Arcadi España, un economista moderado y dialogante que no ha dejado de crecer en el seno del PSOE
El nuevo ministro de Hacienda ejercía de secretario de Estado de Política Territorial, fue consejero de Hacienda en el Consell de Ximo Puig y empezó a trabajar en el Gobierno de Zapatero


Arcadi España (Carcaixent, Valencia, 51 años) ha convertido el pragmatismo, el diálogo y la moderación en su principal capital político. Licenciado en Económicas, medido y prudente, ha pasado por casi todos los estamentos políticos dentro del PSOE y de los gobiernos central y autonómico. El nuevo ministro de Hacienda ejercía de secretario de Estado de Política Territorial y anteriormente fue consejero de Hacienda Política en la Generalitat Valenciana, presidida por Ximo Puig, entre otros cargos. Su trayectoria política no ha dejado de ser ascendente desde su desempeño como asesor del ministo de Trabajo Jesús Caldera y después de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Conoce bien los entresijos del poder ejecutivo y del partido y siempre ha hecho gala de una capacidad de sacrificio, como buen aficionado a la práctica del ciclismo, y de saber situarse políticamente. Y no es ajeno a la cartera de Hacienda. Como consejero le tocó negociar con la vicepresidenta María Jesús Montero y llegó a acuerdos entonces con el consejero andaluz del ramo y hoy vicesecretario de Economía del PP, Juan Bravo. Uno de sus grandes retos será el cambio del actual sistema de financiación autonómica, que perjudica especialmente a la Comunidad Valenciana, uno de sus caballos de batalla durante su mandato en el Consell.
Hombre muy cercano a Puig, España nunca ha sido un pata negra del sanchismo, pero ha sabido moverse y establecer una gran sintonía con personas muy cercanas al presidente del Gobierno, como el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, con el que ha gestionado la crisis de la dana de Valencia de 2024 desde el ejecutivo central. Se aficionó pronto a la política, siguiendo el ejemplo de su padre.
En una entrevista con EL PAÍS, España se definía como un socialdemócrata clásico, seguidor del alemán Willy Brandt, y refractario a los posicionamientos estancos. “Intento ser un idealista pragmático. Soy progresista pero soy pragmático. Prefiero un mal acuerdo que un no acuerdo. No me gustan los maniqueísmos. Creo que la vida, y sobre la política, muchas veces es gris. Es verdad que a la moderación le falta épica pero creo que es más complicado ser una persona moderada que radical. El radicalismo es siempre muy fácil, tienes enemigos y culpables, no buscas tanto las soluciones El radicalismo es siempre muy fácil, tienes enemigos y culpables, no buscas tanto las soluciones [...]. Hay que negociar y ser consciente de que uno no siempre tiene toda la verdad”.
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