Ir al contenido
_
_
_
_

A oscuras, con el agua al cuello y una espera agónica: los 13 días bajo tierra de un minero en Sinaloa

El operativo de rescate de los cuatro mineros de Santa Fe es un sube y baja de emociones y desgaste físico, tras el hallazgo de dos vivos y uno muerto

Francisco Zapata es rescatado de la mina Santa Fe, en Sinaloa.Stringer (REUTERS)

Al decimotercer día, ocurrió el milagro. Uno de los trabajadores atrapados en Sinaloa en el derrumbe de una mina de oro salió vivo de la oscuridad. Su rescate, para el que hubo que enviar a un equipo de buzos, alumbró la esperanza de los que esperaban afuera sin saber si estaba vivo o no. Hoy, la incertidumbre se mantiene, pues falta un trabajador sin localizar, mientras sus compañeros colaboran con las autoridades para dilucidar cómo meterse por un entramado de túneles en zigzag tierra adentro. Francisco Zapata Nájera estaba consciente cuando una cabeza asomó de debajo del agua y le preguntó si estaba bien.

-¿Qué tal? ¿Qué tal? Ejército mexicano, batallón de atención de emergencias. ¿Cómo te llamas? —es lo primero que escuchó el minero que pudo salir a la superficie este miércoles, tras 13 días bajo tierra.

-Francisco Zapata Nájera.

-Muy bien, Zapata. Venimos en tu ayuda.

El trabajador, a pecho descubierto, estaba sumergido en el agua hasta la cintura. Lúcido y coherente, contó ahí mismo a los rescatistas que el nivel de agua había alcanzado hasta casi el techo de la gruta. “Me llegó hasta el cuello”, dijo después el propio Zapata. Una linterna alumbra a su espalda, donde se ve un manto de grandes rocas que cubren todo el espacio hasta arriba. El minero, que fue atendido después de un cuadro severo de deshidratación, ayudó sin saberlo a su rescate. La luz que él mismo mantenía prendida bajo el agua guio a los militares hasta donde estaba él. La mina alcanza hasta 300 metros de profundidad si se mide en línea recta hasta lo que se conoce como el punto cero, pero la sucesión de túneles zigzagueantes se extiende por al menos 3,2 kilómetros. Algunas zonas están sumergidas. Tanto así que los mineros atrapados estaban en puntos distintas y no sabían los unos de los otros. El mismo día que salió Zapata por su propio pie, un compañero fue sacado muerto. Una semana antes, otro fue rescatado vivo, con síntomas de desorientación.

¿Cómo se sobrevive tantos días bajo tierra? “Los mineros son resilientes, conocen bien la zona, los puntos de hidratación y de auxilio”, explica Roy Navarrete, coordinador estatal de Protección Civil. Su familiaridad con el entorno alimentó la esperanza desde el inicio de que los cuatro trabajadores serían encontrados con vida y más cuando a los cinco días del derrumbe, el 30 de marzo, a las 00.25 horas, fue localizado José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años.

Solo los mineros conocen el diseño de los túneles, los contrapozos que permiten la circulación de aire y los espacios que mantienen niveles de oxigenación posibles al interior. Dentro de la mina hay sitios especiales para la oxigenación y la hidratación, algo que todos conocen o deberían saber de memoria. La temperatura en el interior puede caer hasta los 23 grados, cuando en el exterior supera los 30. Ese contraste en el clima facilita la humedad dentro de la mina y, eso, ralentizó la deshidratación. El problema más desafiante para el rescate ha sido, hasta ahora, abrirse paso hasta los atrapados.

Todo comenzó el 25 de marzo, cuando un derrumbe alteró la operación de la mina de oro. Ese día había 25 trabajadores en el interior y solo 21 lograron salir. Una presa de jales, que es una estructura propia de las minas en donde se acumulan residuos de la operación, que pueden ser líquidos o sólidos e incluye lodo, se rompió vertiendo todo el material hacia los túneles. Uno de los peores desastres de la historia local de la mina Santa Fe, en Chele, Rosario, al sur de Sinaloa. “El jale es un material manejable para el ser humano, no es tóxico”, cuenta Navarrete. No obstante, “se trata de un material pesado”.

Esa mole de residuos cubre el suelo de los túneles e impide caminar libremente. Para avanzar, los rescatistas han instalado estructuras de madera que les permiten desplazarse poco, pero han encontrado acumulación de jale hasta en los niveles más bajos de la mina. Y es ahí donde han necesitado la ayuda de los que más saben, de los especialistas, de los propios compañeros mineros. Fuera de la mina accidentada, hay un campamento provisional de militares especialistas en rescate, buceo y protección civil. Pero también una veintena de los trabajadores que se dedicaban hasta hace unos días a extraer oro. “Son compañeros de distintas partes de la república, que viven ahí -en Chele- y que no han parado de buscar”, destaca el coordinador de Protección Civil de Sinaloa. Las familias han permanecido cerca del sitio, haciendo guardia día y noche, esperando un rescate o al menos algo de información de las autoridades. “Ellos viven ahí, se dan cuenta de todas las acciones que no han dejado de parar día y noche”, defiende Navarrete.

Desde el momento en que se tuvo conocimiento del accidente, la intervención fue asumida por el Gobierno Federal. Se instaló un sistema de comando al que catalogan como “unificado interinstitucional”, que incluye a la Coordinación Nacional de Protección Civil, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Comisión Federal de Electricidad y a los trabajadores de Santa Fe. Más de 300 rescatistas han participado en distintas tareas, desde perforaciones, instalación de más de tres kilómetros de cableado eléctrico, refuerzo de estructuras en zonas críticas, inspecciones con cámaras, recorridos con perros de búsqueda y sondeos para detectar señales. Hay hasta voceros para las familias de los hombres que quedaron atrapados, así como cocineros y animadores en medio de la incertidumbre.

Las condiciones cambiaron con el paso de los días. Adentro de la montaña hay mantos acuíferos y de ellos brota agua, que se mezcla con el lodo acumulado en el fondo de la mina. El nivel llegó a superar los 30 metros, según reportes técnicos. Por eso, dejarla solo podría empeorar la situación. Ahí entraron los especialistas de la Comisión Federal de Electricidad, que instalaron bombas de succión de agua. Estas requerían suministro eléctrico en zonas húmedas, por lo que se instalaron líneas dentro de la mina para operar el equipo, mientras geólogos analizaban las condiciones de estabilidad y riesgo. Ha sido enfrentar a la propia naturaleza, lastimada y que parece estar enojada, pues cada vez que sacan agua, la montaña suelta más.

Dentro de la mina se ha vuelto imposible avanzar por ciertas zonas dado el nivel de inundación, por eso se tomó la decisión de incorporar buzos al operativo. Fueron ellos quienes lograron llegar a áreas donde el acceso terrestre era inviable y localizaron a Zapata Nájera. Tras su rescate fue trasladado a Mazatlán para recibir atención médica especializada. Horas después de ese milagro, durante la madrugada del 8 de abril, fue cuando se encontró al tercer trabajador. Pero ya no contaba con signos vitales.

“Hoy falta un minero”, lamenta Navarrete, que no se rinde. “Se están haciendo las acciones correspondientes y tenemos fe”. El operativo ha sido cansado en todos los sentidos, un sube y baja de emociones combinado con el desgaste físico. Hallar a los dos primeros mineros con vida reforzó la expectativa, pero la muerte del tercero modificó el ánimo del equipo de rescate. “Cuando encontramos al primero hubo mucha ilusión de localizar a los otros, luego se llegó al segundo 13 días después y a las horas, al tercero”, recuerda el funcionario.

Pero hay algo que aún sostiene todo: los trabajadores de la propia mina organizados en turnos para abrir el paso incluso a deshoras. “Hacen trabajos de primeros auxilios, de seguridad, para que, dado el caso, ellos sepan sobrevivir, como lo han hecho siempre. Porque ellos y la familia están conscientes de esos riesgos. Ellos son los especialistas y conocen bien la mina y saben trabajar en ella”, subraya el encargado de Protección Civil. En Santa Fe, la oscuridad no ha permitido aún encontrar al cuarto minero. Y para los 300 brigadistas, nadie se mueve mientras eso no ocurra.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_