Del asalto en Caracas al reparto del petróleo: siete días que sacudieron al mundo
Donald Trump tomó la decisión de bombardear puntos estratégicos de Venezuela y capturar al presidente Maduro a las 22.46 del 3 de enero. Acababa de nacer un nuevo orden mundial

Venezuela ha vivido una semana de vértigo desde la intervención militar de Estados Unidos el pasado sábado en Caracas para derrocar y capturar al presidente Nicolás Maduro, acusado de narcoterrorismo, hasta la reunión del viernes en la Casa Blanca entre Trump y las mayores petroleras del orbe para repartirse la industria venezolana del crudo. Este es el relato de los siete días que han cambiado la historia de Venezuela, pero también del mundo.
Desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca para su segundo mandato empezó a dejar claro que quería un cambio de régimen en Venezuela. A los pocos meses de sentarse en el Despacho Oval calificó el país como un narcoestado y a su presidente Nicolás Maduro como el líder de un grupo de tráfico de drogas. Ofreció una recompensa de 50 millones por información que permitiese su captura. Y en septiembre declaró la guerra contra el narcotráfico en una operación bautizada como Lanza del Sur. Ordenó concentrar fuerzas militares en la zona. El ejército desplegó más de 14.000 soldados en la región y una flota de barcos de guerra, liderada por el super portaviones USS Gerald Ford, el más grande y avanzado buque de la Armada se desplazó a la zona, en el mayor despliegue militar de Estados Unidos en la región en décadas. Poco después, el ejército empezó a bombardear narcolanchas. Una treintena de estas embarcaciones han sido derribadas en unas operaciones, sin mandato del Congreso ni autorización judicial, en las que han sido asesinadas más de 110 personas. A finales de noviembre, Trump celebró una reunión con su cúpula militar para trazar el plan y fijar los objetivos. La suerte estaba echada. Desde entonces, los analistas de seguridad esperaban la operación en cualquier momento.
3 de enero
La operación Resolución Absoluta.
El mandatario estadounidense había mantenido varias conversaciones telefónicas con Maduro, pero no logró convencerle de que renunciara al poder y de paso dejase el camino libre a las empresas estadounidenses para recuperar el control de la industria petrolera. A finales de diciembre se produjo la última llamada, pero los contactos no fructificaron. El 3 de enero Donald Trump estaba en su mansión de Mar-a-Lago, en Florida. Es su lugar favorito, donde se escapa a descansar cada vez que hay un festivo. Ese día, antes de cambiar el tablero mundial, se fue de compras con su esposa Melanie para elegir mármoles italianos para el nuevo salón de baile que está construyendo en la Casa Blanca. Una vez que terminó de cenar, a las 22.46, dio la orden de atacar.
A las 2.01 empezaron a caer las primeras bombas en Caracas. Un enjambre de 152 aviones y helicópteros del ejército de Estados Unidos atacaron las principales bases militares de Venezuela. Un comando del Delta Force, un grupo de élite que se encarga de operaciones especiales, asaltó la Casa de los Pinos, la fortaleza donde dormía Nicolás Maduro junto a su esposa, Cilia Flores. El complejo está conectado por túneles y pasadizos con Fuerte Tuina, una de las bases militares del ejército chavista. Un grupo de 32 guardaespaldas cubanos protegía al líder venezolano. No hubo supervivientes. La pareja fue interceptada cuando trataba de refugiarse en una habitación blindada.
La información sobre su ubicación exacta proporcionada por una fuente de la CIA en el corazón del régimen chavista resultó esencial para el éxito de la operación en la que no hubo bajas por parte del ejército estadounidense. Las autoridades venezolanas elevan a más de un centenar, la mayoría militares, los fallecidos durante la intervención. “Si hubieran visto lo que pasó... Yo lo vi literalmente, como si estuviera viendo un programa de televisión”, explicaba Trump entusiasmado en una entrevista en Fox News. “Si hubieran visto la velocidad, la violencia, ya saben. Fue algo asombroso, un trabajo asombroso el que hicieron estas personas. Nadie más podría haber hecho algo igual”.
Traslado de Maduro.
La operación militar incluía un metódico plan para poner a Maduro en manos de la Justicia de Estados Unidos. Fue trasladado de la Casa de los Pinos, donde fue capturado, a una cárcel de Nueva York en menos de 24 horas, en una misión con tintes cinematográficos. Tras ser apresados en Caracas, el presidente venezolano y su mujer fueron trasladados por las fuerzas especiales al portaviones Iwo Jima, situado en el Mar Caribe. Desde allí, viajó en helicóptero a la base militar que Estados Unidos mantiene en Guantánamo, Cuba. Un Boeing 757 transportó al presidente secuestrado al aeropuerto de la Guardia Nacional en Stewart, a unos 90 kilómetros al norte de la ciudad de Nueva York. Posteriormente fue conducido en helicóptero al centro de detención de reclusos de Brooklyn, una de las peores cárceles del país, a la espera de juicio. Al llegar allí, el líder chavista, saludó ufano a los agentes: “Goodnight. Happy New Year”.
El chavismo pide calma
Pocas horas después del ataque comenzaron las primeras apariciones públicas. Delcy Rodríguez exigió una “prueba de vida” del presidente y denunció que se trataba de una detención ilegal. La confusión era total, se especulaba con que Rodríguez estaba en Moscú y se vaticinaba la rápida caída del régimen. Pero en pocas horas el mensaje quedó claro: no se iban a dar por vencidos. Ese mismo día se declaró durante 90 días prorrogables el “estado de excepción por conmoción exterior”, un decreto firmado por Maduro antes de su captura. La orden permite a la policía la “búsqueda y captura” de cualquiera involucrado en la “promoción o apoyo” del ataque armado extranjero. La gente vuelve a su vida normal, pero con la respiración contenida.
Por la noche, el Tribunal Supremo marca el camino. La Sala Constitucional ordenada a Delcy Rodríguez que asumiese la Presidencia para “garantizar la defensa integral de la Nación” ante “el secuestro” del presidente.
Trump: “Vamos a dirigir Venezuela”
Con los índices de popularidad por los suelos tras un primer año de mandato convulso, Donald Trump compareció exultante ante los medios tras el supuesto éxito de la operación militar. Había capturado a Maduro en una misión relámpago, sin bajas. “Vamos a dirigir [Venezuela] hasta que haya una transición fiable, segura y sensata”, declaró el estadounidense. El mandatario aseguró que no quiere que nadie tome el poder para volver a la situación anterior. “No podemos arriesgarnos a que alguien más tome el control de Venezuela sin tener en cuenta el bienestar del pueblo venezolano; no vamos a permitir que eso suceda, después de décadas de sufrimiento”. Y echó un jarro de agua fría sobre las aspiraciones de María Corina Machado, premio Nobel de la Paz, y líder de la oposición que, según las actas electorales, ganó las elecciones de 2024, a pesar de la autoproclamada victoria de Maduro.
“No tiene el apoyo [suficiente] dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto dentro del país”. Con un tono propio de un salvador de la patria agregó: “El dictador finalmente ha sido derrocado en Venezuela, el pueblo es libre”. Un informe de la CIA recomendó al presidente apostar por la continuidad del régimen chavista como la vía para conseguir más estabilidad. El documento de los servicios de espionaje advertía del riesgo de concederle el poder a Machado porque no controla el ejército ni el gobierno de Venezuela tras décadas de régimen chavista.
4 de enero
Puentes con Washington
En su primer consejo de ministros como presidenta, Rodríguez manda un mensaje a Estados Unidos: “Nosotros estamos al cargo”. Pero la afirmación va acompañada de otros sorprendentes mensajes conciliadores hacia el que —hasta hacía unas pocas horas— era su peor enemigo. “Extendemos la invitación al Gobierno de los EE UU a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y fortalezca una convivencia comunitaria duradera”, escribió en sus redes sociales.
5 de enero
“Soy presidente de Venezuela y estoy aquí secuestrado”
El lunes a las ocho de la mañana, Maduro y su esposa llegaron al juzgado del distrito sur de Nueva York para prestar declaración ante el juez que presidirá su caso, el Magistrado Alvin Hellerstein, un veterano de 92 años. Aparentemente de buen humor y exhibiendo simpatía, el presidente venezolano, quien en sus inicios trabajó como conductor de autobús, proclamó: “Soy inocente. No soy culpable. Soy un hombre decente. Sigo siendo presidente de mi país”, aseguró a través de un intérprete de español. “Me capturaron en mi casa en Caracas, Venezuela”, manifestó. “Soy presidente de Venezuela y estoy aquí secuestrado. Soy un prisionero de guerra”. Su esposa, Cilia Flores, visiblemente lastimada, con graves lesiones y hematomas en el ojo, mantuvo la estrategia: “Soy la primera dama de Venezuela”. El Departamento de Justicia de Estados Unidos le imputa cuatro delitos relacionados con el narcotráfico y la posesión de ametralladoras. Le acusa de estar detrás de una conspiración para inundar Estados Unidos de cocaína. Se espera que el proceso judicial se convierta en uno de los juicios del siglo en Estados Unidos.
La Asamblea cierra filas
La mañana del lunes, la Asamblea Nacional venezolana se llenó con 258 diputados que arrancaban su mandato hasta 2031. De nuevo, una mayoría chavista dominará el hemiciclo sin necesidad de negociar nada. La oposición, con apenas 12 diputados considerados realmente críticos con el régimen, se desmarca del rito desde el principio: entregan un escrito rechazando el orden del día, se niegan a proponer candidatos para la junta directiva y se abstienen en la votación de los nombres oficialistas. Reclaman “el cese inmediato de la persecución” y “la liberación de todos los presos políticos”. El acto, que buscaba restablecer la normalidad a toda prisa, renueva el mandato de Jorge Rodríguez como presidente de la Asamblea. Todo cambia mientras nada cambia. Poco después, Delcy jura su cargo “con dolor” y denuncia el “secuestro” de Maduro y Cilia Flores. El país entra en una espiral de incertidumbre ante los anuncios intervencionistas de Estados Unidos. Desde Washington dejan claro que las elecciones no serán inmediatas. La Constitución marca un máximo de 180 días para convocarlas, pero nadie escribió las normas para un escenario como este.
6 de enero
Reordenar el control
En los días siguientes, el movimiento se dio en los despachos. Nombramientos discretos, cambios en mandos intermedios y mensajes internos buscaron transmitir estabilidad en los cuerpos de seguridad y en las Fuerzas Armadas. El movimiento más sensible fue el de la Guardia de Honor Presidencial, el cuerpo encargado de la seguridad más cercana del presidente. Delcy Rodríguez designó a Gustavo Enrique González López, exdirector del servicio de inteligencia y figura dura del chavismo, como sustituto del general Javier Marcano. Se confirmaba lo que días antes había circulado como murmullo: Marcano había sido detenido y apartado de sus funciones. El chavismo lo acusó de “traición a la patria”, “negligencia grave” y “falta de lealtad” por permitir que los sistemas de defensa fallaran y que las coordenadas del presidente Maduro quedaran expuestas. El arresto fue abrupto y se relacionó con un episodio de intercambio confuso de disparos frente al Palacio de Miraflores en el que drones y soldados se dispararon mutuamente.
El régimen pasaba del shock a la administración del shock. Se activaba la fontanería del poder: asegurar fidelidades, purgar sospechas y garantizar que, aun sin Maduro, el chavismo seguía en pie.
8 de enero
“Nos llevamos muy bien con la Administración actual”
Washington había dado un golpe en Venezuela, pero aún tenía que mantener el control del país. Los contactos diplomáticos se intensificaron durante la semana. Trump creó el miércoles un grupo liderado por el secretario de Estado, Marco Rubio, para tutear al nuevo ejecutivo venezolano. Rubio se ha convertido de facto en el nuevo virrey del país caribeño. Las conversaciones diplomáticas se intensificaron durante la semana. Y la Casa Blanca deslizó un plan de tres fases: la primera consistirá en la estabilización política y económica; la segunda, en la recuperación, y la tercera será la de la transición hacia unas elecciones. Trump aseguró el jueves en una entrevista en The New York Times que no tiene prisa para alcanzar la tercera fase, que controlará el país sudamericano “durante años”. Descartó elecciones “en el corto plazo”. Y aseguró que, de momento, la nueva presidenta venezolana, Delcy Rodríguez, está cumpliendo con las expectativas. “Nos están dando todo lo que consideramos necesario”, remarcó. “Nos llevamos muy bien con la Administración actual”, dijo. Ese mismo día, Trump sufrió un varapalo del Senado. Cinco senadores de su partido votaron junto a los demócratas una resolución que prohíbe al presidente estadounidense autorizar nuevas acciones militares en el país sudamericano. Una votación que se interpreta como la primera señal de descontento entre las filas republicanas por la operación militar, que no fue comunicada previamente al Congreso como suele ser preceptivo.

Comienza la excarcelación de presos
Jorge Rodríguez anuncia la excarcelación de “un número importante de personas venezolanas y extranjeras”. El considerado número dos de Maduro y hermano del alma de la nueva presidenta describió la medida como un “gesto unilateral” del Gobierno bolivariano, cuyo objetivo declarado era “consolidar la paz y la convivencia pacífica” en el país. Agradeció la mediación a Lula, Zapatero y Qatar. No precisó cifras ni listas de beneficiarios, pero generó una enorme expectativa entre las familias de los más de 800 presos políticos que guardan las cárceles venezolanas. Uno de los más relevantes fue el de Enrique Márquez, exvicepresidente del Consejo Nacional Electoral y excandidato presidencial. Su salida tuvo un fuerte valor simbólico como ejemplo de persecución política. También el de Rocío San Miguel, abogada y defensora de derechos humanos que llevaba casi dos años detenida por acusaciones de conspiración.
Las liberaciones fueron más lentas y —por el momento—menos de las esperadas. Hasta el sábado, las cifras eran cambiantes según la fuente, pero no superaban la veintena. Entre los liberados hay cinco españoles.

9 de enero
El petróleo como prioridad
El viernes llegó a Caracas un emisario de la Casa Blanca, la primera visita oficial estadounidense desde la captura de Nicolás Maduro. El alto cargo mantuvo contactos con el Gobierno chavista para explorar la reapertura de las embajadas y abrir conversaciones técnicas sobre el petróleo, en un primer paso hacia la normalización de relaciones. Ese mismo día, Trump celebró una reunión con dos docenas de las mayores petroleras del mundo para instarles a que inviertan 100.000 millones de dólares, el equivalente a 86.000 millones de euros, para la reconstrucción de la industria petrolera de Venezuela, el país con las mayores reservas de crudo del mundo. Las petroleras se mostraron esquivas para comprometer una ingente inversión sin tener las garantías jurídicas y financieras. Muchos ejecutivos del sector aún recuerdan las millonarias pérdidas que sufrieron durante el proceso de nacionalización llevado a cabo por Hugo Chávez en 2007.
Trump aseguró que les garantizará “seguridad”, pero no quedó claro si se refería a garantías legales o protección física. Washington quiere controlar el sector para hacer negocios e influir en los precios del crudo. Mantiene un cerco militar sobre el país para evitar el contrabando de petróleo. Durante los últimos días, el ejército estadounidense ha interceptado cinco petroleros y buques cisternas y se ha incautado de su carga. Uno de ellos, capturado en el Atlántico Norte, cerca de Islandia, había pintado en su casco una bandera rusa. Trump ha anunciado que las autoridades venezolanas ya se han comprometido a entregar hasta 50 millones de barriles, el equivalente a unos 3.000 millones de dólares, como muestra de que no pondrán resistencia a las peticiones de Washington.
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