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Escenario 2029: ¿es creíble un ataque de Rusia contra la OTAN?

Dirigentes europeos y mandos militares ven riesgo de guerra en un plazo corto, pero los expertos lo juzgan improbable. Las amenazas de Trump a Groenlandia cuestionan cuál sería la reacción de EE UU

La fecha, 2029, se ha convertido en un estribillo en boca de líderes políticos y militares europeos: el momento en el que Rusia podría estar en condiciones de atacar a un país de la OTAN y la Unión Europea. Es un horizonte cercano, solo tres años, quizá un poco después o un poco antes. Y las amenazas de Donald Trump a la occidental Groenlandia, territorio integrante de un país aliado como es el Reino de Dinamarca, no han hecho más que subrayar la vulnerabilidad en el flanco oriental. ¿Quién da por seguro ahora que Estados Unidos ayudaría a Europa ante una hipotética agresión rusa?

“Hay historiadores militares que dicen que hemos vivido el último verano de paz”, declaró en noviembre el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius. En su discurso de fin de año, el canciller, Friedrich Merz, describió la agresión de Rusia contra Ucrania como “parte de un plan dirigido contra Europa”. “Alemania también es objeto a diario de sabotajes, espionaje y ciberataques”, añadió.

Con más gasto en armamento o reinstaurando el servicio militar, los europeos se preparan para un hipotético conflicto que el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha comparado con las guerras mundiales del siglo XX. “Somos el próximo objetivo de Rusia”, dijo en diciembre en Berlín. El general Fabien Mandon, jefe del Estado Mayor francés, ha ido más allá: “Debemos aceptar que perderemos a nuestros hijos”.

¿En qué se basa la fecha de 2029? ¿Exageran Merz, Pistorius, Rutte, Mandon y otros? ¿Es creíble esa amenaza? “La fecha varía porque a los gobiernos les cuesta discernir entre las capacidades rusas y las intenciones rusas”, decía recientemente en un correo electrónico John Foreman, antiguo agregado de Defensa británico en Moscú y en Kiev, y experto en el laboratorio de ideas británico Chatham House. “Muchas previsiones se basan en una matemática simplista: si se necesitan x años para construir y número de tanques, entonces Rusia estará preparada para atacar en el año z”.

En realidad, “la evaluación estadounidense y británica”, continúa Foreman, “es que la probabilidad de un ataque militar directo a la OTAN es remota, menos de un 5%. Esto, por supuesto, no significa que sea imposible”. Pero la OTAN sobrepasa a Rusia militarmente y la distancia aumentará, augura: “Rusia es un país en declive y necesita muchos años para reconstruir sus fuerzas armadas”. Y añade: “El miedo mutuo a una aniquilación nuclear nos mantendrá a salvo casi con toda certeza”.

Dos visiones se oponen. Unos sostienen que Rusia carece de las capacidades para lanzar un ataque mayor sobre Europa, como se habría demostrado por sus escasos avances militares desde la invasión de 2022 en Ucrania. Añaden que tampoco tiene interés alguno en ir más allá de Ucrania en sus conquistas. Otros argumentan que hay indicios claros del fortalecimiento militar ruso. Que la llamada guerra híbrida ya está en marcha desde hace años. Y que rearmarse es la mejor manera, para los europeos, de disuadir al presidente ruso, Vladímir Putin, de ni siquiera intentar una confrontación directa.

“Creo improbable que Rusia haga una guerra contra un miembro de la OTAN”, analizaba hace unos días Carlo Masala, profesor de política de seguridad y defensa en la Universidad de la Bundeswehr en Múnich. “Lo que me parece más probable es que Rusia ponga a prueba a los aliados”. Por ejemplo, con una incursión en un país báltico que sirva para evaluar si los aliados, y principalmente EE UU, acudirían en su defensa.

Masala explica que la fecha de la posible agresión proviene de un estudio de la OTAN de 2023 en el que se evaluaba que, una vez terminada la guerra en Ucrania —un final que en ese momento se veía cercano—, Rusia necesitaría cinco años para estar en condiciones de atacar a la OTAN. Ahí empezó a hablarse de 2028 y, más tarde, de 2029.

“Pero esta estimación se corresponde con las capacidades rusas”, dice Masala, “y no con las intenciones”. Respecto a las capacidades, señala que los informes de los servicios de inteligencia “dicen claramente que Rusia produce más tanques de los que necesita, que Rusia está reorganizando su Ejército y que ha creado tres nuevos distritos militares, orientados hacia Occidente, y que invierte en la Armada, un elemento importante para hacer la guerra contra potencias marítimas”.

Respecto a las intenciones de Putin, afirma: “Si de lo que trata es de acabar con la OTAN, entonces no necesita ninguna guerra contra un país de la OTAN. Lo que necesita es una provocación y que la OTAN no invoque el artículo 5”. Este artículo establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos. Si EE UU no respondiese ―y la amenaza de Trump al aliado danés es una señal más, por si hiciera falta, del valor relativo de este compromiso de protección― , quedaría desactivado el principio que sostiene a la organización. “[Putin] no quiere empezar una guerra contra Europa. Quiere ponerla a prueba. Y para ello no hace falta demasiado. Si conquistara una pequeña ciudad en Estonia o Letonia, le bastarían quizá 10.000 o 15.000 personas. Para atacar Polonia necesitaría 100.000”.

Para los países con una historia traumática de invasiones y guerras rusas, la hipótesis bélica es más verosímil. Un 77% de polacos considera “elevado” o “muy elevado” el riesgo de un ataque en los próximos años, según un sondeo de la revista Le Grand Continent. En España es un 49%.

El debate sobre las intenciones

“No veo ninguna intención racional según la cual Rusia podría atacar el territorio de la OTAN, porque esto conduciría a una guerra con la OTAN que Rusia no puede ganar”, dice Johannes Varwick, profesor de relaciones internacionales y política europea en la Universidad de Halle-Wittenberg. Varwick cree que el debate sobre la fecha de un posible ataque “no es serio” y más bien “sirve para legitimar los programas de rearme drásticos en los países occidentales”. “Me parece una manera de sembrar el pánico que no se apoya en hechos”, señala.

Sobre las intenciones, los análisis difieren también. “Estamos muy seguros y tenemos pruebas de inteligencia de que Ucrania solo es un paso de [Rusia] en el camino hacia Occidente”, dijo en junio Bruno Kahl, presidente saliente del BND, el servicio de espionaje exterior alemán. En cambio, el general Kaupo Rosin, su homólogo de Estonia, dijo en la cadena ERR: “Lo que hoy vemos es que Rusia actualmente no tiene la intención de atacar a ninguno de los Estados bálticos ni a la OTAN”.

Rosin observaba un cambio de comportamiento de Moscú, y lo explicaba por la reacción robusta de los aliados a los episodios de guerra híbrida contra Estonia, Polonia y otros países. La disuasión funciona, según esta visión, y el rearme europeo es el único seguro contra la guerra. Ya no Estados Unidos, como se ha visto con Groenlandia. “Europa se aferra a la creencia de que, si llega el peligro, la OTAN actuará, pero nadie ha visto de verdad a la alianza en acción”, dijo el presidente ucranio, Volodímir Zelenski, la semana pasada en Davos. “Si Putin decide tomar Lituana o atacar Polonia, ¿quién responderá?“.

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