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Más de 200 profesionales del arte acusan al INBAL de “opacidad” y “mal uso de la ley” en la gestión de la Colección Gelman

Una carta abierta de la comunidad artística pide al Gobierno que haga públicos los permisos para la salida del país de una treintena de obras protegidas (Fridas, Riveras y Orozcos entre otros) tras la cesión del acervo al Banco Santander

Exposición 'Relatos modernos. Obras emblemáticas de la Colección Gelman Santander', en Ciudad de México, el 6 de marzo.Museo de Arte Moderno de México

La polémica en torno a la Colección Gelman sigue creciendo. Más de 200 profesionales del mercado del arte han alzado la voz para criticar la gestión que el Estado mexicano está haciendo de unos de los acervos de arte moderno más potentes del país. En concreto, acusan al Instituto de Nacional de Bellas Artes (INBAL) de “opacidad” y de fomentar el “mal uso de la ley”. La polémica se desató tras el anunico a principios de año de la salida de México de parte del acervo (unas 160 obras de un total de más de 300) para ser exhibido y custodiado en España por el Banco Santander. Las joyas de la colección, los Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros y, sobre todo, los 18 Frida Khalo están protegidos por una estricta ley de Patrimonio, que obliga al INBAL a supervisar y autorizar cualquier salida del país.

En una primera carta abierta, firmada por curadores y gestores como Cuauhtémoc Medina, Ana Elena Mallet o Mónica Mayer, acusaba al INBAL de “incumplir su mandato” y le instaba a dar más detalles sobre el futuro de las obras. La institución respondió este miércoles asegurando que “ha buscado en todo momento proteger esta colección” y que los detalles concretos se dieron durante la inauguración hace un mes de la exposición temporal de parte de la colección Gelman en el Museo de Arte Moderno (MAM) de Ciudad de México. Es la primera vez que la colección se exhibe en el país desde hace más de 20 años, tras décadas girando por medio mundo por pleitos legales entre herederos.

La directora del INBAL, Alejandra de la Paz, informó el día de la inauguración de la exposición que habían firmado un acuerdo con las dos partes involucradas. Por un lado, los propietarios de la colección, la familia Zambrano, una saga de empresarios de Monterrey. Por otro lado, la “figura de gestión ante la posibilidad de itinerancias internacionales”, es decir, la Fundación Santander, que albergará el acervo en el nuevo centro cultural Faro Santander, que se inaugurará en junio, tras terminar la exposición en el MAM. De la Paz precisó también que la autorización del INBAL tiene una vigencia de cinco años y que se puede renovar. Son 28 obras las que tienen la declaratoria de Monumento Artístico, de las que dijo tener la obligación “de cuidar que se cumplan con todos los aspectos técnicos de conservación”.

La nueva carta publicada este jueves cuestionó la manera “de hacer pública una información de interés general en el marco de una inauguración a puerta cerrada, a la que solo se podía asistir por invitación”. Insisten además en pedir “a las autoridades responsables claridad sobre estos permisos, los cuales han sido otorgados de manera opaca, sin que sea de conocimiento público su fecha de terminación, la identidad de quienes los recibieron o las razones que justifican tales atribuciones”. En concreto, solicitan al INBAL que se hagan “públicos los permisos de exportación de las obras con Declaratoria de Monumento Artístico”. “ No queda claro”, añaden, “a quién se le ha otorgado el permiso de exportación: a los coleccionistas mexicanos, mencionados en el comunicado, o al Banco Santander, que va a “gestionar” la colección. No se sabe, por tanto, quién será el principal responsable del cuidado de la obra”.

El acervo de los Gelman, una misteriosa pareja de millonarios europeos que llegó al país a mitad del siglo pasado, ha estado rodeado de intrigas desde muy pronto. Sobre todo desde la muerte del marido, Jacques Gelman, un poderoso productor de cine, y la entrada en escena del curador estadounidense Robert R. Littman. Una figura clave que contribuyó a aumentar la colección como asesor de confianza de Natasha Gelman. Pero las cosas se fueron enredando más tras la muerte de la viuda a finales de los noventa. Littman anuncia que el testamento establece que él es el albacea y que la colección debía quedarse en México. Tras un intento fugaz de alojarla en un museo del país a principios de este siglo, una lluvia de supuestos herederos empezaron a pelear por los derechos del acervo. Fue entonces cuando Littman puso a girar la colección por medio mundo. La última noticia que se tenía de la colección era que en 2024 Sotheby’s puso a la venta un lote con varias obras de la colección. Entre ellas, obras de David Alfaro Siqueiros y María Izquierdo, protegidas por la ley de Patrimonio mexicana. El Gobierno paralizó la subasta.

La carta de los 200 profesionales del arte apunta también a que “tras el cambio de propietario, la colección pudo haber encontrado condiciones para quedarse en México, para el disfrute del público y para el potencial desarrollo cultural de nuestro país” Y cierran con un último recado: “Las instituciones culturales del país deben velar por el cumplimiento cabal de la ley, y no fomentar el mal uso de la misma basándose en interpretaciones a modo que privilegian a un grupo empresarial sobre el resto de la ciudadanía”.

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