Las Madres de Plaza de Mayo completan su ronda número 2.500 y mantienen viva la memoria de los desaparecidos en Argentina
Las mujeres que comenzaron a reunirse el 30 de abril de 1977 para pedir por sus hijos secuestrados por la dictadura nunca abandonaron la plaza. En el Gobierno de Milei, expanden sus reclamos
En 1977, cuando la dictadura militar argentina ya desplegaba sus prácticas de terror sobre todo aquel que era identificado como subversivo, las madres de aquellos jóvenes que habían sido secuestrados por las fuerzas de seguridad estatales y permanecían desaparecidos comenzaron a frecuentar iglesias, comisarías e instituciones oficiales buscando respuestas. De tanto cruzarse en esos sitios, identificaron que la suya era una búsqueda compartida y decidieron reunirse en la Plaza de Mayo, frente a la Casa de Gobierno. Se sentaban en los bancos de a pequeños grupos, disimulando las conversaciones con los tejidos que apuraban en las manos. Un día la Policía les exigió que circularan porque el estado de sitio no permitía las reuniones de tres o más personas en la vía pública y entonces empezaron a caminar en ronda alrededor de la Pirámide de Mayo, agrupadas de a dos, tomadas del brazo. En ese acto inauguraron una tradición que este jueves alcanzó un nuevo hito: a días del 50° aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, las Madres de Plaza de Mayo completaron su ronda número 2.500.
Quienes encabezan hoy la organización Madres de Plaza de Mayo llegaron en una furgoneta al centro de la plaza y fueron recibidos con cánticos y aplausos por las personas que se habían reunido para esperarlos, un grupo relativamente pequeño de autoconvocados. Ubicados detrás de una bandera azul que decía “La falta de trabajo es un crimen”, dieron dos vueltas a la Pirámide de Mayo y tomaron el micrófono para dar unos discursos breves. Pina de Fiore, de 94 años, esperó en un costado sentada en su silla de ruedas y, cuando tuvo oportunidad de hablar, recordó el episodio que la mantiene todavía allí cada jueves a las 15.30: el día que la brigada de Quilmes secuestró a su hijo Enzo, que permanece desaparecido. “Se lo llevaron de mi casa, me acuerdo del momento perfectamente. Mi madre vivió hasta los 100 y yo todavía espero vivir más para seguir viniendo a recordarlo”, dijo.
Desde esta plaza las Madres llamaron la atención del mundo y acudieron a los medios internacionales para, en plena dictadura, visibilizar una situación clandestina y romper el cerco informativo local. “Nosotras, que somos argentinas, vivimos en Argentina, les podemos asegurar que hay miles y miles de hogares sufriendo mucho dolor, mucha angustia, mucha desesperación y tristeza porque no nos dicen dónde están nuestros hijos, no sabemos nada de ellos”, dijo Marta Moreira de Alconada Aramburú, en una intervención histórica, a un periodista holandés que había llegado a Argentina para cubrir el mundial de 1978. “Sentimos angustia porque no sabemos si están enfermos, si tienen frío, si tienen hambre. No sabemos nada —siguió—. Y desesperación, señor, porque ya no sabemos a quién recurrir”.
Durante los primeros encuentros, que se iniciaron exactamente el 30 de abril de 1977, las madres usaban un clavo en el ojal del saco para identificarse, pero en un momento necesitaron algo más llamativo y decidieron enmarcarse la cara con los pañales de tela que guardaban de sus hijos, a modo de pañuelo. Esto se convirtió en el símbolo definitivo de las Madres, hoy convertido en tatuaje de muchos militantes y pintado sobre el suelo de la plaza en toda la circunferencia del monumento principal, como si fuera una ronda permanente. Algunas madres también buscaban a sus nietos —capturados junto a sus padres o sospechados de haber nacido en cautiverio durante el secuestro de sus madres—, lo que fue el germen de Abuelas de Plaza de Mayo, una organización que preside Estela de Carlotto y al día de hoy ha restituido 140 identidades.
Las “locas de Plaza de Mayo” fueron las inesperadas adversarias del régimen militar, que intentó con los métodos más crueles replegarlas. Tres de las Madres fundadoras —Azucena Villaflor, Esther Ballestrino de Careaga y Mary Ponce de Bianco— fueron secuestradas, torturadas y arrojadas vivas al Río de la Plata en el marco de una práctica de los militares que se conoció como “los vuelos de la muerte”. Aun así, siguieron adelante, viajaron al extranjero para contar lo que sucedía en su país, presentaron denuncias ante organismos internacionales y, cuando el país recuperó la democracia, en 1983, dieron testimonio y fueron el ariete para derribar la impunidad de los represores.
La muerte en 2022 de Hebe de Bonafini, presidenta histórica de Madres de Plaza de Mayo, dejó sin su figura fuerte a esta organización, que en las últimas décadas se ha identificado con el kirchnerismo e involucrado con causas que van mucho más allá de la que las motivó inicialmente. En la plaza este jueves hubo carteles y reclamos por el modelo económico de Javier Milei y los despidos en empresas que cierran, por la situación precaria de los jubilados, por el encarcelamiento de Cristina Kirchner y por justicia para el fotógrafo Pablo Grillo, baleado hace un año por fuerzas de seguridad durante una manifestación.
Carmen Arias, que es hermana de un desaparecido y preside la organización tras la muerte de Bonafini, dice que Madres de Plaza de Mayo es una “organización política” y no ya una organización de derechos humanos y que por eso prefieren llamar “marcha” a las vueltas de cada jueves en la plaza en lugar de “ronda”: “Hebe decía que la ronda da vueltas siempre en el mismo lugar, y la marcha sigue”, apunta. Este posicionamiento ha generado fracturas internas, de las cuales es producto la organización Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora, que también se hizo presente en la plaza este jueves. A cierta distancia de la columna principal, completó sus rondas leyendo uno por uno los nombres de los hombres y mujeres desaparecidos por la dictadura, coronados por un “¡presente!”.
La ronda 2.500 tiene lugar a pocos días del aniversario número 50 del golpe militar que inauguró la dictadura y en un contexto en el que las ideas negacionistas reverdecen, alentadas desde la propia estructura de la Casa Rosada. El gobierno de Milei ha sido muy efectivo no solo rescatando discursos que suavizan la responsabilidad de los militares con la tesis de una guerra entre iguales, sino también desmantelando o desfinanciando instituciones relacionadas con la memoria histórica. La convocatoria en torno a la ronda 2.500 fue una señal de respaldo a una causa de memoria, verdad y justicia que permanece activa a pesar del tiempo. También, un anticipo de lo que se verá el 24 de marzo próximo, cuando se espera que la sociedad argentina mantenga su tradición de sumarse masivamente a la plaza que hace 49 años las Madres erigieron como bastión de resistencia.
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