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Real Madrid RMA
89
Baskonia BAS
100
1234T
RMA 26 26 20 17 89
BAS 26 21 20 33 100
FINALIZADO

El Baskonia gana la Copa del Rey al Real Madrid y vuelve a sentirse un grande

El conjunto vitoriano, impulsado por el carácter del técnico italiano Paolo Galbiati y liderado en la pista por Forrest y Luwawu-Cabarrot, derrota en Valencia al Real Madrid (89-100) y celebra el título copero 17 años después

Los jugadores del Baskonia celebran su victoria en la final de la Copa del Rey ante el Real Madrid.Kai Försterling (EFE)

La Copa del Rey de baloncesto es hermosa por historias como esta. Un equipo que caminaba por el desierto, huérfano de la identidad que le había convertido en campeón, vuelve a disputar el torneo después de dos años fuera de los ocho mejores de la Liga. Llega con 10 jugadores que no saben lo que significa esta competición, pero con un entrenador hinchado de optimismo, y así pisan las semifinales y derrotan al Barcelona, y regresa el equipo a una final copera 17 temporadas después, y entonces acaban de escribir el cuento de hadas y rinden al Real Madrid. Es el Baskonia, campeón de la Copa por séptima ocasión en su historia, protagonista de un conmovedor regreso a la cima. Es el Baskonia entrenado por el italiano Paolo Galbiati, un recién llegado que ha contagiado su sonrisa y su carácter a todo el club, es el Baskonia de Trent Forrest, MVP tras una exhibición de 22 puntos, nueve rebotes y 11 asistencias en la final, el Baskonia de Luwawu-Cabarrot (28 puntos), de Omoruyi (23), y el Baskonia, sobre todo, de una afición que no ha dejado de acudir a la Copa ni cuando su equipo no estaba clasificado.

La historia se escribió en el imponente Roig Arena ante 15.314 espectadores, nuevo récord de un recinto que es el otro campeón de la mejor cita del baloncesto. Fue, curiosamente, en una final inédita en 90 años de vida del torneo pese a reunir a dos clásicos del baloncesto español. Se hizo esperar el cara a cara, pero no defraudó desde el primer segundo.

Hezonja había retomado la faena donde la había dejado horas antes en la inolvidable semifinal contra el Valencia Basket que dinamitó con dos triples en los últimos 16 segundos. Cinco puntos y una asistencia del croata a Tavares y otros dos triples de Llull y Campazzo obligaron a Galbiati a encargar la primera pausa antes de los tres minutos (13-2). Corría el Madrid a partir de su cerrojo defensivo y del dominio del rebote frente a un Baskonia que pronto echó mano de Luwawu-Cabarrot. El francés aportó a su equipo amenaza exterior y valentía para enfilar el aro, pero los blancos dominaban la escena. Difícil responder cuando Campazzo marea el balón a ras de suelo y lo eleva a los aires para que Tavares lo atrape como si fuera una pelota de tenis. Surgió entonces ese carácter Baskonia que ha rescatado Galbiati y entre la muñeca de Luwawu, los pulmones de Omoruyi y Forrest y el tajo atrás los azulgranas volvieron a la vida (26-26 al final del primer cuarto). El Roig Arena, aún dolido por la caída de los suyos, tenía claro con quién iba.

El guineano Diakité, autor del taponazo a Shengelia que despachó al Barça, demostró que también sabe moverse por fuera. Y muy bien. Contestó Andrés Feliz con dos triples en un pestañeo para dejar ver que es más que el hombre que permite el descanso de Campazzo. Hezonja regresó a la cancha después de que Scariolo le mandara bastantes minutos a la silla de pensar y Len cumplió cuando Tavares y Garuba habían sumado un par de faltas por barba. El Madrid dobló la posición de base (Facu-Feliz juntos) para darle otro mordisco al partido. Le costaba al equipo de Galbiati encontrar una rendija en el muro blanco que atrás levantaban Hezonja, Deck y Tavares. Aunque este Baskonia de Galbiati ha perdido el miedo y Forrest encaró al gigante de Cabo Verde para mandar un mensaje: no iban a rendirse, no cuando pisaban una final de Copa 17 años después y cuando su fiel afición empujaba en la grada. Dos canastas cocinadas por un fabuloso Luwawu (17 puntos en la primera mitad y solo un lanzamiento fallado) permitieron al grupo vitoriano alcanzar el descanso con los puños en alto: 52-47.

Campazzo vale oro. El base argentino tiene el encuentro en la cabeza y siempre elige la mejor opción. En medio de la selva es capaz de encontrar al hombre libre y luce colmillo para mirar la canasta cuando toca. La clarividencia del Facu compitió en la vuelta de los vestuarios con el estado de felicidad de Luwawu-Cabarrot, que encadenó otros tres aciertos en una secuencia inmaculada. Omoruyi volvió a ser su mejor socio para buscarle las cosquillas a Tavares.

Había final porque el Madrid no lograba distanciarse con el acelerón definitivo y el Baskonia volvía y volvía, digno heredero del equipo que siempre ha competido en situaciones de máxima exigencia. Los muchachos de Galbiati apretaban las clavijas en defensa y volaban a la mínima oportunidad de estirar las piernas, propulsados por Howard y Forrest. La cuarta falta de Kurucs y un menor carrusel de rotaciones aumentaron su desgaste frente a un Madrid que físicamente es un rodillo. Como muestra, Garuba, restregado por el parquet para pelear un balón suelto y ganarse el aplauso del jefe. Un ejercicio muy serio, sin nadie que se saliera del guión y cada pieza en su sitio, permitió al grupo de Scariolo plantarse a las puertas del último tramo con el volante en las manos pese a la resistencia de Luwawu (72-67). “¡Sí se puede!”, gritaba la hinchada azulgrana.

Si la puerta estaba abierta, el Baskonia se lanzaría de cabeza en busca de la gloria perdida. Y el Madrid había golpeado pero no apuntillado. La victoria debía sudarse y de ahí que Abalde celebrara una recuperación como si se tratara de un pedazo de título. Y cómo apretaron los puños Diakité y Omoruyi cuando calcaron dos triples para empatar a 79 (seis de los siete aciertos lejanos de los vitorianos fueron de hombres interiores). Cuando el ala-pívot nigeriano burló a Tavares y puso delante a su equipo, el Roig Arena se puso en pie como si el Baskonia vistiera de naranja.

En medio del volcán, la sangre fría del Madrid, tan curtido en estos escenarios. Era la guerra de los elementos. Luwawu dejó el ring con la quinta falta y Diakité logró el más difícil todavía, taponar a Tavares. También Forrest se plantó ante la torre para sacarle canasta y falta. El conjunto blanco volvía a estar contra las cuerdas, igual que en la semifinal contra el Valencia (86-92 a falta de 1m 11s). Y de nuevo, de manera increíble, Hezonja al rescate con un triple. Súper Mario atacó el aro con la capa de superhéroe, pero emergió Diakité para mandar al suelo el balón y al cielo a su equipo. El Baskonia había vuelto. Campeón de Copa 17 años después. Otra vez grande.

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