Nacho Rodilla: “El jugador inteligente sigue siendo diferencial”
El histórico base revive la Copa de 1998, la última ganada por el Valencia, y analiza la evolución del baloncesto

El anfitrión Valencia reta hoy al Madrid (18.00, Dazn) en la primera semifinal de la Copa. “Ellos tienen la obligación de ganar. Nosotros, la ilusión de competir”, afirma Pedro Martínez, el entrenador del equipo naranja, segundo en la ACB, por detrás de los blancos, y tercero en la Euroliga, justo por delante de su rival de esta tarde. Dos gigantes chocan en el Roig Arena en una final anticipada y en la búsqueda del Valencia de un título de Copa que no celebra desde 1998 en Valladolid. El protagonista y MVP de aquella final ganada al Joventut, el base Nacho Rodilla (Llíria, Valencia, 51 años), revive otra época y otro baloncesto.
Pregunta. ¿Qué recuerda?
Respuesta. Lo siento como si fuera hoy. Fue mi cambio de estatus como jugador. Y también para el club, que se abrió a luchar por los títulos. A nivel personal significó mucho porque desde entonces el nombre de Nacho Rodilla apareció entre los bases de primera línea. Me consagré, me asenté con ese título y con el MVP. Al terminar la final, Lolo Sainz me esperaba en la puerta del pabellón de Valladolid para decirme que entraba en la próxima convocatoria de la selección. Me cambió la vida.
P. ¿Cómo era ese equipo?
R. Éramos unos pipiolos. Yo acaparaba el protagonismo pero era inconsciente de las cosas. El Pamesa era un grupo familiar, de amigos, aunque con una mentalidad fuerte. Ni la victoria y el halago nos llevaban a un subidón ni la derrota nos hundía. Nos manteníamos en la normalidad y eso se plasmó en la Copa. Ganamos en cuartos al Tau, que venía de 15 victorias seguidas, y nos comportamos con naturalidad. Salíamos a comer juntos y nos juntábamos 20 en una habitación. Esa era la esencia del equipo. Parecía que la presión no nos afectaba pero a la vez nos exigíamos en el día a día y eso nos llevó a ganar la final al Joventut.
P. ¿Y el entrenador, Miki Vukovic?
R. Súper exigente. Estaba pendiente del detalle. En su cabeza cualquier cuestión táctica le daba mil vueltas y nos sorprendía. Lo tenía todo bajo control. No permitía ningún descuido en la disciplina, la puntualidad y en nuestra vida. A mí me mandaba mensajes: ‘Nacho, no te des por satisfecho, has de mirar a la selección y ser un fijo’. Al cabo de un tiempo: ‘Mira más allá’. Yo pensaba que estaba loco, pero él hablaba de las barreras mentales que vas sobrepasando en la vida y cada vez el nivel de exigencia es mayor porque te lo crees.
P. ¿A que jugaba aquel Valencia?
R. A media pista controlábamos el partido y sabíamos dónde encontrar las ventajas y la superioridad, pero también podíamos correr. Nadie se salía de lo que correspondía. En aquel momento había muy pocos malos tiros. Todo pasaba por esa gestión y ahí yo comandaba. Muchas veces en los tiempos muertos Miki me preguntaba qué hacer. Era un juego de control. Todo era gestionado al extremo. Hoy hay más ida y vuelta, campo abierto, pero también no tan buenas selecciones de tiro. Se fía más a la capacidad individual.

P. ¿El baloncesto de hoy es otro deporte?
R. Sí, pero yo analizo el juego todavía mucho desde la posición de base y siguen siendo fundamentales los jugadores que saben lo que hacer en cada momento. Siguen siendo diferenciales los que tienen coco para jugar. Por mucho físico que mande, el jugador inteligente sigue marcando las diferencias, sobre todo el base. Ricky y Marcelinho son dos genios, la máxima expresión. Saben dormir al defensor hasta encontrar la ventaja. Darius Thompson y Campazzo también lo hacen. Obviamente, desde una capacidad física muy grande. Hay mucho perfeccionamiento del físico de cada uno, son atletas al detalle.
P. ¿Qué echa de menos en el juego?
R. Antes se pensaba más, puede que demasiado, y ahora hay veces que se piensa poco. Hay equipos que intentan jugar a ese nivel de rapidez y de físico y hacen 25 tiros mal seleccionados. Te dirán que antes se jugaba muy frenado, pero si había una acción forzada, se recriminaba, y si el balón llegaba a quien no le tocaba tirar, se volvía el balón. Hoy el que está liberado se la juega y a veces los equipos se atropellan. Joventut y Tenerife hacen un baloncesto que me encanta.

P. ¿Dónde caería el Nacho Rodilla de 1998 en el baloncesto de hoy?
R. Correría el balón. Para mí sería fácil dar asistencias, con tanto enchufador desde fuera y jugadores corriendo por delante del balón. Me encontraría muy cómodo por las opciones que te ofrece hoy el baloncesto. Antes tenías que generar el hueco tú o dársela al interior debajo del aro. Este baloncesto me abriría muchas posibilidades.
P. ¿En qué se ha convertido el Valencia?
R. La transformación es brutal por la ambición del club y de Juan Roig. Ha dado pasos de gigante. Hay una base de jugadores nacionales que es fundamental para tener identidad y la figura de Pedro Martínez es capital.
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