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La Crónica | Los socios aprietan para dar más contenido a la legislatura

Los aliados del PSOE, incluido Sumar, aumentan sus exigencias ante el temor a que Sánchez acapare la izquierda

El líder de IU y candidato de Por Andalucía a la Junta, Antonio Maíllo (segundo por la izquierda), y a su lado, los ministros Mónica García y Ernest Urtasun, este domingo en Sevilla. EFE/ Raúl Caro Raúl Caro (EFE)

Ningún partido de la coalición de Gobierno tiene prisa por deshacer el Ejecutivo antes de que se cumplan los cuatro años entre elecciones que marca la Constitución. Tampoco los socios externos; ni los del ámbito de la izquierda, ni Junts per Catalunya. Sí se ven impelidos a aprovechar el tiempo, renovar los contenidos y rescatar proyectos con los que el ala socialista se comprometió, pero que permanecen varados en el Consejo de Ministros o en procesos parlamentarios. Además de interpelar a los ministros, los socios externos pedirán al propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en las sesiones de control parlamentarias, que aproveche al máximo la recta final de la legislatura. No solo los temas que el ala socialista proponga, sino los pendientes con los socios que apoyan desde fuera. Sumar, desde dentro del Ejecutivo, lleva su propia dinámica, cada vez más exigente. Podemos es el artífice de que el Gobierno aprobara el proceso de regularización de inmigrantes que empieza este lunes.

A siete semanas del cierre de este periodo de sesiones, los grupos con influencia sobre el Gobierno, cuyos votos son imprescindibles para sacar adelante cualquier iniciativa, apretarán las tuercas para que no sea tiempo baldío. Sánchez lo comprobará en la sesión de control de este miércoles. Por un lado, la portavoz de Junts, Miriam Nogueras, y por otro, la de EH Bildu, Mertxe Aizpurua. La izquierda abertzale no utiliza eufemismos para asegurar que sus votos estarán siempre con los proyectos económicos y sociales que presente el Gobierno. Y así seguirá. Aun así, van pedir explicaciones al presidente por proyectos que el Ejecutivo ha congelado, como la derogación de algunos aspectos de la llamada ley mordaza, pactados con ellos, y la reactivación de la nueva la ley de secretos oficiales. En esa misma línea reivindicativa están ERC y el BNG.

Todas las demandas de los socios discurrirán en paralelo con el gran asunto nacional: la regularización de inmigrantes, que enfrenta al PP y a Vox con el Gobierno y sus socios. La incomodidad del PP nacional por los contenidos del pacto en Extremadura con Vox será utilizada profusamente por La Moncloa. El cerrojazo impuesto por el partido de Santiago Abascal a las ayudas a las ONG que ayudan a los inmigrantes en situación irregular, incluidas las entidades de la Iglesia católica, causa desazón en parte del PP. El presidente andaluz, Juan Manuel Moreno Bonilla, que se juega la mayoría absoluta en las elecciones del 17 de mayo, verbaliza que no quiere depender de ellos, precisamente por ese tipo de exigencias.

A la vez, los socios fijos o discontinuos del Gobierno no se pueden dormir en los laureles. IU, Comunes, Más Madrid, y Movimiento Sumar miran y sienten más que recelos al partido grande de la izquierda. El PSOE no es su enemigo, pero sí su adversario en las urnas. La popularidad de Sánchez, fuera y dentro de España, en sectores progresistas, inquieta a las izquierdas del PSOE sin que ello minimice la animadversión que le profesa la derecha y la extrema derecha. Ese era su campo. Aunque la presidenta de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, denomine como “narcodictaduras” a países democráticos como Brasil, México y Colombia para desacreditar a Sánchez por sus relaciones con ellos, el jefe del Ejecutivo no va a dar un paso atrás en su proyecto de fortalecimiento de las fuerzas progresistas en el mundo, ni a la crítica a Donald Trump por sus acciones al margen de las reglas y el derecho internacional. El camino elegido no tiene retorno. La decisión del PP de obviar la existencia de Trump en su papel de sostén de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela, y de criticar a Sánchez como supuesto simpatizante del chavismo será respondido por el Gobierno con los datos. Este fin de semana las autoridades madrileñas del PP rindieron homenaje a la líder opositora venezolana María Corina Machado, que se entrevistó con el líder del PP y de Vox, Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal. Machado rechazó la invitación de Sánchez de reunirse en el palacio de La Moncloa por la identidad de los gobernantes latinoamericanos reunidos en Barcelona en la cumbre global de progresistas. El Gobierno de Sánchez ha abierto las puertas por razones humanitarias a cientos de miles de venezolanos y ha puesto a salvo a sus principales líderes con operaciones delicadas de traslado de Venezuela a España.

Venezuela seguirá siendo un asunto de disputa nacional, así como el proceso sobre regularización de inmigrantes, pero los partidos que apoyan al Gobierno presionarán por abrir más la agenda. El ala socialista también tiene la suya.

Este domingo en Sevilla, Antonio Maíllo, líder de IU y candidato Por Andalucía en las elecciones autonómicas del próximo 17 de mayo, pidió a Sánchez que “pase de las musas al teatro”. Es decir, que atienda las reivindicaciones de sus socios.

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