Netanyahu, en la diana por prometer una gran victoria en Irán y recibir un alto el fuego a sus espaldas
La oposición carga contra el primer ministro israelí, mientras el mandatario insiste en que Israel tiene el “dedo en el gatillo” y volverán a combatir contra los iraníes si es necesario

Un mensaje en hebreo comenzó a circular por las redes sociales en la madrugada de este miércoles, cuando Donald Trump anunció el alto el fuego de dos semanas con Irán que implica la reapertura del estrecho de Ormuz: “Recuerda que pasaste 40 días bajando a los refugios solo para abrir una ruta marítima que siempre había estado abierta”. El texto refleja la estupefacción y enfado de la población al contemplar cómo las hostilidades que Benjamín Netanyahu inició el 28 de febrero junto a Donald Trump, augurando una victoria definitiva y el fin del régimen en Teherán, han cesado abruptamente sin cumplir uno solo de los objetivos y tras unas negociaciones en las que el primer ministro no ha tenido voz ni voto.
Netanyahu tardó 18 horas en dirigirse a la nación y en pronunciarse en hebreo sobre un asunto tan crucial. Hasta ese momento, se había limitado a emitir un comunicado en inglés. Su comparecencia, a última hora del miércoles, ni ha aportado novedades ni cambia el estado de ánimo político y social. Insistió en que el cese de las hostilidades no supone el fin de la guerra con Irán y que volverán “a combatir si resulta necesario”. “Tenemos el dedo en el gatillo”, ha señalado.
En medio de llamamientos a su dimisión, insistió en que Israel es “la parte vencedora” y ridiculizó a quienes rechazan reconocer los “tremendos logros” militares en Irán previos a la tregua.
La misma oposición política que abrazó con entusiasmo su ardor bélico le reprocha ahora en tromba su irrelevancia, fallo de cálculo y prolongado silencio. La sensación, a izquierda y derecha, es que no hacían falta alforjas para este viaje. El pato lo está pagando Líbano. En pleno tira y afloja sobre su inclusión en el alto el fuego, el ejército israelí ha matado allí a más de 250 personas, en su mayor oleada de bombardeos de la guerra y la enésima huida hacia delante bélica de Netanyahu, que puede torpedear un alto el fuego labrado a sus espaldas.
El cese de las hostilidades deja en mal lugar al dirigente a apenas seis meses de unas elecciones en las que ningún sondeo le augura la reedición de su coalición con ultraortodoxos y ultranacionalistas y uno reciente da incluso a los partidos judíos de la oposición la mayoría justa para desbancarlo del poder. Un alto cargo israelí citado por la televisión pública ha señalado bajo anonimato que la comunicación del acuerdo fue una “sorpresa” y llegó “en el último momento, cuando todo parecía cocinado”. Netanyahu lo ha desmentido en su comparecencia, hablando de una decisión “coordinada” con Washington que casa mal con los precedentes.
El ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, le acusó el martes de haber intentado sabotear sus esfuerzos de mediación, atacando Teherán cuando “ambas partes estaban a punto de sentarse a negociar”. Y, según el medio digital Axios, telefoneó el lunes a Trump para exhortarle a no acordar un alto el fuego y seguir combatiendo, mientras el ejército israelí apretaba con bombardeos contra todo tipo de infraestructuras civiles, como puentes, centrales petroquímicas y universidades.
Tampoco la hemeroteca ayuda al primer ministro. En junio de 2025, tras iniciar otra guerra con Irán a la que se acabó sumando EE UU y duró 12 días, vendió “una victoria histórica que perdurará por generaciones”. Israel, dijo, “eliminó dos amenazas existenciales” de “aniquilación” por armamento nuclear y 20.000 misiles balísticos.

En vez de generaciones, el triunfo duró ocho meses. El 28 de febrero, Israel y EE UU lanzaron una nueva guerra, otra vez en medio de negociaciones con Teherán para evitarla. En el bombardeo sorpresa inicial, mató al líder supremo iraní Ali Jameneí, y a otros dirigentes políticos y militares. Todos los partidos del Parlamento, salvo los árabes, y una inmensa mayoría de la población judía apoyaban la campaña. Una encuesta del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional de la Universidad de Tel Aviv situaba el respaldo en el 91%. Otra, del centro de análisis Instituto para la Democracia de Israel, lo elevaba al 93%.
El momento de la verdad
Era el momento de las grandes palabras —a menudo trufadas con referencias bíblicas— y de los llamamientos a los iraníes a salir a las calles y hacerse con el poder. “Tenemos un plan organizado con muchas sorpresas para desestabilizar el régimen y propiciar el cambio, y muchos más objetivos […]. Al pueblo iraní os digo: Se acerca el momento de la verdad y, si os levantáis, no estará lejos el día en que Israel e Irán volverán a ser valientes amigos”, aseguraba Netanyahu aún el 7 de marzo.
Con el paso de las semanas, las autoridades políticas y militares de Israel se encontraron con pocos logros que capitalizar: presentando con épica bombardeos sobre objetivos antes dados por “neutralizados”, desviando el foco a las lanzaderas iraníes destruidas (que pueden reconstruirse en días o incluso horas) mientras racionaban interceptores de misiles, y comprobando, día tras día, cómo el plan de tumbar el régimen desde el aire resistía peor el test de la realidad que su presentación en la Casa Blanca.
Netanyahu empezó a recoger cable con el cambio de régimen (“Al final, depende de los iraníes”, dijo) y comenzaron las filtraciones repartiendo culpas, señalando un culpable: el jefe de los famosos servicios secretos en el exterior, el Mosad, David Barnea, por haber supuestamente vendido un cambio de régimen irrealista. El ministro de Exteriores, Gideon Saar, admitía la semana pasada que no podía “prometer” que esta sea “la última guerra” con Irán.

El apoyo popular bajó. En la última encuesta del Instituto para la Democracia de Israel, la semana pasada, caía ya al 78% entre la mayoría judía. El descenso era más pronunciado entre quienes lo respaldaban “claramente” al principio. Mientras, crecía el rechazo, del 4% a casi el 11%, reflejado en la mayor manifestación contra la guerra, en Tel Aviv.
Este miércoles, el anuncio del alto el fuego, con Netanyahu esperando la decisión del emperador Trump como un gladiador en el coliseo en las películas de Hollywood, ha transformado las dudas en críticas feroces. La oposición reprocha al primer ministro haber prometido una victoria clara que ha acabado pariendo un ratón.
La corresponsal diplomática de la televisión pública israelí, Gili Cohen, expresaba así el sentir general: “El presidente estadounidense sigue haciendo promesas: que la solución al problema del uranio enriquecido será perfecta, que hay un nuevo régimen en Irán […] y que podemos estar a un paso de la Edad de Oro de Oriente Próximo. Ayer mismo hablaba de [devolver Irán a] la Edad de Piedra, ahora ya es oro. Es Trump. La pregunta es: ¿Y nosotros?”.
“Desastre político”
El ex primer ministro y líder de la oposición, Yair Lapid, habla de “desastre político”. “Israel ni siquiera estuvo presente en la mesa de negociaciones cuando se tomaron decisiones que afectan directamente a nuestra seguridad nacional”, ha señalado. “El ejército cumplió con todo lo que se le pidió, la población demostró una resiliencia increíble, pero Netanyahu fracasó política y estratégicamente, y no alcanzó ninguno de los objetivos que él mismo se propuso. Nos llevará años reparar el daño político y estratégico que Netanyahu ha causado debido a su arrogancia, negligencia y falta de planificación estratégica”.
Yair Golán, líder de Los Demócratas (la formación que aúna el laborismo histórico y el partido de izquierdas Meretz), también ha puesto el foco en la diferencia entre las expectativas creadas y la realidad. “Netanyahu prometía una ‘victoria histórica’ y seguridad para generaciones, y en realidad hemos sufrido uno de los fracasos estratégicos más graves vividos por Israel".
En una narrativa muy habitual en la oposición a Netanyahu, Golán (un laureado comandante en la reserva) ha aplaudido al ejército y a la población al cargar contra el Ejecutivo: “Murieron civiles, cayeron soldados. Las Fuerzas Armadas cumplieron con su deber con contundencia y lograron avances, pero el Gobierno de Netanyahu, Smotrich y Ben Gvir [ministros ultras] fracasó una vez más en convertirlos en victoria. No se alcanzó ninguno de los objetivos: el programa nuclear no fue destruido. La amenaza balística persiste. El régimen permanece intacto e incluso sale fortalecido de esta guerra”.
También en la oposición, pero desde posiciones derechistas, el exministro de Defensa y líder del partido Israel Beitenu, Avigdor Lieberman, ha mostrado su decepción por el alto el fuego y su escepticismo por el proceso negociador que abre: “Cualquier acuerdo con Irán sin renunciar a la destrucción de Israel, el enriquecimiento de uranio, la producción de misiles balísticos y el apoyo a organizaciones terroristas en la región significa que tendremos que retomar otra campaña en condiciones más difíciles y pagar un precio mucho mayor”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.


























































