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El mayor despliegue militar desde la invasión de Irak: Estados Unidos se prepara para un posible conflicto bélico con Irán

Las amenazas de Donald Trump a Teherán se multiplican, mientras avanza el plazo de 15 días que dio el estadounidense para llegar a un acuerdo

01:15
Aumento militar estadounidense en Oriente Medio mientras aumentan las tensiones con Irán
Transeúntes pasan ante un cartel contra Estados Unidos en una calle de Teherán.

Un portaviones en el golfo de Omán, otro en el Mediterráneo. Decenas de aviones de combate. Municiones, sistemas de defensa antiaérea, repuestos. El Departamento de Defensa de Estados Unidos completa estos días su mayor despliegue en Oriente Medio desde la invasión de Irak hace 23 años, mientras corre la cuenta atrás de los 10 o 15 días que Donald Trump ha dado a Irán para llegar a un acuerdo sobre su programa nuclear y evitar un ataque estadounidense.

Las advertencias del presidente estadounidense a Teherán son casi diarias sobre la posibilidad de un ataque, que Trump comenzó justificando como ayuda para los manifestantes contra el régimen y que ahora blande contra el programa nuclear iraní. “Más vale que lleguen a un acuerdo”, declaraba en una rueda de prensa este viernes sobre la cancelación en el Tribunal Supremo de sus aranceles globales. Unas horas antes había confirmado que se plantea un ataque selectivo contra objetivos iraníes como medida de presión. El jueves reiteraba que “ocurrirán cosas malas” si Irán no mueve ficha en un “máximo” de quince días. Según el digital Axios, entre las acciones que sopesa el inquilino de la Casa Blanca está el atentar contra el líder supremo iraní, Alí Jameneí, y su hijo Mojtaba, considerado un posible heredero.

Irán trata de ganar tiempo. El viernes, su ministro de Exteriores, Abbas Araghchi, declaraba a la cadena de televisión MS Now que entregará en cuestión de pocos días la propuesta de Teherán a los negociadores estadounidenses, Steve Witkoff y Jared Kushner, el yerno de Trump. Pero la duda es si la República Islámica, que promete duras represalias ante un ataque, puede plantear algo que satisfaga las exigencias de Trump, dada la enorme diferencia en sus posiciones y la gigantesca desconfianza mutua. O si los preparativos estadounidenses ya están demasiado avanzados para echarse atrás.

Como ya han constatado los iraníes en carne propia, los plazos del presidente pueden resultar, en la práctica, mucho más cortos de lo que él mismo anuncia públicamente. En junio del año pasado había hablado también de un par de semanas y estaba prevista una ronda de negociaciones indirectas con Teherán cuando el republicano dio luz verde un sábado por la tarde a la operación Martillo de Medianoche, la incursión aérea de 45 minutos que bombardeó las instalaciones nucleares iraníes.

Esta vez el despliegue militar es aún mayor, algo que apunta a un plan más elaborado que en junio. La movilización de ahora es de unas dimensiones que no se habían visto desde la desastrosa guerra en Irak de hace más de dos décadas, cuando Estados Unidos contó con cinco portaviones y cerca de 160.000 soldados en la zona (en la actualidad mantiene desplegados a cerca de 40.000 soldados en sus bases militares en la región). Y deja en pañales el músculo militar que exhibió Estados Unidos en el Caribe en los meses previos a la operación que capturó al presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, a su vez el mayor visto en América Latina en casi cuatro décadas.

“Una vez que estamos dispuestos a movilizar tal cantidad de fuerza, tenemos que aceptar que probablemente acabemos usándola”, considera el exsubsecretario adjunto de Defensa para Oriente Próximo Mike Mulroy, en una charla organizada por el Middle East Institute en Washington. “De otro modo, no solo resulta un despilfarro económico (el despliegue militar en el Caribe ha costado 2.900 millones de dólares, según cálculos publicados por la agencia Bloomberg), sino que pierdes el efecto disuasorio si se ve que has ido de farol. A la siguiente, el truco no te funciona”.

Los refuerzos que han ido llegando apuntan a algún tipo de operación aérea. No hay indicios de que Trump se plantee una misión que envíe soldados de EE UU a suelo iraní. Según los datos de la página de seguimiento de vuelos FlightRadar24 y otras similares, en los últimos días Estados Unidos ha acelerado el envío de todo tipo de aeronaves militares a bases en Oriente Próximo y el Mediterráneo, desde drones a cazas, pasando por aviones espía y aviones cisterna KC-46 y KC-135 —39 de ellos en tres días—, y de transporte C-130J, que se utilizan habitualmente para el desplazamiento de tropas y equipamiento muy pesado.

Los aviones también incluyen aeronaves E-3 Sentry, equipadas con sistemas de radar y detección aérea que permiten supervisar posibles campos de batalla y posiciones enemigas, así como drones de vigilancia Global Hawk.

En el golfo de Omán se encuentra ya el portaviones Abraham Lincoln, desplazado desde Asia-Pacífico junto a su grupo de escolta de tres destructores del tipo Arleigh Burke equipados con misiles guiados. A bordo del buque insignia viajan aviones F-35, los cazas más modernos de la fuerza aérea estadounidense.

A él se sumará en los próximos días el coloso Gerald Ford, el mayor y más moderno portaviones de la flota de Estados Unidos. Su dotación incluye aviones de combate F/A 18E y 18F Super Hornets, aeronaves de vigilancia aérea E-2D y helicópteros MH-60S y MH-60R Seahawk. Además, el Pentágono cuenta con otros destructores en el Mediterráneo oriental, buques de combate en el litoral reconvertidos en detectores de minas y submarinos.

Son equipos destinados no solo a participar en la posible operación contra Irán, sino también a aliados que podrían ser atacados en una hipotética represalia iraní: Israel, pero también los países árabes del Golfo.

La presencia de ambos portaviones es especialmente significativa. Según explica el general Kevin Donegan, antiguo comandante de la Quinta Flota -asignada al golfo Pérsico y con puerto en Bahréin-, “un portaviones y su grupo de ataque típicamente pueden estar operativos doce horas seguidas y generar entre 120-130 misiones de aeroplanos. Tienen 75 aviones que pueden aplicar presión (sobre el enemigo) durante esas doce horas”. Si hay un segundo , ese tiempo se puede doblar para cubrir las 24 horas del día, continúa. Los efectivos adicionales “permiten que la operación tenga una mayor intensidad si fuera a lanzarse, y ofrecen la capacidad de mantener tus operaciones durante un periodo más largo de tiempo”.

Ante tal ostentación de fuerza, que Trump ya ha dejado claro en Irán y en Venezuela que no tiene ningún reparo en utilizar, la propuesta de Teherán debería ser muy sustancial para persuadir al inquilino de la Casa Blanca de que puede devolver esos efectivos a sus cuarteles.

Es una hipótesis complicada, dado el abismo que separa las posiciones actuales: Washington pretende que Teherán retire su apoyo a los grupos radicales islamistas que apoya en Oriente Medio (Hezbolá en Líbano, las milicias hutíes en Yemen, Hamás en Gaza, entre otros) y que limite el alcance de sus misiles para que no puedan atacar Israel. También le demanda que renuncie permanentemente a enriquecer uranio y se deshaga del que ya tiene. La República Islámica se niega a incluir su programa de misiles balísticos en la negociación y rechaza comprometerse a no volver a enriquecer uranio en el futuro.

“Puede no ser posible conseguir todos esos objetivos. Irán no aceptará la eliminación de su programa de misiles. Es una de las pocas herramientas que les quedan en su estrategia de defensa, así que las posibilidades de que cedan son mínimas”, considera Mulroy. Este experto sí ve posible encontrar terreno de negociación sobre el programa nuclear iraní, si eso es lo que quiere de verdad la Casa Blanca. “La cuestión nuclear es otra cosa. Un buen resultado es un acuerdo nuclear que reemplace al ya pactado en 2015 y del que la Administración de Trump se salió en 2018, el JCPOA. Por supuesto, tendría que ser más estricto; políticamente tiene que serlo. Pero si eso es lo que queremos conseguir, deberíamos centrarnos en eso. Los otros objetivos podemos dejarlos para más adelante”.

Incluso en ese supuesto, la vía diplomática se presenta complicada. Hoy por hoy, Estados Unidos solo ofrece a Teherán, a cambio de su uranio enriquecido, no imponer nuevas sanciones: una recompensa sin valor para un régimen ya cubierto de castigos internacionales, y que lo que exige es que se levanten las que ya pesan sobre él.

Irán mantiene una profunda desconfianza hacia Estados Unidos y esta Administración en particular, recuerda Vali Nasr, del laboratorio de ideas CSIS. “Quieren que Estados Unidos se siente y negocie cada coma, cada punto, cada palabra, y que les dé ciertas garantías de que el acuerdo se aplicaría y no habrá guerra. Pero no están para nada cerca de llegar a ese punto, y como resultado no van a dar nada que le permita a Estados Unidos declarar victoria”, opina.

Trump se ve a sí mismo reforzado en sus posiciones de fuerza tras el éxito de las operaciones en Irán y Venezuela, ambas breves, rápidas, espectaculares y que se saldaron sin bajas estadounidenses. Pero, en caso de optar por la violencia, su apuesta también está sembrada de riesgos.

Irán, un adversario mucho más preparado que el Irak de 2003 —o la Venezuela chavista—, ha amenazado con responder de modo mucho más violento que en junio si resulta atacado. Algo que podría arrastrar a Estados Unidos a un conflicto más largo, que podría propagarse por Oriente Próximo y que provocaría bajas entre sus filas, una perspectiva que él prometió evitar en su campaña electoral.

Teherán “podría plantearse (responder) a lo grande al principio, o intentar arrastrar a Estados Unidos a un conflicto largo. Podrían atacar un petrolero, o unas instalaciones petroleras, o un buque estadounidense, y entonces Trump tendría que ir al próximo nivel… estamos en un panorama en el que todo esto puede quedar fuera de control muy rápidamente”, cree Nasr.

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