El estigma de la cesárea: “Te sientes menos valorada cuando otras mujeres dicen: ‘Pero no lo has parido”
El entorno familiar y las amistades son, en numerosas ocasiones, el núcleo duro de los comentarios que más daño hacen a embarazadas y madres. Concienciar sobre las causas que pueden llevar a esta cirugía es clave para evitar juicios precipitados

Dar a luz, traer una vida al mundo, es algo igual de salvaje, increíble y asombroso, ya sea mediante un parto vaginal o una cesárea. Sin embargo, esta intervención quirúrgica todavía hoy convive con el estigma de ser un parto de segunda. Esto es algo que persigue a muchas mujeres, que se sometieron a esta cirugía por estar en riesgo la vida del bebé, la suya o por una decisión médica que escapó de su control, sin que ellas pudieran decidirlo.
El número de cesáreas que se realizan al año en el mundo ha ido en aumento. Según el estudio Global epidemiology of use of and disparities in caesarean sections, publicado en la revista médica The Lancet, en 2018, las cesáreas casi se duplicaron en 15 años. En el año 2000, se realizaron 16 millones de cesáreas en todo el mundo; en 2015, esta práctica se elevó hasta los 30 millones. En el caso de España, en el año 2022 el porcentaje medio de cesáreas fue del 22,4% en los hospitales públicos y de un 34,5% en los hospitales privados, según el Informe anual del SNS 2023, últimos datos publicados.
Para Mercedes Herrero, ginecóloga y obstetra, este aumento en las tasas de cesáreas es multifactorial y va unido al aumento de riesgo obstétrico; por eso, la edad de las mujeres en el momento de su maternidad es el primer factor que influye de forma determinante: “En España estamos en una edad media materna de las gestantes de las más altas de Europa, 32,6 años, con un 40% de los nacimientos en mujeres de más de 35 años”.
Otro de los factores es que cada vez son más los embarazos conseguidos por técnicas de reproducción asistida. “Estas mujeres suelen tener más edad y pueden tener otras patologías asociadas, que contribuyen a la infertilidad”, sostiene la experta. También hay que tener en cuenta como factores que influyen, según explica Herrero, el aumento de patologías previas como alteraciones tiroideas, diabetes, hipertensión, enfermedades autoinmunes, de la coagulación y otras patologías, que se asocian a un mayor riesgo de alteración del desarrollo fetal, lo que puede llevar a terminar la gestación por cesárea.
Por último, “en los casos de gestación múltiple, también es más frecuente el parto por cesárea y estos aumentan con las técnicas de reproducción y con la edad materna”, explica la obstetra.

Laura Romero es de Almería, tiene 38 años y dio a luz a sus hijas cuando tenía 32 y 35. Ambos partos acabaron en cesárea. Romero se había preparado durante todo su embarazo para un parto vaginal y no pudo evitar sentir decepción cuando no pudo ser: “Fue una desilusión”. “Durante todo el embarazo deseas que llegue ese momento y que sea un parto natural”, explica esta mujer. “Me preparé todo lo que pude con ejercicios enfocados a suelo pélvico, posturas para el momento de los pujos… Fue decepcionante cuando supe que iba a ser cesárea y encima vas a un quirófano sola y el papá tiene que quedarse fuera”, lamenta.
Precisamente, esa falta de humanidad en las cesáreas es algo que se está combatiendo y que ha influido en la percepción negativa que se tiene de la misma. “Ya es más habitual que la pareja esté en quirófano, que se haga piel con piel con la madre, siempre que sea posible”, retoma Herrero. “En ocasiones, la emergencia no lo permite, pero siempre habrá tiempo después para explicar todo el proceso con calma”, agrega.
Esa sensación que tuvo Laura es la que sienten muchas mujeres cuando se enfrentan a una cesárea, y en ello tiene mucho peso la visión negativa y la presión que hay a nivel social: “Te sientes menos valorada cuando otras mujeres dicen: ‘Pero no lo has parido”. “Es doloroso”, admite Romero.
La experiencia de esta madre almeriense coincide con situaciones que muchos profesionales sanitarios observan a diario en las salas de partos. “Existe cierta percepción de que la cesárea es un fracaso del parto o una opción menos deseable, y eso puede generar culpa o frustración”, explica Elisa Llurba, jefa del Servicio de Obstetricia del Hospital Vithas Barcelona y profesora de Obstetricia y Ginecología en la UAB. “Sin embargo, desde el punto de vista médico, la cesárea es una intervención quirúrgica que ha salvado innumerables vidas maternas y neonatales y que, cuando está indicada, forma parte de una buena práctica obstétrica”, añade esta especialista. Recuerda que “el objetivo principal es siempre la seguridad y el bienestar de madre y bebé” y que “en muchos casos, la cesárea es la mejor decisión clínica en un momento determinado del parto”.
El entorno familiar y las amistades son, en numerosas ocasiones, el núcleo duro de los comentarios que más daño hacen a embarazadas y madres. “Aún hoy tengo que escuchar, a veces, a algún familiar que hace comentarios peyorativos del tipo: ‘parir por cesárea no es parir’”, admite la ginecóloga Herrero, que reconoce, no obstante, que “por suerte, son los menos, aunque nos queda mucha didáctica por hacer al respecto”.
En algunos casos, las críticas provienen de las propias mujeres, algo que puede resultar especialmente doloroso. “Muchas mujeres juzgan a otras mujeres porque no han tenido un parto vaginal. Parece que hay partos de primera y partos de segunda, que el parto vaginal sigue siendo la medalla de oro y que quien tiene una cesárea parece que no ha parido”, lamenta la ginecóloga y obstetra Marimer Pérez.
Concienciar sobre las causas que pueden llevar a una cesárea es clave para evitar juicios precipitados. “A veces es necesaria porque el bebé no se ha girado, porque no cabía por vía vaginal o porque su latido no ha aguantado el trabajo del parto. Es una injusticia tremenda que se siga venerando tanto el parto vaginal para todas esas mujeres que no han podido”, señala Pérez, que recuerda que “las cesáreas necesarias salvan vidas, tanto de madres como de hijos”. En otros casos, además, se trata de cesáreas programadas por motivos médicos, que también son partos.
Tener expectativas muy idealizadas es otro factor que puede aumentar la frustración. “En el parto es fundamental ajustar las expectativas. Una cosa es la idea que se tiene y otra cómo se desarrollan los acontecimientos. De hecho, ni siquiera los propios profesionales lo sabemos”, apunta Herrero. Por eso, subraya Llurba, es clave “la información previa y el acompañamiento emocional a la mujer y a su familia. Explicar bien por qué se indica una cesárea y cómo se va a desarrollar ayuda mucho a que la experiencia del nacimiento se viva de forma positiva”.
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