El Malasaña para guiris: donde había una frutería ahora se vende aceite de cannabis
Al menos 30 negocios han desaparecido desde 2016, algunos con medio siglo de historia, para dar paso a tiendas para turistas, desde consignas para maletas a ‘dinner shows’

Uno de los videojuegos más famosos de internet es el GeoGuessr, donde ganas si adivinas el lugar a través de una foto aleatoria de Google Maps. Hay muchos trucos para descubrir donde estás y uno de los más básicos es fijarse en el idioma de los carteles y el nombre de las tiendas. Imagine que lo que lee en la imagen es: CBD oil, adventure hostel, concept store, make your own candle, sales 20% off, bed and gastro, superfood, roost chicken, lock and enjoy. ¿Sabría decir, al menos, en qué país se encuentra? En uno de habla inglesa, parece. Tal vez sea Londres o alguna ciudad estadounidense. O Singapur, donde el inglés es una de las cuatro lenguas oficiales. Si esa es su respuesta, ha perdido. Es el barrio de Malasaña, en pleno centro de Madrid. En cuatro décadas, la zona ha sufrido una transformación tras otra, y con cada una de ellas, más negocios, los históricos y los del día a día, han ido muriendo. Este periódico ha hecho un recorrido por el Malasaña de 2026 y un recuento de los bares, fruterías, librerías, cines, herbolarios o salas de conciertos que han desaparecido en los últimos 10 años.
Esta ruta empieza en los alrededores de la conocida como plaza de la Luna, epicentro del cómic en Madrid desde hace décadas. Allí estuvo abierta durante 29 años la tienda Elektra Cómics, hasta las pasadas Navidades, cuando cerró porque la dueña les pedía doblar el precio que pagaban por el alquiler después de que un inversor se interesara por el local: de 2.469 a 4.500 euros. Los libreros no podían hacer frente a la subida y dijeron adiós a su barrio. A 280 metros se ubicaba Madrid Cómics, decana en la venta de tebeos en Madrid y abierta en la capital hacía 40 años. Cerró en 2022 y en su lugar hay ahora un film lab.
El número de negocios que llevaban décadas en Malasaña y han desaparecido entre 2016 y 2026 no es exacto, porque muchos de ellos cerraron sin que se diera cuenta en prensa o redes sociales. Para este reportaje se han registrado aquellos locales cuya pérdida ―vinculada a la subida del alquiler, la escasez de clientes por la turistificación del barrio o la compra del local por una empresa con mayor capital― sí se documentó en los medios de comunicación o cuyos dueños lo anunciaron de forma pública. Casi una treintena. Existen otros muchos que también se fueron, en silencio, y que no aparecen en el mapa.
Una de las últimas pérdidas del barrio ha sido la librería Tipos Infames, un proyecto de tres amigos que nació en octubre de 2010 en la calle de San Joaquín, y que ahora también cierra sus puertas por el encarecimiento del alquiler. “Teníamos unas subidas pautadas y el margen de beneficio cada vez se hacía más estrecho. Hemos llegado a un punto de no retorno en el que ya no podemos mantener el local”, lamenta Alfonso Tordesillas, uno de los dueños, en una conversación con EL PAÍS.

La situación de precariedad que atravesaban se ha visto agravada en los últimos meses por la llegada de un público que sí entra a la librería, pero no para comprar libros: los turistas. “Un 80% de gente que entra [en referencia a los turistas] te pide un capuchino”. Tordesillas cuenta que los nuevos compradores de las librerías de Malasaña ―quedan unas seis en el barrio― demandan artículos que antes no eran tan habituales en este tipo de negocios, como mapas o postales. Otros, al ver que no se ofertan libros en inglés, salen de la tienda.
Hacer vida de barrio es cada vez más difícil conforme avanza la turistificación de la zona, comenta la presidenta de la asociación vecinal Maravillas, Maribel Pizarroso, y lo llevan padeciendo desde hace décadas. “Los pisos turísticos [uno de los principales problemas del centro de Madrid] no son de ahora, pero es verdad que no eran tan masivos. Han cerrado fruterías, tintorerías, zapaterías, tiendas de discos, librerías, todo lo que tiene que ver con la vida diaria de los vecinos. En agosto de 2023 había en Malasaña nueve tiendas 24 horas. En enero de 2026 hemos contado 28 de estos negocios”, comenta Pizarroso.
El recorrido, desde la plaza de la Luna, sigue hacia la calle del Pez, arteria baja de Malasaña y donde en 2019 los vecinos dijeron adiós a la tienda de ropa infantil más antigua de Madrid, La Moda. El negocio abrió en 1896 y siempre estuvo regentado por la misma familia, en una zona que en su momento fue uno de los focos comerciales de la ciudad. Cuatro años antes del cierre, Primark abría su tienda más grande en España, a ocho minutos andando de La Moda. El local estuvo varios años vacío y ahora lo ocupa Esotérica Madrid, que se presenta como tienda, restaurante y coctelería. Su reclamo es, además, que organizan espectáculos de espiritismo, en la línea con la moda de los dinner show, cada vez más habituales en la capital. Lejos queda aquel eslogan que promovieron en su día los comerciantes de la calle y decía: “Quien compra en la calle del Pez, bien sabe lo que se pesca”.
Un par de calles más arriba, la familia de Andrea llevaba más de 50 años vendiendo frutas y hortalizas a los vecinos del barrio. La frutería, bautizada como la dueña, abrió en 1958 y era una de las más longevas de la capital. Con el paso de los años, el negocio familiar tuvo que competir con las cada vez más próximas grandes superficies, primero Lidl y luego Mercadona, hasta que en julio de 2023 cerraron para siempre. Ahora, en el local de la calle de Espíritu Santo, también se venden productos naturales, en concreto, aceite de cannabis en una cadena que vende todo tipo de productos con esa sustancia.

Daniel Sorando, sociólogo y autor de First We Take Manhattan. La destrucción creativa de las ciudades (Libros de la Catarata, 2016), opina que Malasaña es el ejemplo perfecto de cómo los barrios de las grandes ciudades, especialmente los del centro, pierden vecinos, se encarecen y convierten en áreas de recreo para turistas. El proceso se da en oleadas: “Primero llegan los conocidos como pioneros de la gentrificación, que no son estrictamente de clase obrera o popular, sino que se asemejan más a las clases medias: jóvenes, fundamentalmente, con estudios y vinculados a un ámbito profesional relativamente precarizado, que tienen más capital cultural que económico. Por ejemplo, trabajadores sociales, artistas, personas de comunicación, profesores”.
Esos pioneros se sienten atraídos por estos barrios porque, “con rehabilitación, pueden satisfacer sus necesidades residenciales, pero que, sobre todo, les dotan de una capa de distinción: son históricos, socialmente mezclados, singulares”, sigue Sorando. Quienes montan este tipo de negocios iniciales no están principalmente movidos por la rentabilidad económica y consiguen locales que todavía no son muy caros porque el barrio aún está estigmatizado. ¿Qué ocurre después? “El estigma decae, se pone de moda y convierte en un signo de distinción”. Esto lleva a un aumento del precio del alquiler de locales y viviendas. “Así se sustituyen los pioneros en una siguiente oleada y eso ocurre sucesivamente mientras haya demanda. Llegan las grandes cadenas, que atraen a clases medias y altas que ya no buscan distinción cultural, sino comodidad y seguridad, sentirse como en casa en cualquier parte. Eso hace que todos los barrios acaben pareciéndose”, añade el sociólogo.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, dijo durante la inauguración de Fitur la semana pasada que lamentaba el cierre de negocios como Tipos Infames, pero que eso no significa que en Malasaña “no se hayan establecido negocios que son perfectamente compatibles con la vida del barrio”. La capital cerró 2025 con 11,2 millones de visitantes e ingresó 17,9 millones de euros en gasto turístico internacional, frente a los 16,1 millones que se embolsó un año antes.
Algunos de los nuevos negocios establecidos en Malasaña ―y que cualquiera puede ver si pasea por la zona― son: cadena de cosmética coreana, cadena de restaurantes griegos, local de tortillas para llevar montado por el gigante Pepsico, bar de mojitos a 5,50 euros, tienda de recuerdos, alimentación 24 horas, otro griego, una consigna para dejar maletas, un bar con lectura de tarot, tienda de vapers, cajero ATM, hostels o edificios de pisos turísticos. Entre los carteles en inglés y las ofertas cada vez más escandalosas, resisten un puñado de tiendas, como una mercería en la calle de Corredera Alta de San Pablo. Al lado, una inmobiliaria: vendido piso en la calle perpendicular por 550.000 euros.

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