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José María Sánchez: juez, catedrático y rey de la pendencia parlamentaria

El diputado de Vox, que tuvo un fugaz cargo en el primer Gobierno de Aznar, ejemplifica la degradación del ambiente parlamentario

Sánchez (derecha), expulsado el pasado martes del pleno del Congreso por el vicepresidente Gómez de Celis.Jesús Hellín - Europa Press (Europa Press)

Magistrado en excedencia, catedrático de Derecho en la Universidad de Sevilla y doctor por la de Bolonia, letrado del Tribunal de Justicia de la Unión Europa, socio de prestigiosos bufetes de abogados… Nadie, tampoco compañeros de facultad a gran distancia ideológica, cuestiona la trayectoria y los conocimientos jurídicos de José María Sánchez García. El currículo del diputado de Vox reluce, sobre todo cuando le expurga algún borrón, como un fugacísimo y nada exitoso paso por el primer Gobierno de Aznar, en 1996, de la mano de un PP al que ahora ataca sin piedad.

Tan irrebatible resulta esa trayectoria del parlamentario nacido en Madrid hace 63 años como su papel protagonista de los peores altercados de la historia reciente en un Congreso donde la gresca y el lenguaje brutal se han hecho cotidianos. Una biografía mucho menos lustrosa y más pendenciera, que abarca desde dos expulsiones del pleno a comentarios despreciativos contra diputadas de todo el arco político.

José María Sánchez y su rimbombante dialéctica, mezcla de jerga jurídica y modismos de otras épocas, dejó el pasado martes un recuerdo imborrable para la peor historia del parlamentarismo español. Nadie recordaba en el palacio de San Jerónimo una escena así: un diputado que irrumpe en el estrado que ocupa la Mesa y se encara, de frente, a unos pocos centímetros, con quien desempeñaba en ese momento la presidencia, representando la tercera autoridad del Estado: el vicepresidente primero, el socialista Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. Minutos antes, Sánchez ya le había gritado desde el escaño: “¡Usted no sabe ejercer la presidencia!”. Y se había subido la primera vez a la zona reservada al órgano de gobierno de la Cámara para hostigar a una “señora letrado” (en su vocabulario los cargos no tienen femenino). Tras ser expulsado —con la ovación de toda la Cámara, salvo Vox y PP— se presentó en el despacho de la presidenta, Francina Armengol, para continuar la protesta. Y ante la prensa proclamó: “El perjudicado y el ofendido soy yo”.

Sánchez, según testimonian diputados de otros grupos, acostumbra en su escaño a apostillar a los que intervienen en la tribuna. Esta vez se debatía una proposición no de ley del PSOE sobre la destrucción de libros por los franquistas. El parlamentario ultra comenzó a murmurar que también la República quemó libros. Un miembro de ERC que se sienta muy cerca, Jordi Salvador, le replicó. Y ambos se enzarzaron en una airada discusión. El representante de Vox asegura que Salvador le llamó “criminal” y “asesino”, palabras inaudibles desde la lejanía de la Mesa. Y el mismo hombre que una vez tachó de “führer” al presidente del Gobierno y cuyo jefe de filas, Santiago Abascal, suele llamar “criminal” al jefe del Ejecutivo desde la misma tribuna de oradores, se indignó de tal modo que intentó detener el pleno para que se atendiesen sus protestas. Acabó expulsado tras ignorar hasta tres llamadas al orden.

El diputado de Vox tenía viejas cuentas con Gómez de Celis. A este también le coincidió estar presidiendo temporalmente la sesión en el otro grave altercado protagonizado por Sánchez. El 21 de septiembre de 2021, gritó “bruja” a una joven socialista, Laura Berja, que intervenía en un debate sobre el aborto. Esto sí resonó por todo el hemiciclo y Gómez de Celis lo expulsó. El grupo de Vox, con el ahora repudiado Iván Espinosa de los Monteros como capitán general, se amotinó para impedir que su compañero abandonase el salón. El pleno se suspendió hasta que Sánchez accedió a rectificar con la siguiente fórmula: “Retiro que le he llamado bruja”.

Su estampa de habano en ristre en el patio del Congreso se ha hecho familiar desde que llegó en 2019, tras una larga carrera profesional. Muchos años atrás, había vivido un efímero paso por la política de la mano del PP, aunque omitido en su currículo oficial. En 1996, los populares se estrenaban en el poder e Isabel Tocino, titular del Ministerio de Medio Ambiente, lo reclutó como director de gabinete. Tenía 32 años y experiencia de letrado en el Tribunal Supremo y profesor en la Universidad de Sevilla y en la Pontificia de Comillas. No duró más que mes y medio. La ministra lo despidió porque “no servía para el cargo”, según la explicación oficial.

Se enganchó entonces a la judicatura, a la que accedió en 1997 dentro del turno reservado para juristas con más de seis años de antigüedad, informa Reyes Rincón. Tampoco duró mucho. En 1998, tras un breve paso por el juzgado de Balaguer (Lleida), pidió la excedencia y regresó a la Universidad de Sevilla, donde ascendería a catedrático, especializado en derecho eclesiástico. De sus ideas dan testimonio escritos e intervenciones académicas. Como la conferencia de 2010 en un congreso de juristas católicos, donde repudió el matrimonio entre personas del mismo sexo y se animó a augurar que el siguiente paso sería la legalización de la poligamia.

En el Parlamento destacó desde el principio por sus invectivas contra diputadas. Comparó el discurso de la entonces vicepresidenta Calvo con el consultorio sentimental de la señora Francis, famoso durante el franquismo. No se libraron las mujeres del PP, partido que ahora se ha negado a condenar su acoso a la presidencia. A Cuca Gamarra la trataba con sarcasmo como “doña Cuca”. “Doña Cuca, nos gusta más doña Cayetana [Álvarez de Toledo]”, le espetó en una ocasión. A otra representante del PP, Ana Vázquez, se refirió como “esa diputada gallega tan chillona”.

El martes último, horas antes de su espectáculo en el pleno, ya había dado la nota en la más reducida Comisión de Justicia. Se debatía una proposición del PP que pedía más medios judiciales contra la violencia de género. Sánchez se lanzó a equiparar a socialistas y populares: “Los raros son ustedes… ¡Raros, raros, raros!”. Ante los murmullos de desaprobación, prosiguió perorando que en la UE solo España y Suecia cuentan con leyes específicas contra la violencia machista. Y apostilló: “Será porque les gustan las suecas”. Los murmullos derivaron en clamor. Él se envalentonó: “Sí, sí, machista, ya sé… ¡Los machistas son ustedes!”.

La semana anterior, el 9 de abril, en otra comisión, había vuelto a deslizar sus recurrentes burlas que aluden subrepticiamente a la estatura del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares: “Yo me refiero a usted habitualmente como microministro porque verdaderamente su talla intelectual y política —entiéndaseme, me refiero a estas— es mínima”. A continuación, exhibió esa superior autoridad moral e intelectual de la que suele investirse: “Ha cometido errores crasos en materia de derecho europeo que ahora le expondré, como si tuviera que dar clase a un alumno en la facultad o si acaso a un niño en el colegio”.

El diputado posee un amplio patrimonio inmobiliario, según su declaración de bienes. Es dueño —total o al 50%— de tres pisos, un estudio, dos locales comerciales y tres plazas de aparcamiento en Madrid; una casa y otro piso en A Coruña, y una finca rústica en Huelva. En 2023 declaró disponer de 694.413,48 euros en “cuentas corrientes y financieras”.

EL PAÍS se puso en contacto con el grupo parlamentario de Vox para recabar la opinión de Sánchez sin obtener respuesta.

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