo aumenta, los servicios complementarios también deben mejorar. El precio tiene que estar justificado por la experiencia”. Samanero, americanista apasionado, vislumbra volver al Estadio de su equipo una vez que disminuyan los precios. Aun así, le da su lugar como el mayor templo del fútbol mundial: “El estadio tiene vida propia, la gente es la que le da vida. Cuando está lleno, el estadio es uno más en la cancha”.

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