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Las abuelas y las madres de la Plaza de Mayo reciben en Madrid el premio Abogados de Atocha: “La memoria tiene que ser fértil”

El colectivo argentino ha sido reconocido por trabajar por la búsqueda y la restitución de la identidad de los hijos y nietos secuestrados o nacidos en cautiverio durante la dictadura en el país sudamericano

“La memoria tiene que ser fértil y producir hechos importantes”, dice con convicción Sara Mrad, una de las representantes de las abuelas y las madres de Plaza de Mayo. Este colectivo nació en 1977 para buscar a los hijos y nietos apropiados durante la dictadura argentina en los años setenta. Tras casi medio siglo de intenso trabajo en el que han logrado la restitución de 140 identidades, su historia sigue cruzando fronteras para sensibilizar sobre la importancia de defender las causas sociales. Representantes de la asociación han recibido este sábado en Madrid el premio Abogados de Atocha, un reconocimiento por ser símbolo mundial de lucha por la memoria, la justicia y la reparación.

Sara Mrad, de 75 años, y Carmen Arias, de 84, cubren sus cabezas con un pañuelo blanco ―uno de los símbolos más potentes de la historia argentina―. Originalmente era un pañal de tela que representaba a los hijos secuestrados durante la dictadura cívico-militar. Las dos son testigos de aquella época oscura. Ángel, el hermano de Carmen, y Ana, la hermana de Sara, están desaparecidos desde 1977. La asociación estima que alrededor de 500 hijos de personas desaparecidas que nacieron en cautiverio o fueron secuestrados junto a sus padres fueron apropiados entre 1975 y 1980. Algunos niños fueron entregados a familias cercanas a las Fuerzas Armadas o de seguridad; otros, abandonados en institutos como NN. Son cerca de 300 las identidades que todavía faltan por restaurar, personas que han vivido sin conocer de dónde vienen en realidad. Esta historia tuvo lugar en Sudamérica, pero la lucha por los derechos humanos es universal. El Patronato de la Fundación Abogados de Atocha y CC OO otorgan todos los años, cada 24 de enero, un premio y reconocimientos a aquellas personas o entidades caracterizadas por su defensa de la libertad y de la justicia. Un homenaje a los abogados que fueron asesinados en la matanza de Atocha de 1977. “Esta distinción nos acerca al pueblo de España, que también ha sufrido una represión muy grande”, subraya Mrad. Arias agrega que es una “satisfacción y un orgullo” que un país que no es el propio reconozca la labor que han hecho durante tanto tiempo y les permita hacer eco de su trabajo a las nuevas generaciones.

Las madres buscan a los hijos; las abuelas, a los nietos. La lucha es compartida. “Nosotras luchamos por todos los desaparecidos, socializamos la maternidad”, apunta Sara. A su lado está Leonardo Fossati, de 48 años, quien ha venido en representación de las abuelas de Plaza de Mayo. Él es uno de los nietos que recuperó su identidad gracias a la asociación. Tenía 27 años cuando se acercó a la filial de La Plata, después de que una amiga le hablara sobre las abuelas. Fossati cuenta que siempre tuvo dudas sobre su identidad: no veía parecido físico con la familia que lo crió, sentía sensaciones “difíciles de explicar con palabras”, pero que no le daban paz. Entonces investigó. Una primera versión fue una historia de abandono, pero un examen de sangre que fue analizado en el Banco Nacional de Datos Genéticos ―donde están alojadas todas las muestras de las familias desaparecidas durante la dictadura―, le dieron la verdad. “No me habían abandonado. A mi mamá y a mi papá los secuestraron el 21 de enero del 77 en Quilmes. Mi mamá tenía un embarazo de siete meses”.

Fossati es ahora miembro de la comisión directiva de Abuelas de Plaza de Mayo, uno de los herederos de la causa. Él ha venido en representación de las abuelas originales. “Ya quedan muy poquitas”, comenta. Sobre el premio Abogados de Atocha, ensalza que es un reconocimiento que le viene muy bien a los organismos de derechos humanos. “En Argentina, donde está habiendo voces de negacionismo, que reivindican esta última dictadura cívico-militar, tener el reconocimiento de otros países y de compañeros que acompañan e impulsan la misma lucha es muy importante para nosotros”.

Ese negacionismo, dice Fossati, se ha fortalecido en el gobierno del presidente Javier Milei. Paula Sansone tiene 48 años y su historia tiene un matiz: creció conociendo la verdad. Sus padres eran trabajadores del Banco Central y militantes de la Juventud Trabajadora Peronista. Ellos fueron secuestrados el 26 de marzo de 1977 y ella quedó al cuidado de unos vecinos, quienes la entregaron a sus abuelos. Actualmente, colabora con la asociación Abuelas de Plaza de Mayo, donde coordina la Casa por la Identidad. “Hoy no solo ya no tenemos los recursos del estado, sino que también nos hostiga”, lamenta. Como ejemplo de este hostigamiento, cita ataques constantes en redes sociales y cuenta que los detractores de la asociación acusan de “terroristas” a las personas secuestradas durante la dictadura. Cuando tuvieron el apoyo estatal, recuerda Sansone, las restituciones de identidad fueron mayores. Como consecuencia del corte de esta ayuda en el gobierno de Milei, la asociación ha tenido que buscar otras fuentes de financiación. En su página web han habilitado un espacio para recibir donaciones de personas o entidades que quieran apoyarlos.

Sara Mrad y Carmen Arias siguen a pie de cañón. “Tenemos que seguir en la lucha y preparar a los jóvenes para que ellos la continúen”, dice Arias al tiempo que advierte de que no pueden confiar “ni un poquito” en el gobierno de Milei en Argentina. “Es el peor desde la dictadura”, afirma. Mrad respira profundo y reflexiona: “Cuando uno elige luchar por algo, elige una forma de vida”.

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