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La crónica | Sánchez no quiere preparar la salida: piensa en ganar

El ascenso de Cuerpo corta cualquier mensaje sucesorio y busca centrar la batalla en la economía y en el voto moderado para las elecciones de 2027

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Los nuevos nombramientos del Gobierno de Sánchez
El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, durante la jura de su cargo ante el rey Felipe VI, este viernes en el Palacio de La Zarzuela Foto: Pool (Europa Press)

Rodrigo Rato y Carlos Cuerpo comparten desde el viernes el honor de haber llegado a ser vicepresidente económico de su país, el máximo nivel para un economista. Pero muy pocas cosas más. Son de generaciones distintas, de ideologías diferentes, y sobre todo de extracciones familiares casi opuestas. Cuerpo es nieto de un hombre que no pudo ir a la escuela porque se vio obligado con nueve años a trabajar en la mina de wolframio de su pueblo, Valle de la Serena, en Extremadura. Por el contrario Rato, cuyo segundo apellido es Figaredo, es nieto por parte materna de uno de los más conocidos propietarios de minas de carbón asturianos, miembro de la misma familia del actual diputado de Vox, José María Figaredo. En la cuenca minera asturiana aún se recuerdan los durísimos conflictos de los trabajadores de Minas Figaredo con la familia propietaria, que desde mediados del siglo XIX explotaba esas concesiones en condiciones durísimas para los mineros. Un vicepresidente es nieto de minero, el otro de dueño de minas.

Este viernes, en su toma de posesión, Cuerpo recordaba a su abuelo y hablaba de su educación en escuelas y universidades públicas, de su vivencia como emigrante —sus padres, maestros de escuela, se lo llevaron a Suiza a los 9 años buscando una vida mejor— y definía ese salto del nieto de minero a la vicepresidencia primera como un “sueño americano, pero a la española” porque en lugar de tener detrás una gran fortuna, un éxito arrollador en los negocios, como suele suceder en EE UU, lo que Cuerpo tiene a sus espaldas es “un verdadero Estado del bienestar” que hizo posible ese salto: toda su carrera gira alrededor de esa igualdad de oportunidades.

Pedro Sánchez, un experto en relato político, en hablar con imágenes, con gestos, con historias que se cuentan solas, no ha ascendido por casualidad a número dos del Gobierno a Cuerpo, un hombre que no tiene carné del PSOE ni piensa tenerlo, y por tanto que no aspira a la sucesión del presidente ni está en ninguna carrera política dentro de un partido al que no pertenece.

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El anuncio de Sánchez del nuevo vicepresidente primero

Además de esa historia humana que tanto le gusta al mundo progresista, la del hombre de familia humilde educado en centros públicos que llega al máximo nivel, el nombre de Cuerpo está pensado para lanzar muchos más mensajes, según coinciden diversos miembros del Gobierno y del PSOE consultados estos días.

El primero es hacia afuera, y muy relevante. Sánchez lleva meses desesperado porque el Gobierno no consigue que la agenda política española se coloque en la economía. Precisamente en la época de Rodrigo Rato, Aznar conseguía que todo el foco se pusiera en el llamado “milagro económico”, en el “España va bien”. Y así logró la mayoría absoluta en sus segundas elecciones. Sánchez también querría ganar las elecciones con su particular milagro económico, pero en La Moncloa ven que con datos aún mejores que los de Aznar en muchos aspectos, con más empleo y de mejor calidad, la economía apenas ocupa portadas, tertulias, informativos, y prácticamente ningún debate parlamentario. Y elige a una némesis de Rato para intentar lograrlo.

Al colocar a Cuerpo como gran protagonista, también de las próximas sesiones de control, Sánchez, explican varios ministros, obliga al PP a discutir con él de economía, y de paso mostrará que Feijóo no tiene referentes económicos potentes. “¿Va a discutir Ester Muñoz con Carlos Cuerpo de Economía? ¿Lo va a hacer Miguel Tellado? ¿Le van a seguir hablando de Ábalos mientras él, con su calma total, les va desgranando datos económicos? Vamos a ver cómo lo hacen“, se pregunta un ministro.

Sánchez intenta así centrar la nueva etapa política que se abre hasta las elecciones de 2027 en la economía, porque es ahí donde cree que le puede ganar al PP, como lo hicieron Aznar y Rato a finales de los noventa. Y de paso, coinciden también varios ministros, se concentra en el voto moderado, el que no ve con malos ojos a alguien como Cuerpo, que ha tenido y tendrá grandes batallas con Yolanda Díaz porque representa el sector más centrado de los socialdemócratas, el que está más cercano a posiciones empresariales, el de los llamados “tecos” (por el nombre de su oposición, Técnico Comercial y Economista del Estado) que siempre suelen ser más liberales.

El presidente además ha apostado por otro moderado, Arcadi España, como nuevo ministro de Hacienda. Aunque este sí es pata negra del PSOE, miembro de la Ejecutiva y con mucha experiencia en negociaciones con territorios. Para esta última etapa de la legislatura, Sánchez no parece diseñar un Gobierno guerrero contra la derecha sino uno que intente bajar la pelota al suelo y hablar de economía y de gestión.

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¿Quién es Arcadi España, el nuevo ministro de Hacienda?
La secretaria general del PSOE-A y candidata a la Presidencia de la Junta de Andalucía, María Jesús Montero y el ministro de Hacienda, Arcadi España, durante el acto de traspaso de cartera, a 27 de marzo de 2026, en Madrid.Foto: A. Pérez Meca / Europa Press

Sánchez juega así a dos bandas: él cubre el flanco izquierdo y más combativo —el presidente ha ido buscando el choque con los “tecnooligarcas” o con algunos empresarios y gusta cada vez más a los sectores de izquierda por sus posturas nítidas sobre Palestina o sobre la guerra de Irán— pero pone de número dos a alguien mucho mejor visto por el votante moderado. “Los presidentes del PSOE siempre han tenido un ministro de Economía más a su derecha, Boyer, Solchaga, Solbes, Calviño”, recuerda un ministro.

Sánchez tiene varios problemas electorales, entre ellos el hundimiento del espacio a la izquierda del PSOE, pero también tiene uno en la fuga de votos del PSOE por el centro, hacia el PP o incluso hacia Vox, y con Cuerpo también juega esa partida: intenta minimizar esa pérdida, tranquilizar algo el debate parlamentario al desactivar la guerra diaria que le plantean el PP y Vox.

Pero además de todos estos movimientos, está el interno. Al elegir a Cuerpo y no a Félix Bolaños, el otro gran candidato para ese puesto de vicepresidente primero —de hecho ya ejerce algunas de las atribuciones tradicionales del cargo, al controlar el Consejo de Ministros, e incluso tiene el despacho que siempre fue de las vicepresidentas— Sánchez corta cualquier especulación sucesoria. Si aupaba a cualquier dirigente de peso en el PSOE —como Bolaños, Óscar Puente u Óscar López— las especulaciones serían inevitables. “Es mucho mejor que no apunte a ningún sucesor, porque sabiendo como es el PSOE, eso supondría quemarlo, como sucedió en el pasado”, señala un veterano.

Bolaños parece el gran perjudicado por el movimiento, pero lo es más desde el punto de vista simbólico, porque en realidad seguirá teniendo el mismo poder o un poco más, porque concentrará todas las negociaciones. Sánchez no ganaba nada poniéndolo, señalan algunos, más que premiarlo, pero sí podía sacarle más partido a la elección de Cuerpo. Así que optó por lo que más beneficio le daba. “La decisión no respeta el cursus honorum (carrera de honores), Bolaños se lo merecía, pero esto tiene toda la lógica política. Sánchez ya cubre el flanco izquierdo, ahora toca el otro”, resume otro ministro.

Pero sobre todo, dentro del Gobierno y del PSOE, donde hay sectores molestos por el hecho de que el número dos no sea del partido y represente una visión más técnica y cercana a posiciones más centradas, interpretan que Sánchez está diciéndole a todos, dentro y fuera, que no está preparando su salida, porque no quiere que nadie hable de sucesión, sino que está reordenando su equipo y la imagen del Gobierno para dar la batalla en 2027 y lograr renovar el mandato.

Las encuestas ahora mismo dicen que eso es imposible. Los resultados autonómicos -las perspectivas para Andalucía son malas- apuntan a que la derecha crece. Pero Sánchez y algunos pocos fieles parecen absolutamente convencidos de que pueden repetir en 2027 el milagro de 2023. “El que piense nos queda un año y nos vamos, que se vaya ya. Aquí nadie está en eso. Todo lo que hace Sánchez va en sentido contrario. Está jugando a ganar. No es el Zapatero de 2010, cuando ya se estaban matando Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacón por la sucesión. Siempre hay gente moviéndose, pero Sánchez lo para”, sentencia un ministro.

En el entorno del presidente lo tienen claro: Sánchez ya está pensando en 2028. “Estamos incorporando gente más joven y muy solvente [Cuerpo es de 1980]. Este es un proyecto con largo recorrido. Estamos mirando más allá de 2027″, rematan. La enésima mutación del sanchismo empieza su recorrido.

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