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Las mutaciones de Mette Frederiksen, la primera ministra danesa que frena a Trump

La crisis de Groenlandia impulsa el liderazgo de esta socialdemócrata partidaria de la mano dura con la inmigración y atlantista reconvertida en ferviente europeísta

Mette Frederiksen

El año 2025 terminaba y Mette Frederiksen (Aalborg, 48 años) no pasaba por el mejor momento. Su partido, el socialdemócrata, acababa de sufrir una derrota dolorosa en las elecciones municipales. Por primera vez en más de un siglo, había perdido la alcaldía de Copenhague. El Gobierno de la primera ministra danesa, una coalición con el centro y el centroderecha, “parecía un cortejo fúnebre camino de su entierro político”, dijo un comentarista de la cadena televisión TV2. Nadie daba por seguro que pudiera seguir gobernando tras las elecciones previstas en 2026.

En el discurso de Año Nuevo, la primera ministra entonó un mea culpa: “No siempre he escuchado con cuidado a todos. A vosotros. No he hecho lo suficiente ante el precio elevado de los alimentos. No he hecho lo suficiente ante las desigualdades crecientes. No he hecho lo suficiente para los niños que no prosperan. Esto tiene que cambiar. Es responsabilidad mía”.

Pero entonces llegó Groenlandia y todo cambió. A principios de enero, Donald Trump redobló la presión para conquistar este territorio autónomo integrado en el Reino de Dinamarca. El presidente de Estados Unidos llegó a esgrimir la opción militar para doblegar a su aliado en la OTAN. Unos días después se echó atrás, sin renunciar a la voluntad de hacerse con la isla ártica. Esta crisis, que en Copenhague y Nuuk, la capital de Groenlandia, creen lejos de haberse resuelto, marca el fin de una época. “El viejo mundo, tal como lo conocemos, y por el que hemos luchado durante 80 años, desde el fin de la II Guerra Mundial, ha terminado”, dijo Frederiksen esta semana en París, durante una gira europea que, junto al primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, la llevó también a Berlín.

La crisis reaviva políticamente a la primera ministra tras el bache de fin de año. Su partido ha recuperado cinco puntos respecto a diciembre, según el último sondeo del instituto Megafon. El pulso con Trump impulsa, no solo como líder danesa, sino europea, a esta política singular, que lleva la socialdemocracia en los genes y es partidaria de políticas migratorias restrictivas, atlantista hasta el tuétano y hoy europeísta ferviente.

“Es una primera ministra que gestiona muy bien cuando hay crisis. No sabemos qué tipo de primera ministra habría sido sin las crisis”, describe Jonas Parello-Plesner, exdiplomático danés y director ejecutivo de la fundación Alianza de Democracias. Parello-Plesner cita en concreto tres crisis. La primera es la de la covid, que estalló medio año después de que Frederiksen llegase al cargo, en 2019, y en la que el Gobierno asumió, como otros en Europa, poderes excepcionales y adoptó medidas polémicas como el sacrificio de millones de visones. La segunda crisis es la invasión a gran escala de Ucrania por Rusia en 2022. La respuesta de la política socialdemócrata situó a Dinamarca como el país que más ayuda a Kiev respecto a su PIB. Groenlandia y el hostigamiento de Trump ―la tercera de las crisis de Frederiksen― vuelven a ponerle a prueba. Su respuesta ha sido en este caso marcar con claridad la línea roja de la soberanía del Reino y de los groenlandeses y advertir que un ataque supondría el fin de la OTAN.

“Fue firme con él. No insultó, ni tampoco practicó el estilo de Mark Rutte”, valora Parello-Plesner, en alusión al secretario general la OTAN, que ha llevado la adulación al presidente de EE UU hasta llamarle daddy, “papi”, en inglés. “Mette Frederiksen ha defendido al Reino de Dinamarca y se ha mostrado firme”, apunta la diputada socialdemócrata Ida Auken. “Ella no es del estilo daddy". No se rebajó, no aduló. “Lo gestionó con mucha calma y tranquilidad, y al mismo tiempo se mantuvo firme”.

Frederiksen es una dirigente de convicciones, y a la vez es pragmática, adaptable. “Prácticamente, nació en el Partido Socialdemócrata”, explica su biógrafo Thomas Larsen. “Los miembros de su familia había sido del partido o habían trabajado para el sindicato”. El padre, de profesión tipógrafo, era sindicalista; ella empezó a militar de adolescente. Diputada desde 2001 en el Folketing, el Parlamento danés, y desde 2015 líder socialdemócrata, está casada con el cinematógrafo Bo Tengberg, y es madre de dos hijos. Quienes la conocen la describen como una política más intuitiva que analítica. O, en palabras de Parello-Plesner, “capaz de tomar decisiones rápidas y audaces”.

Groenlandia ha precipitado en ella un cambio, una mutación en su postura y la de Dinamarca, que era uno de los países más proestadounidenses y euroescépticos en la UE. Ya no. Con Ucrania y después con las amenazas de Trump, Frederiksen ha abrazado la autonomía estratégica que propugnaban líderes como el francés Emmanuel Macron y que ella veía con escepticismo. “No sé qué sucederá en Estados Unidos y por ello debemos asegurarnos de que podamos proteger Europa si algo ocurre”, dijo en París.

Otra mutación fue la que llevó a Frederiksen y su partido, hace algo más de una década, a abogar por un control estricto de la inmigración y el asilo. “No obtendrás la confianza de tus votantes a menos que controles la inmigración, y eso ella lo entiende”, explica la diputada Auken. “Hay tantos países en los que los socialdemócratas ya no pueden gobernar porque en este tema no confían en ellos”, añade. Los socialdemócratas daneses perdían votantes hacia la extrema derecha, y estas políticas les ayudaron a recuperarlos y reconquistar el poder. Se les critica que así hagan el juego a la extrema derecha, y que en la UE se asocien con la Italia de la ultra Giorgia Meloni. A lo que los socialdemócratas daneses responden que, si Dinamarca quiere mantener su Estado del bienestar robusto, preservar la cohesión social y limitar las desigualdades, es necesaria una política restrictiva. No son partidarios de la mano dura pese a ser socialdemócratas ―argumentan―, sino precisamente por serlo.

Antes de convertirse en una líder europea por su gestión de la crisis en Groenlandia, la primera ministra ya había hecho una reinvención de la socialdemocracia europea, o al menos de su sector nórdico, y se había convertido así en un referente. En estos años de declive de esta familia ideológica, Frederiksen y el socialista Pedro Sánchez en España han dado respuestas distintas a la inmigración, y han encontrado fórmulas opuestas para conquistar el poder, y conservarlo.

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