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Sánchez rediseña un Gobierno más técnico para hacer frente a la guerra y rematar la legislatura

La elección de Cuerpo como vicepresidente pone todo el foco en la economía y, junto con el nombramiento de Arcadi España, busca una imagen de Ejecutivo renovado

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su salida de una sesión plenaria, en el Congreso de los Diputados, este jueves en Madrid. Gabriel Luengas (Europa Press)

No fue una revolución, una gran crisis como la de 2021, sino más bien un cambio quirúrgico. Sale María Jesús Montero, que tenía dos cargos, vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, y la sustituye en el primero uno que ya estaba, Carlos Cuerpo, y otro que era secretario de Estado, la segunda fila del Ejecutivo: Arcadi España, nuevo ministro de Hacienda. Ni fichajes, ni experimentos, ni relevos en los ministerios más quemados. Pero sí una clara renovación de la imagen —Cuerpo y España son caras bastante nuevas— y un mensaje de fondo: Sánchez no se ve como un político de salida, quiere seguir hasta 2027 y dar la batalla para mantenerse en La Moncloa y por eso propone nombres poco conocidos pero con futuro, y con perfil económico en plena guerra de Irán, frente a la otra gran opción para la vicepresidencia primera, Félix Bolaños, que habría lanzado un mensaje político muy diferente, más político y menos novedoso. Sánchez opta por Cuerpo y no por Bolaños para poner todo el foco en la economía y apostar por la calma del ministro de Economía para forzar al PP a hablar de este asunto en el que el Gobierno se mueve mucho más cómodo.

Hasta que tenga que sustituir a otros ministros por las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2027, porque serán candidatos —Óscar López, Diana Morant, Ángel Víctor Torres, y probablemente también Ana Redondo en Valladolid— Sánchez asegura que seguirá con el mismo gobierno, sin más retoques, en este año final de legislatura.

Por eso este cambio era muy importante, y el mensaje es muy claro: Sánchez apuesta por un Ejecutivo con más perfil técnico, porque se lo marca el relevo de una política pura como María Jesús Montero, número dos del PSOE y veterana en mil batallas, por un economista del estado e independiente, sin carné del partido, como Cuerpo, que nunca hizo carrera política hasta que dio el salto como ministro de Economía después de trabajar en la sombra con Nadia Calviño.

Pero sobre todo el presidente hace un gesto claro hacia la economía en plena guerra de Irán, cuando todo el foco se va a poner en las medidas que habrá que tomar, como las que se votaron este jueves en el Congreso, para hacer frente a sus consecuencias. Sánchez y su equipo apuestan por una guerra larga que cambiará por completo el panorama, y Cuerpo asciende para ser la cara visible de esa batalla contra la inflación causada por la guerra de Donald Trump y forzará así al PP a contrastar con él en el Congreso y hablar al fin de economía. España es más político —es un veterano dirigente del PSOE valenciano— y es muy respetado dentro del partido, pero también tiene un perfil técnico fuerte como ex conseller de Hacienda. Será él el encargado de negociar con las autonomías, algo en lo que tiene mucha experiencia porque conoce bien la estructura autonómica y ya lo hacía como secretario de Estado de Política Territorial.

El cambio de Montero por Cuerpo, que salieron abrazados del hemiciclo cuando los dos ya sabían que él sería el sustituto, es muy relevante. Sánchez pasa de una política de raza, que es la número dos del PSOE y sonó en alguna ocasión como posible sucesora, a un independiente que ha desarrollado toda su carrera en puestos técnicos como economista de élite en la Comisión Europea o en la Airef. Cuerpo es economista del estado por oposición.

El extremeño Cuerpo viene de una familia muy humilde: su abuelo fue minero de wolframio y empezó a trabajar a los nueve años. Sus padres, maestros de escuela, emigraron a Suiza cuando él era un niño para buscar oportunidades, y después lograron volver a Extremadura. El economista ha hecho toda su trayectoria académica con becas en universidades públicas. Todo un símbolo de meritocracia y de defensa de lo público hasta llegar a la vicepresidencia económica.

Desde este miércoles, a Cuerpo ya se le veía visiblemente contento con las quinielas que le situaban en la vicepresidencia. Y este jueves, para el día clave, cuando ya sabía que sería el elegido, se puso una corbata que fue de su padre, fallecido en 2009, que no pudo ver a su hijo llegando al máximo cargo imaginable para un economista.

Sara Aagesen, la otra vicepresidenta del sector socialista, tampoco es militante, por lo que Sánchez tiene ya a varios dirigentes de perfil técnico al máximo nivel, como sucedió con Calviño.

En La Moncloa señalan que Sánchez no está de salida, que pretende seguir no solo hasta 2027 sino también después, y por eso apuesta por perfiles con futuro como Cuerpo o España, que dan una señal no simplemente de ajuste quirúrgico sino de apuesta para lo que viene. En cualquier caso Sánchez no ha aprovechado esta salida de Montero para un cambio en profundidad del Gobierno, solo ha relevado lo imprescindible, lo que ella ocupaba: la vicepresidencia y el ministerio de Hacienda. El Gobierno no se reduce ni se amplía, se queda igual, aunque sí baja en paridad porque sale una mujer y entra un hombre.

Se queda sin esa vicepresidencia primera Félix Bolaños, con un perfil político mucho más potente que el de Cuerpo. Hasta ahora, la lógica de que ese puesto era para una mujer ―todas lo han sido con Sánchez― dejaba fuera al ministro de Presidencia que en realidad es como una especie de vicepresidente in péctore y lo va a seguir siendo, porque controla el Consejo de Ministros, dirige todas las negociaciones políticas y ocupa el despacho en el llamado edificio de vicepresidencia en La Moncloa. Bolaños ocupa mucho poder, y ahora tendrá más, no menos, porque con la salida de Montero él será el protagonista absoluto de las negociaciones, pero se queda sin el estatus de la vicepresidencia primera.

Sánchez opta así por una vicepresidencia económica y no política, que forzará al PP a hablar de economía en las sesiones de control en el Congreso, en las que hasta ahora ha evitado el asunto todo lo posible hasta el punto de que Cuerpo estuvo meses sin recibir una sola pregunta. Lo que sí pierde el Gobierno claramente es peso político con la salida de Montero, un peso pesado del núcleo duro acostumbrada a mil batallas y negociaciones y a trasladar mensajes fuertes a la prensa para marcar la agenda.

En el Ejecutivo insisten en que Cuerpo tiene ganas de jugar en política, pero es algo que se irá comprobando con el tiempo y hasta ahora él se ha concentrado en un tono más técnico que evita los rifirrafes duros con la oposición. En la Moncloa creen que su capacidad de contestar siempre con calma a cualquier ataque, sin alterarse lo más mínimo, será muy útil para intentar rebajar la tensión en las sesiones de control. Sánchez busca así su enésima reinvención y trata, una vez más, de romper la idea de fin de ciclo. Al contrario, se dedica a aupar nombres con futuro aún a costa de perder peso político.

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