Lavapiés pierde cinco vecinos al día y ahora el mítico restaurante Baobab será un hostal cápsula con 288 camas
La Asociación de Vecinos de La Corrala y la oposición denuncian la especulación turística que sufre Madrid que ha degradado la plaza Nelson Mandela y alrededores


Cerca de la plaza de Nelson Mandela, en el corazón del madrileño barrio de Lavapiés, se pueden ver pegados sobre las fachadas de algunos comercios, todavía cerrados por el periodo navideño, carteles en blanco y negro que declaran a Javier González Herráez enemigo de Lavapiés. En el anuncio se lee que este empresario es responsable del desalojo del solar popular de la calle Valencia, donde se construyó el hotel Ibis. Ahora ha comprado los números 1 y 3 de la calle de los Cabestreros para, dicen los vecinos, especular con las fincas. “Por estos motivos lo declaramos enemigo del barrio. Fuera especuladores”, reza el cartel. Justo allí, en una esquina de la plaza, se encontraba el mítico restaurante senegalés Baobab, que se convertirá en un hostal cápsula de 288 plazas.
Hace cinco años, Ibu Ndiaye contaba a este periódico que había alquilado el local del número 1 de la calle de los Cabestreros en 2005 para abrir el Baobab, que con el tiempo se convirtió en un referente de la gastronomía senegalesa en Lavapiés. Con platos como el arroz mafé o elthiere, atrajo durante años tanto a vecinos como a compatriotas, especialmente los domingos, cuando las colas daban la vuelta a la manzana. El local, sin lujos y sin reparto a domicilio, siempre estuvo lleno. Ndiaye llegó al barrio hace tres décadas, primero con una tienda de cultura hip-hop en el Mercado de San Fernando, y más tarde con su restaurante. Tras casi 20 años de actividad, el Baobab tuvo que cerrar porque el propietario del edificio decidió no renovar el contrato de arrendamiento al restaurante y el edificio fue vendido. Ndiaye falleció hace cinco meses, a los 65 años, según cuentan sus amigos del barrio.
Para los vecinos de Lavapiés, este edificio se ha convertido ahora en un nuevo símbolo de gentrificación. Para Mamadu, dueño del restaurante senegalés que hace esquina en la misma plaza, es una tragedia. “Llevo siete años trabajando aquí y ese hostal no va a traer nada bueno. Al dueño del Baobab lo obligaron a cerrar por culpa de la burocracia de los políticos, que siempre favorecen a los mismos”, afirma. Más de cinco vecinos dejan cada día Lavapiés ante el aumento del precio de los alquileres, según el último informe de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid. En total, dice este estudio, el barrio ha perdido 10.000 residentes en los últimos cinco años.
“No queremos ese supuesto hostal cápsula. Es un sitio que será muy barato, y va a venir la peor gente”, dice Marina G., que lleva 67 años en el barrio, mientras obliga a dos agentes de policía a bajarse del coche para mostrarles el socavón que se está abriendo en la calle por culpa de las obras del hostal. “Esto es un abandono total”, añade su marido, Rafael, que lleva nada más y nada menos que 92 años en el barrio, casi un siglo en el que ha visto cómo Lavapiés ha pasado de ser un barrio a ser el objeto de deseo de los fondos de inversión.
El proyecto que se construirá en el antiguo restaurante es un hostal cápsula, es decir, uno de esos negocios para pernoctar que se asemejan más a una nave espacial que a un hotel tradicional: paredes blancas, luces de neón, formas arquitectónicas futuristas y habitáculos de dos metros de largo por uno de ancho. Bajo la legislación española, no pueden considerarse hoteles, ya que no cuentan con habitaciones ni baños independientes, aunque tampoco cumplen del todo con las características de un albergue convencional, asegura Eduardo Irastorza, profesor de OBS Business School.
El macrohostal cápsula, según la web de la empresa promotora, tendrá capacidad para 288 personas e incluirá habitaciones compartidas con literas en cubículos, restaurante independiente en planta baja, zonas comunes con cafetería y recepción, un patio interior ajardinado y una terraza-mirador con zona de spa y piscina. “El proyecto contempla una transformación integral del edificio, manteniendo el uso hotelero pero adaptado a un modelo turístico de bajo coste con vocación internacional”, dice la web.
El proyecto está impulsado por el promotor Javier González Herráez y será desarrollado por el estudio Urbex Arquitectura. Desde 2020 ya se conocía la intención de reconvertir el espacio en un negocio turístico, tras la compra del inmueble por 3,5 millones de euros.
Manolo Osuna, presidente de la Asociación de Vecinos de La Corrala de Lavapiés, denuncia que la transformación del edificio representa una nueva fase de la gentrificación en el barrio. Explica que, tras la rehabilitación de Tirso de Molina, muchas personas sin hogar se trasladaron a la plaza de Nelson Mandela, donde ahora conviven con “quienes venden y consumen droga”, lo que convierte a la zona en un lugar “complicado durante la noche”. Para Osuna, el nuevo hostal forma parte de un modelo de turismo masivo que deteriora la convivencia y desplaza a los vecinos. “Lo que antes era una pequeña pensión que ayudaba a personas sin hogar, ahora se convierte en un negocio de gran escala que no responde a las necesidades del barrio”, señala. La asociación intentó manifestar su rechazo: “Frente a estos gigantes inmobiliarios, nuestras quejas se pierden entre papeles y silencios. No sabemos hasta dónde va a llegar esto, pero está claro que este tipo de turismo no es el que el barrio necesita”, concluye.
Desde Más Madrid critican que el Ayuntamiento de Almeida siga apostando por un modelo de ciudad al servicio del turismo y de los grandes inversores mientras ignora la necesidad urgente de vivienda asequible en barrios como Lavapiés. Eduardo Rubiño, portavoz del grupo municipal, denuncia que “una vez más, el Gobierno de Almeida permite la especulación turística, como demuestra la reconversión del antiguo Baobab en un hotel cápsula, mientras mira hacia otro lado ante la situación de abandono de La Quimera, un edificio desocupado desde hace más de 40 años justo en la misma plaza”. Rubiño recuerda que desde hace años reclaman que el Ayuntamiento ceda ese inmueble a la Empresa Municipal de la Vivienda y Suelo (EMVS) para destinarlo a alquiler asequible. “Presentamos incluso una enmienda al presupuesto de este año con ese objetivo, pero fue rechazada”, añade. A pesar de que la zona de Embajadores es una de las más tensionadas en materia de alquiler, la inversión municipal sigue siendo mínima: “Para 2026, el gasto en construcción y adquisición de vivienda solo aumenta un millón de euros, una cifra ridícula que confirma el abandono institucional que sufrimos”. El Ayuntamiento de Madrid no ha contestado a este periódico al cierre de esta edición.
En una entrevista con el portal Idealista, González ha defendido su iniciativa como una forma de “generar valor para el barrio” y rechaza las acusaciones de especulación. “Nosotros no solo compramos y vendemos, lo que hacemos es transformar”, afirma el propietario de Urbex Arquitectura. Según el promotor, el nuevo hostal sustituirá a una pensión sin licencia vigente y a un restaurante clausurado y permitirá aprovechar un espacio infrautilizado para ofrecer alojamiento reglado y asequible. Aunque admite el desgaste que generan las campañas en su contra, asegura que no emprenderá acciones legales y se toma las críticas con humor: “Mis hijos hasta se ríen cuando ven los carteles”. Subraya que este proyecto forma parte de una cartera más amplia de operaciones urbanas y que, a su juicio, los verdaderos problemas del barrio tienen más que ver con la ineficiencia administrativa que con proyectos como el suyo.
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