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Mara Mariño, sexóloga: “Los padres se preocupan más por una denuncia falsa que por dar a sus hijos una educación que evite que se conviertan en potenciales agresores sexuales”

La periodista y activista feminista, que cuenta con casi 200.000 seguidores entre sus cuentas de Instagram y TikTok, publica ‘#S3XPIDEMIA’, un ensayo sobre cómo las redes sociales están perpetuando las violencias machistas

Mara Mariño, sexóloga

La periodista, sexóloga y activista feminista Mara Mariño (Madrid, 32 años) se ha convertido en una referente en el ámbito digital por su labor en promover en redes la importancia de la igualdad en las relaciones contemporáneas. Con casi 200.000 seguidores entre sus cuentas de Instagram y TikTok, ha sido galardonada por el Ministerio de Igualdad con el Premio Menina 2025 por su contribución en la lucha contra la violencia machista como creadora de contenido. En sus vídeos aborda a menudo muchos de los temas que ahora recopila en #S3XPIDEMIA (Loto Azul Editorial, 2025), su primer ensayo sobre cómo la tecnología y las redes sociales están multiplicando, agudizando y perpetuando las violencias machistas.

Hoy a golpe de clic estamos viendo que se puede desnudar a una mujer, violentarla con un comentario, comprar contenidos eróticos en plataformas de explotación sexual”, afirma Mariño. “Y el primer error es pensar en esto como un problema meramente tecnológico, porque, al final, esto es la muestra de cómo el machismo se está adaptando a las nuevas tecnologías para mantener el control y la opresión sobre las mujeres”, denuncia. Durante la conversación por videoconferencia, se muestra especialmente preocupada por el impacto que estas tecnologías pueden tener sobre la población más vulnerable: los niños, niñas y adolescentes.

PREGUNTA. Las adolescentes y jóvenes de hoy están más concienciadas e informadas. Pese a ello, ¿también están más expuestas que nunca?

RESPUESTA. Sí, simplemente tenemos que ir a los datos. Las víctimas de los deepfakes se encuentran mayoritariamente en la franja previa a la mayoría de edad. Es decir, ya a partir de los 12 años y hasta los 17 se convierten en las principales damnificadas porque, por un lado, muchas de estas violencias las perpetran sus propios compañeros de clase y, por otro, también son víctimas potenciales de grooming por parte de hombres adultos que las amenazan o emplean la coerción para conseguir imágenes de ellas. Si no se le pone algún tipo de solución, conforme vaya avanzando la inteligencia artificial lo que vamos a ver es que esto solo va a ir a más.

P. Parecía que, de alguna forma, los hombres avanzaban generación a generación hacia posiciones más feministas. ¿Las redes y la tecnología están suponiendo un paso atrás en ese sentido?

R. Hablamos de unas generaciones que pasan, de media, cuatro horas al día ante las pantallas de dispositivos electrónicos y eso al final es una vía de entrada a una serie de discursos que, como hemos visto, tienden a polarizar bastante a los chicos y a las chicas. Así, mientras que ellas a lo mejor están incorporando referentes que hablan de feminismo, ellos están recibiendo constantemente mensajes misóginos, la idea de que ellos tienen un control o un poder del que padres y madres carecemos, lo que les hace sentirse legitimados.

P. Cuenta en el libro que le cerraron la cuenta de Instagram durante un mes por subir un vídeo suyo haciendo pole dance. Sin embargo, se mantienen activos cientos de perfiles vinculados a la manosfera que esparcen odio hacia las mujeres y cuyo discurso está empapando fundamentalmente a preadolescentes y adolescentes.

R. Lo que estamos viendo es que los algoritmos están legitimando y promoviendo estos contenidos misóginos. Al final, todo esto tenemos que entenderlo dentro de un sistema que es el de la economía de la atención. Es decir, todas las redes sociales se basan en que haya usuarios dentro viendo el contenido, porque eso es lo que les permite meter más impactos publicitarios significativos y obtener más beneficios. Estos contenidos que agitan tanto a los chavales o esos contenidos que se suben con mujeres que son grabadas sin su consentimiento se promueven de una manera que no se hace con un vídeo hablando de buenas prácticas en la relación de pareja. Así que, de alguna manera, se están fomentando esos discursos porque se traducen en beneficios y porque también, no podemos olvidarlo, coinciden más con la visión del mundo de los dueños que están detrás de estas plataformas.

P. Con el tema del bullying pasa que las familias suelen tener miedo de que su hijo lo sufra, no de que lo cometa. ¿Pasa igual con la violencia machista?

R. Sucede una cosa muy curiosa. Cuando subo vídeos a mis redes hablando de cuestiones feministas suelo recibir bastantes comentarios de madres que me ponen cosas del tipo: “Yo estoy muy preocupada porque ahora mi hijo con una denuncia falsa se puede ir a la cárcel”. Por lo que he visto en mis perfiles, hay mucha más preocupación por parte de madres y padres por una hipotética denuncia falsa que pueda afectar a un chaval que la que pueda haber por dar una educación que evite que sus hijos se conviertan en potenciales agresores sexuales.

P. ¿Le sorprende?

R. No, porque esto se debe a que ha habido una estrategia comunicativa muy efectiva para promover este bulo de que lo que más le arruina la vida a un hombre es una denuncia falsa; en vez de poner el foco en lo verdaderamente importante, que es educar a los chavales para que no sean perpetradores de ningún tipo de violencia. Al final, seguimos viviendo en un sistema patriarcal que va muy de la mano con una cultura de la violación que exime constantemente a los agresores de la culpa.

P. En un contexto en el que, además, hay cada vez más menores educándose sexualmente a través del porno desde edades muy tempranas, ¿urge más que nunca la apuesta por la educación afectivo-sexual?

R. Esto tiene que ser algo prioritario. Igual que les estamos enseñando Conocimiento del Medio o Matemáticas, se tiene que empezar a dar una educación digital. Y, sobre todo, se tienen que empezar a crear espacios para hacer intervenciones directas con el alumnado para que ellos entiendan de qué manera esas conductas que están normalizando en redes sociales no están bien, que tienen que dejar de vincularse de esa manera, de reír las bromas, o de mirar hacia el otro lado si lo hace otro compañero. Y a ellas también darles la palabra, poner en valor sus ideas, decirles que al igual que es legítimo que sean escuchadas en clase, también es legítimo que sean escuchadas en internet. Es decir, de alguna manera darles la confianza para que no sientan a la mínima que tienen que alejarse de la espera virtual para no sufrir esa violencia.

P. ¿Qué le recomendaría a las madres y padres para ayudar a sus hijas e hijos en este contexto?

R. Lo primero y fundamental es el pensamiento crítico, hacerles reflexionar sobre los mensajes que reciben en redes. En el caso de los chicos, me parece importantísimo que aprendan a socializar desde la ternura, el cariño, los cuidados y el respeto; y que sepan que ellos pueden ser agentes activos en el cambio, que desde su responsabilidad y su deber como ciudadanos sepan que pueden llamar la atención sobre este tema cuando vean comportamientos reprobables, porque si no se estarán convirtiendo en cómplices.

P. ¿Y en el caso de las chicas?

R. Me parece crucial que entiendan que no tienen que construirse como un objeto. Vivimos en una sociedad tan hiperpornificada que muchas veces a ellas les cala la idea de que para ser relevantes o para ser vistas tienen que seguir una serie de requisitos físicos: ser muy femeninas, explosivas, pero tampoco demasiado… Y parece básico conceptualizar las violencias digitales, porque si a las mujeres per se nos es difícil asumir o aceptar que hemos sido víctimas de malos tratos, incluso con un hombre que nos ha cogido del cuello, imagina lo difícil que es ser consciente de que eres víctima con algo que pasa en el plano online. Ser consciente con algo que no te deja marca física y sobre lo que encima socialmente no existe una percepción de que sea algo grave. Así que cuando pasan casos de este estilo que saltan al plano mediático hay que sacarlos en la conversación, hay que ponerlos sobre la mesa, hay que dejar claro que eso es violencia y que se puede y debe buscar ayuda.

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