Enrique Goñi, presidente de Fundación Telefónica: “No podemos seguir financiando gratis el desarrollo tecnológico de nuestros competidores”
España acumula más de 45.000 vacantes tecnológicas sin cubrir en un momento en que la inteligencia artificial, los datos o la ciberseguridad multiplican la demanda de especialistas


Encontrar talento tecnológico se ha convertido en una de las grandes obsesiones del mercado laboral. Empresas de todos los sectores —desde la banca hasta la industria o la logística— buscan programadores, especialistas en datos o expertos en inteligencia artificial o ciberseguridad, pero cada vez les cuesta más encontrarlos. No se trata de una impresión subjetiva, sino de una realidad que aparece una y otra vez en los datos del empleo.
En España hay actualmente cerca de 45.000 vacantes digitales sin cubrir, según el Mapa del Empleo de Fundación Telefónica, una plataforma que analiza las ofertas laborales vinculadas al sector tecnológico y permite identificar qué perfiles se demandan, en qué ciudades y con qué habilidades. Desarrolladores de software, consultores TIC o técnicos especializados figuran entre los perfiles más buscados, mientras que competencias como cloud, Java o Python aparecen en miles de ofertas de trabajo.
El reto no es solo español. La Unión Europea calcula que necesitará 20 millones de especialistas en tecnologías de la información en 2030, casi el doble de los que hay hoy, para sostener su estrategia digital. Sin embargo, estos profesionales siguen representando una parte relativamente pequeña del mercado laboral: alrededor del 4,8% del empleo en la UE y el 4,4% en España, según datos de la Comisión Europea.
En este escenario, Fundación Telefónica acaba de anunciar un programa de becas dotado con 12 millones de euros para financiar, de aquí a 2028, los estudios de 150 alumnos de máster y doctorado en áreas como inteligencia artificial, ciencia de datos, ciberseguridad o tecnologías cuánticas. Cada beca incluirá ayudas de hasta 80.000 euros para cubrir los gastos de matrícula y estancia en centros de excelencia internacionales. Además, al menos el 30% de las ayudas se reservará a mujeres, en un sector donde ellas apenas representan el 19,5% de los especialistas TIC en Europa.
De todo ello hablamos con Enrique Goñi, presidente de Fundación Telefónica, durante una conversación celebrada el pasado 11 de marzo en la sede de la institución en la madrileña calle de Fuencarral, tras el acto de presentación de este programa de becas.
Pregunta. El programa financia estudios en centros internacionales de excelencia, pero también busca que ese talento regrese a España. ¿Cómo se consigue que quienes se forman fuera quieran volver?
Respuesta. No podemos seguir financiando gratis el desarrollo de nuestros competidores. Durante muchos años hemos formado a profesionales extraordinarios que después han terminado desarrollando su carrera en otros países y fortaleciendo ecosistemas tecnológicos que compiten con el nuestro.
La idea de estas becas es distinta. Queremos que los estudiantes puedan formarse en los mejores centros del mundo —en inteligencia artificial, en ciencia de datos, en ciberseguridad o en computación avanzada—, pero con un propósito claro: que ese conocimiento vuelva después a España y contribuya a fortalecer nuestro propio tejido tecnológico.
P. En España hay decenas de miles de vacantes tecnológicas sin cubrir. ¿Es un problema de formación o de mercado laboral?
R. Un poco de todo. Hoy hablamos de cerca de 50.000 vacantes digitales en España y de alrededor de 1,2 millones en Europa, lo que indica que el desajuste entre la oferta y la demanda es real. Pero no se explica solo por el sistema educativo.
Para competir tecnológicamente hacen falta dos cosas: grandes compañías capaces de liderar proyectos industriales y personas cualificadas que las desarrollen, investiguen y las impulsen. Si una de esas dos piezas falla, el sistema no funciona. En Europa tenemos buenas capacidades tecnológicas, pero a menudo nos falta propósito y escala en la parte industrial. Y en el ámbito del talento necesitamos más foco y más inversión.
P. Cada año salen miles de titulados en ingeniería o informática, pero sigue habiendo escasez de especialistas...
R. El problema es que la demanda está creciendo mucho más rápido que la capacidad del sistema para generar profesionales. La digitalización está transformando prácticamente todos los sectores de la economía y eso está multiplicando la necesidad de perfiles tecnológicos.
Al mismo tiempo, necesitamos muchos más estudiantes en carreras STEM [Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés] y no siempre estamos consiguiendo atraer suficientes vocaciones hacia esos ámbitos. Y hay otro factor importante: la velocidad del cambio tecnológico. Las tecnologías evolucionan muy rápido, mientras que los sistemas educativos necesitan más tiempo para adaptar programas, contenidos o titulaciones.
Esa combinación hace que el desajuste entre lo que demandan las empresas y el número de especialistas disponibles sea cada vez más visible.
P. ¿Qué impide al sistema educativo responder a ese ritmo de demanda tecnológica?
R. Tenemos buenos profesionales y buenas universidades, pero el desafío es muy grande. La digitalización está multiplicando la necesidad de perfiles tecnológicos y eso exige atraer a muchos más estudiantes hacia las disciplinas STEM.
Ahí hay un trabajo importante que hacer desde etapas muy tempranas. Las vocaciones científicas y tecnológicas se fomentan desde la escuela, no solo con discursos, sino también con ejemplos, con talleres y con experiencias que permitan descubrir esas habilidades. Si no ampliamos la base de estudiantes que se interesan por estos campos, será difícil cerrar el desajuste que existe hoy en el mercado laboral.

P. La presencia femenina sigue siendo todavía baja en el ámbito tecnológico. ¿Cómo se puede cerrar esa brecha?
R. El problema empieza mucho antes de la universidad. Las vocaciones científicas y tecnológicas se despiertan muy pronto, en la escuela, y ahí todavía tenemos mucho trabajo que hacer para que más niñas se interesen por estos ámbitos. No basta con decir que la tecnología es importante: hay que acercarla, mostrarla y crear referentes.
Cuando una niña ve que otras mujeres trabajan en ciencia o en tecnología, es mucho más fácil que se imagine a sí misma en ese camino. Si conseguimos ampliar la base de estudiantes que se interesan por las disciplinas STEM desde edades tempranas, también aumentará la presencia femenina en el sector.
P. Las becas de Fundación Telefónica se centran precisamente en áreas muy especializadas como la inteligencia artificial, la ciencia de datos o las tecnologías cuánticas. ¿Estamos entrando en una etapa en la que el valor está en formar especialistas muy avanzados?
R. Necesitamos muchos profesionales y, al mismo tiempo, perfiles muy especializados. Si solo formamos generalistas podremos avanzar en las primeras aplicaciones, pero nos quedaremos cortos. Si tenemos muchos ingenieros de programación o de datos pero muy pocos especialistas en supercomputación o en tecnologías cuánticas, será muy difícil avanzar en esas áreas. Al final, los países que lideren estas tecnologías serán los que consigan formar expertos capaces de trabajar en la frontera del conocimiento.
P. ¿Dónde podrán estudiar los beneficiarios de estas becas?
R. Donde quieran. Pueden ser centros internacionales de excelencia, pero también universidades o centros de investigación españoles. En España hay instituciones magníficas y no partimos de la idea de que lo mejor esté siempre fuera.
Lo importante, en cualquier caso, es el proyecto. El candidato presenta qué quiere estudiar, en qué centro quiere hacerlo y por qué considera que ese es el lugar adecuado para desarrollar ese trabajo. A partir de ahí, un comité evalúa la propuesta teniendo en cuenta criterios de excelencia académica, propósito y compromiso de retorno.
P. En el debate europeo se habla cada vez más de soberanía tecnológica. ¿Qué necesita Europa para competir con Estados Unidos o China?
R. Europa tiene muchas capacidades tecnológicas, pero están muy dispersas. Tenemos talento, centros de investigación y empresas en distintos países, pero a menudo cada uno intenta hacer muchas cosas al mismo tiempo y eso dificulta alcanzar la escala necesaria para competir con Estados Unidos o China. Por eso creo que Europa tiene que priorizar más y concentrar capacidades. No todos los países tienen que hacer todo: hay que decidir en qué áreas queremos liderar y poner ahí capital, talento y proyectos industriales de verdad.
Un ejemplo que me gusta recordar es cómo Europa construyó Airbus. ¿Cómo hicimos aviones? Contratando ingenieros, desarrollando tecnología y creando toda una red de fabricantes de estructuras y componentes alrededor. Ese tipo de cooperación industrial permitió crear un líder mundial. En tecnología deberíamos pensar en algo parecido: concentrar recursos, cooperar más entre países y apostar por proyectos capaces de competir a escala global.

P. Si miramos a 10 años vista, ¿qué profesiones tecnológicas crecerán más?
R. Sin duda todo lo relacionado con la inteligencia artificial, que está empezando a transformar muchos sectores de la economía, pero también todo lo que tiene que ver con la gestión y el aprovechamiento de los datos. A menudo pensamos en ellos solo como algo que se almacena, pero el gran reto será crear espacios que permitan compartirlos y utilizarlos de forma eficiente. Yo suelo decir que ahí estarán los “canales de Panamá de los datos”: las infraestructuras que permitirán que esa información circule y se convierta en valor.
Y, por supuesto, la ciberseguridad: cuanto más digitalizada esté la economía, más importante será proteger los sistemas, las infraestructuras y la información que circula por ellos.
P. A menudo se habla de la necesidad de combinar tecnología y humanismo. ¿Por qué cree que ese debate es especialmente relevante ahora?
R. Porque la inteligencia artificial no es una inteligencia natural, es una inteligencia de réplica que se alimenta de datos. Eso significa que reproduce patrones a partir de la información con la que se entrena, y por eso es tan importante quién la diseña y con qué visión.
Si quienes desarrollan esa tecnología no tienen una formación humanista, corremos el riesgo de crear sistemas muy potentes desde el punto de vista técnico, pero desconectados de las necesidades reales de las personas. Por eso creo que los tecnólogos del futuro no solo deberían dominar la programación o el análisis de datos, sino también disciplinas como la filosofía o la sociología.
P. Cuando habla con jóvenes que quieren dedicarse a la tecnología, ¿qué tipo de futuro laboral buscan hoy?
R. El salario sigue siendo importante, claro, pero cada vez pesa más el propósito del trabajo y la posibilidad de seguir aprendiendo. En el sector tecnológico eso es especialmente evidente, porque el conocimiento cambia muy rápido y nadie puede quedarse quieto mucho tiempo. Muchos jóvenes buscan entornos donde puedan crecer, experimentar y participar en proyectos que tengan impacto. Y también valoran la flexibilidad o la conciliación, que forman parte de una forma distinta de entender el trabajo.
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