La traición del chófer de los Bárcenas: “Era como si fuera uno más de la familia”
El extesorero y su esposa subrayan en el juicio de Kitchen la capacidad que tenía Sergio Ríos, captado por la trama como confidente, para acceder a su documentación


Luis Bárcenas y su esposa, Rosalía Iglesias, señalaron este lunes con especial ahínco a un acusado en el juicio del caso Kitchen: a Sergio Ríos, a quien el extesorero popular fichó como conductor a principios de 2013 y quien, según insistieron, se convirtió en su “chico para todo” y en su hombre de “confianza total” antes de traicionarlos. “Hablábamos ante él como si fuera una persona más de la familia”, precisó la mujer para ejemplificar el enorme grado de “acceso” que tenía a su intimidad. De esta forma, a raíz de sus interrogatorios como testigos ante el tribunal de la Audiencia Nacional, la pareja ha colocado a los pies de los caballos al exchófer, que constituye una pieza clave de la operación de espionaje urdida en 2013 contra el antiguo responsable de finanzas del PP. La Fiscalía pide que se condene a Ríos a casi 12 años y medio de prisión.
El comisario José Manuel Villarejo se encargó de captar a Sergio Ríos como confidente, con el objetivo de que facilitara información confidencial a la trama. La Fiscalía Anticorrupción mantiene que los sospechosos buscaban entonces documentación sensible que Bárcenas aún podía guardar de altos cargos del PP y el conductor se erigía como una vía idónea para lograrlo. Para conseguir que colaborara, según el sumario, se le pagó además con dinero procedente de los fondos reservados (más de 53.000 euros, según las pesquisas). Y el comisario Enrique García Castaño, también implicado, contó en instrucción que les llegó a entregar varios dispositivos electrónicos del excontable popular para clonarlos y así extraer la información.

Rosalía Iglesias relató este lunes al tribunal que notó un notable “cambio” en Sergio Ríos. De mantener una “actitud de protección” hacia ella (sobre todo, cuando su marido entró en prisión preventiva a mediados de 2013), pasó a “estar muy nervioso”, conducir de “manera brusca” e, incluso, mostrarse “desafiante”. También, según remachó la testigo, “tenía bastante interés en saber a quién había visto”: “Y en querer acompañarme con todo el mundo que yo me viese”.
Para subrayar la posibilidad que tenía de manejar y acceder a su información, la pareja explicó que encargaban al conductor tareas muy delicadas. Como el traslado del material que Bárcenas sacó de la sede central del PP, en la calle Génova. O la entrega de documentación sensible a su entonces abogado, Javier Gómez de Liaño —un extremo que confirmó el letrado: “Llevaba de vez en cuando al despacho algunos papeles”—. E, incluso, según dijo Bárcenas, le dijo a su esposa que enviara a Sergio Ríos a pagar a un compañero de prisión que iba a destruir una supuesta grabación que guardaba de Mariano Rajoy sobre la caja b del partido conservador. “El conductor le entregó el dinero. Yo doy la instrucción. Mi mujer me confirmó que le había dado el dinero a Sergio Ríos”, incidió el extesorero.

La “confianza”, según reiteraron ambos, era absoluta. “Sergio tenía las llaves de mi estudio cada vez que yo le pedía que fuera”, apostilló Rosalía Iglesias, en referencia al local que vigiló la trama y al que García Castaño accedió, según su propia versión. Pero, aunque nunca sospechó en ese momento que los estuviera espiando, los recelos de la esposa del extesorero se fueron multiplicando. Y pidió a su marido que cortaran por lo sano. Bárcenas así lo hizo, como explicó este lunes, visiblemente molesto con su exchófer, al que dice que pagaba en “efectivo” y en negro porque el conductor estaba “desempleado” y así no perdía el paro. “¡Cobraba por partida triple!”, exclamó: “¡Le pagaba yo, le pagaba la Seguridad Social y le pagaban de los fondos reservados!”.
La defensa de Ríos intentó cuestionar la versión de Bárcenas durante su turno para interrogarlo. Sin embargo, a Rosalía Iglesias no le lanzó ninguna cuestión: “Siguiendo expresas instrucciones de mi defendido, no hago ninguna pregunta”, indicó su letrado.
Por otro lado, el tribunal ha aplazado la declaración de Manuel Morocho, inspector jefe de la Policía Nacional y principal investigador de Gürtel, que narró en la fase de instrucción cómo recibió presiones de sus superiores para boicotear sus pesquisas.
Los contactos de Bárcenas con Rajoy y Villarejo
El testimonio de Luis Bárcenas ante el tribunal, que se prolongó durante cerca de cinco horas, ofreció detalles de algunos supuestos contactos que mantuvo ante del estallido en 2013 de la Operación Kitchen. El extesorero popular relató que, antes de que su esposa declarase en 2012 en la Audiencia Nacional, él habló con Mariano Rajoy, entonces presidente del Gobierno, para que le evitase a Rosalía Iglesias hacer el paseíllo ante las cámaras de televisión. "Yo le pido a Rajoy que mi mujer pueda acceder a la Audiencia Nacional por un conducto que no tenga que soportar la presión de los periodistas. Rajoy lo habla con el ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, y el tema se arregla. El comisario de la Audiencia Nacional que había en aquel momento contactó con mi mujer, enviaron un coche a mi casa, la recogieron y entró por el garaje de la Audiencia Nacional", subrayó el excontable del PP ante los jueces.
A preguntas de las partes, Bárcenas también incidió en que, sobre 2009, coincidió con el comisario José Manuel Villarejo en un restaurante, pero que entonces él no sabía quién era ese agente. Según su versión, mientras estaba en el local, un grupo de policías se sentó en una mesa próxima, entre los que se encontraba un mando que el extesorero consideraba responsable de las pesquisas sobre Gürtel. En un momento dado, según apuntó el exdirigente popular, se pasó a esa mesa para conversar con ese agente que conocía, sin saber quiénes eran los otros dos que lo acompañaban y que después identificaría como Villarejo y el comisario José Luis Olivera, ambos acusados por Kitchen.
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