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Baskonia BAS
91
La Laguna Tenerife TEN
81
1234T
BAS 25 20 19 27 91
TEN 18 15 27 21 81
FINALIZADO

El Baskonia de Galbiati: disciplina, estrategia y libertad para recuperar la identidad perdida

El italiano ha devuelto al equipo vitoriano a la Copa con una apuesta por un baloncesto de ritmo alto y una mentalidad resistente como base de su proyecto

Paolo Galbiati, durante el encuentro de Euroliga entre Mónaco y Baskonia la semana pasada.SEBASTIEN NOGIER (EFE)

En el baloncesto, como en la guerra, no siempre gana el más fuerte. A veces vence quien mejor entiende el ritmo del combate. Paolo Galbiati, entrenador del Baskonia, habla del juego en esos términos: anticipación, lectura del momento, control emocional. En su mesilla conviven dos referencias que ayudan a explicar su manera de entender el deporte: Kobe Bryant y El arte de la guerra. Una mentalidad obsesiva y una filosofía estratégica. Disciplina y adaptación.

En la pista, su propuesta es reconocible: rotaciones constantes, transiciones rápidas y jugadores capaces de intercambiar posiciones sin que el sistema pierda coherencia. Un baloncesto dinámico, agresivo en el ritmo y flexible en la estructura. Pero Galbiati insiste en que el juego no empieza en la pizarra. “La táctica es importante, pero lo decisivo es la mentalidad”, explica. “Quiero que mis jugadores entiendan por qué hacemos cada cosa. Si comprenden el sentido, juegan con convicción. Y cuando juegan con convicción, el error deja de ser un problema y se convierte en aprendizaje”.

Su trayectoria profesional tiene un punto de inflexión en la figura de Luca Banchi. En palabras del entrenador baskonista, una llamada suya le cambió la vida. El actual seleccionador italiano lo conoció en Milán, cuando Galbiati trabajaba en la cantera del Olimpia Armani. Lo fue integrando progresivamente en el primer equipo y, más tarde, le ofreció el puesto de segundo en Turín (Auxilium Pallacanestro Torino). “Desde el principio demostró que entiende el juego y sabe cómo manejar un vestuario”, recuerda Banchi en conversación con EL PAÍS. Cuando el proyecto tomó otro rumbo, el club apostó por él como técnico principal. “Es el ejemplo perfecto de entrenador moderno”, sintetiza Banchi.

Moderno significa comprender qué necesita el jugador actual. Quinn Ellis (Sheffield, 22 años) lo experimentó en Trento. “Cuando llegué, me dijo que no debía centrarme exclusivamente en el juego con balón y en anotar. Tenía que sumar pequeñas cosas, como vigilar al base rival por toda la cancha”, dice. Aquella indicación ampliaba su identidad deportiva. Ellis se llevó esa enseñanza a Milán y la aplicó desde el primer día. “Eso me permitió adquirir confianza”, añade. No se trataba de limitar, sino de expandir.

Ellis recuerda también una relación construida desde la exigencia cercana. Apuestas en las ruedas de tiro —si el entrenador anotaba, tocaba subir y bajar las escaleras del pabellón— o sesiones de uno contra uno con los bases. Competencia y complicidad en la misma ecuación. “Convertí lanzamientos decisivos gracias a la confianza que él me dio para asumir la responsabilidad”, explica. En el baloncesto actual, donde el error suele pagarse con minutos en el banquillo, ese respaldo no es un detalle menor.

Otro pupilo de Galbiati como es Andrés Toto Forray (Buenos Aires, 39 años) coincide con esa lectura. “Lo que destacaría de Paolo es la confianza y la libertad que nos da a los jugadores, aprender a asumir los errores y tener confianza en las decisiones que tomamos. Especialmente para los jóvenes. Hay muy pocos entrenadores que sean capaces de hacer esto”, señala el base argentino. Galbiati repite una idea que resume su método: siempre habrá otra jugada para hacerlo mejor. El error no paraliza; forma parte del proceso.

Su admiración por Kobe Bryant no tiene que ver con el espectáculo, sino con la ética. “De Kobe me impresiona la disciplina diaria, la obsesión por mejorar incluso cuando ya eres el mejor”, señaló Galbiati en su día. “El talento sin trabajo constante no se sostiene”. De Sun Tzu toma otra enseñanza: la importancia de la preparación invisible. “El baloncesto es estrategia. No se trata solo de correr más que el rival, sino de entender cuándo correr y cuándo esperar. Hay que preparar cada partido como si fuera distinto, porque lo es”.

La Copa Italia conquistada la pasada temporada fue una síntesis de esa filosofía. Durante meses insistió en que levantarían un trofeo. No como deseo, sino como consecuencia de un proceso. “Nunca había ganado nada y desde principio de temporada me dijo: ‘Yo quiero que tú levantes un trofeo’. Fue algo que se lo fue diciendo a todo el equipo durante todo el año. Cuando lo conseguimos, nos dimos un lindo abrazo durante los festejos como diciendo: ‘Te dije que iba a pasar’. Esto define un poquito a Paolo y su saber entender al jugador”, explica Ferray.

Ahora, en el Baskonia, su discurso encuentra un escenario exigente. El club vitoriano llevaba dos años fuera de la Copa, un territorio que históricamente formaba parte de su identidad competitiva. Recuperar esa plaza no es solo un logro clasificatorio; es una señal simbólica. El equipo ha vuelto a sentirse incómodo para el rival, intenso en las transiciones y mentalmente resistente en los finales ajustados. En Vitoria siempre se ha hablado del ‘carácter Baskonia’: dureza competitiva, ritmo alto, convicción incluso en los momentos de inferioridad. En los últimos cursos esa identidad se había diluido entre cambios de proyecto y falta de continuidad. Galbiati no ha llegado con promesas grandilocuentes, sino con un método.

Forray define su estilo con una expresión reveladora. “Si bien Paolo te da esa libertad para poder elegir, para poder ser agresivo, también quiere que respetes reglas. No sé si muchas, pero en base a su estilo de juego. Dentro de esas reglas te deja bastante espacio para que puedas ser vos mismo”. Es, en definitiva, un caos organizado: un sistema con límites claros que deja margen para la intuición. “Lo importante no es jugar perfecto, es competir cada posesión”, resume el técnico. La clasificación para la Copa no certifica un proceso cerrado, pero sí apunta a una reconstrucción en marcha. Baskonia vuelve a reconocerse en su energía colectiva y en su convicción. Y eso, en un club acostumbrado a medir su éxito por la exigencia, es algo más que una estadística. Como en las páginas de Sun Tzu o en la ética de Kobe Bryant, el triunfo no se improvisa, se prepara. Galbiati parece haberlo entendido. Y Vitoria empieza a notarlo.

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