Luis Bárcenas apunta contra el PP de Rajoy en el juicio de Kitchen: “Esta operación comienza en el partido”
El extesorero popular afirma que le “robaron” una grabación incriminatoria del expresidente, pero las defensas resaltan sus contradicciones para cuestionarlo


El testigo número 29 del juicio sobre Kitchen se dirige con paso decidido hasta el micrófono colocado ante los tres magistrados. Es un viejo conocido de la Audiencia Nacional y uno de los grandes protagonistas del proceso. Su nombre no ha parado de salir durante las dos primeras semanas de la vista oral, pero su voz seguía ausente. Hasta este lunes, cuando Luis Bárcenas, antiguo tesorero del PP y condenado por este mismo tribunal a casi 30 años de cárcel por su implicación en el caso Gürtel, ha tomado la palabra. Una oportunidad que no ha desaprovechado para apuntar contra la dirección de los populares en la era de Mariano Rajoy por el espionaje urdido contra él en 2013: “Esta operación tiene un comienzo por los responsables del partido y después, si se prueba aquí, un traslado al Ministerio del Interior”.
Con esta afirmación, Luis Bárcenas ha cuestionado los límites impuestos al juicio del caso Kitchen. En 2021, al dar por finalizadas sus pesquisas, el juez instructor Manuel García-Castellón circunscribió toda la responsabilidad de la operación a Interior —con el exministro Jorge Fernández Díaz a la cabeza—, y descartó la denominada “conexión política” que apuntaba contra la cúpula del PP y que llevó a la imputación de María Dolores de Cospedal, secretaria general de la formación con Rajoy. Sin embargo, para el antiguo responsable de finanzas de los populares, una trama de estas características no podía ejecutarse sin la connivencia de las altas esferas del partido, ya que buscaban robarle material sensible de altos cargos de la fuerza política. Es más, ha apostillado que le sustrajeron una grabación donde conversaba con Rajoy sobre la caja b del PP.
“Yo tenía tres grabaciones. Una mía, donde yo explicaba una serie de cosas relacionadas con el procedimiento y con la contabilidad extracontable del partido y cómo funcionaba. Una grabación cortita con Rajoy; y otra grabación con Javier Arenas”, ha seguido el testigo, antes de denunciar que le “quitaron esas grabaciones”. Sobre la del expresidente del Gobierno, Bárcenas ha descrito el supuesto contenido del audio, donde asegura que hablaban de la caja b: “Yo subo al despacho de Rajoy [...] Le entrego la última hoja de esos movimientos donde figura el saldo. Él se da la vuelta en el sillón (eso se oye en la grabación) y lo introduce en el destructor de papeles. El papel, que era una fotocopia, queda destruido”.
El extesorero ha insistido en que esas grabaciones las guardó en un pendrive (“que dejé en una caja en el despacho de mi mujer”) y en internet (“en la nube”). Pero ha remachado que, cuando fue a buscarlas al salir de prisión provisional en 2015, no localizó nada: “Me las roban”. Las defensas han cuestionado sus palabras, ya que Bárcenas ha modificado su versión sobre esos audios, cuya existencia llegó a negar. El testigo ha justificado que esos cambios responden a que, en otros momentos, no le convenía reconocer esas grabaciones porque perjudicaba su estrategia de defensa en el caso Gürtel, que le llevó a prisión. El tribunal prevé que Rajoy declare el próximo jueves.
“Me pareció de película”

El juicio sobre la trama de espionaje a Bárcenas y su entorno, que sienta en el banquillo a las cúpulas del Ministerio del Interior y de la Policía Nacional del Gobierno de Mariano Rajoy, coge mucho vuelo esta semana. El proceso se ha reanudado este lunes con la declaración del extesorero. El excontable popular ha respaldado la tesis de las acusaciones, a las que él mismo y su familia se han sumado como perjudicados. Según ha contado, cuando le dijeron por primera vez que se activó una trama en 2013 para espiarlo, él no podía “creerlo”. Pensaba que era una “fabulación”: “Me pareció de película”. Pero después, al atar los cabos, todo le encajó.
“Hay un momento a partir del cual mi mujer, [Rosalía Iglesias], me traslada en las visitas [a la cárcel] que la da la impresión de que alguien la está siguiendo. Pero ella siempre pensaba que eran periodistas”, ha recordado Bárcenas antes de sumergirse de lleno en Kitchen. El extesorero ha definido a Sergio Ríos, el chófer captado por la trama como confidente, como el “conductor” de la familia y “chico para todo”, que se convirtió en un hombre de su absoluta “confianza” y con “acceso” a sus teléfonos, ya que los dejaba en el coche cuando tenía reuniones. De hecho, según su versión, él fue quien movió el material sensible que se llevó de la sede del PP de la calle Génova: “Encargo a Ríos que se ocupe de recoger toda la documentación en cajas, meterlas en casa, numerarlas y llevarlas al estudio de mi mujer”.
“Esto es de mi teléfono”
En esta línea, sobre las 10.30 de este lunes, nada más arrancar la séptima sesión del juicio, la Fiscalía Anticorrupción se ha puesto manos a la obra para evidenciar que la trama penetró hasta el corazón de la familia Bárcenas y se apoderó sin permiso judicial de material y comunicaciones que obraban en su poder. El fiscal César de Rivas ha enseñado al antiguo contable del PP un documento en formato PDF que el comisario Enrique García Castaño, alias El Gordo, entregó en la Audiencia Nacional con mensajes de móvil, correos electrónicos y la agenda de teléfono. El Gordo contó que esa información se obtuvo gracias a que clonaron en secreto varios dispositivos electrónicos (dos Iphone y un Ipad) que sustrajeron al extesorero y que les entregó el chófer.
—¿Son mensajes suyos? —ha insistido el representante de la acusación pública mientras se proyectaba en una pantalla ese PDF.
—Sí, esto es de mi teléfono móvil —ha apuntado contundente el testigo.
—¿Reconoce su agenda de contactos?
—Sí, ese es el teléfono de donde tenía la cuenta corriente, ese el del gimnasio donde yo iba... Son todos los contactos de mi agenda telefónica.
—¿Está seguro?
—Absolutamente.
Bárcenas ha ido aún más allá y, a medida que se los ha mostrado el ministerio público, ha ido reconociendo multitud de documentos (incluido, de la financiación del PP) que estuvieron en su “poder” y que se encontraron en 2017 en casa del comisario José Manuel Villarejo, que se encargó de captar como confidente a Sergio Ríos, chófer del extesorero, al que se pagó con los fondos reservados. Sobre uno de esos papeles, ha precisado: “Se entregó por instrucción mía al conductor para que se lo llevase al despacho de Javier Gómez de Liaño, [su entonces abogado] para aportarlo en la instrucción que se estaba siguiendo en la Audiencia Nacional”.
Estas preguntas del fiscal no resultan baladíes. La tesis de Anticorrupción sostiene que Kitchen tenía por objetivo arrebatar a Bárcenas los documentos “comprometedores” que aún podía guardar entonces sobre altos cargos de los conservadores para, de esta forma, evitar que llegaran a los agentes de la Policía —encuadrados en la UDEF (Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal)— y al juez Pablo Ruz, que cercaban en ese momento a los populares por el caso Gürtel. “Ese es el borrador de una carta. No sé qué hace aquí. Esto lo he hecho yo en la prisión del Soto del Real”, se ha sorprendido el extesorero ante otro papel que le ha exhibido César De Rivas.
Las acusaciones inciden en que las vigilancias a Luis Bárcenas se extendieron al tiempo que estuvo entre rejas. Como indicio, el sumario apunta que los funcionarios de prisiones le intervinieron a uno de sus compañeros de prisión en Soto del Real (Madrid), Isidro Sánchez, una nota manuscrita que decía: “Álex, hay que destruir todos los audios de M. R. cuando yo te dé la orden. No debe quedar nada. Es mi compromiso. Haz el favor de ir recuperándolos. Abrazo”. El extesorero asevera que él la escribió y que le encargó a Isidro Sánchez que destruyera la grabación del entonces presidente durante un permiso; aunque no pudo ejecutar el encargo porque la policía detuvo al recluso antes de que lo hiciera.
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