Irán rechaza la propuesta de Trump para poner fin a la guerra y reivindica su soberanía sobre Ormuz
Teherán considera “excesivas” las demandas de Washington Los países mediadores intentan lograr una reunión entre los dos adversarios antes de que acabe la semana.

Irán ha movido ficha este miércoles al rechazar la propuesta de 15 puntos del presidente estadounidense Donald Trump para poner fin a la guerra, ya que considera sus términos “excesivos”, pero deja un resquicio para proseguir los contactos mientras los países mediadores tratan de conseguir, contra el reloj, una reunión entre representantes de los dos adversarios. Ese encuentro puede ser, según advierten los intermediarios, la última oportunidad para evitar una escalada mucho más encarnizada del conflicto.
El rechazo del Gobierno iraní al plan que les entregó Pakistán a principios de esta semana en nombre de Washington se ha conocido a través de las declaraciones de un alto cargo de Teherán a la cadena de televisión Press TV. Según estas declaraciones, la propuesta de la Administración de Trump es “excesiva y alejada de la realidad del fracaso de Estados Unidos en el campo de batalla”.
El alto cargo también considera el plan “engañoso” y recuerda que la Administración Trump ha seguido la misma pauta con Teherán durante este mandato: inició negociaciones y, mientras estaban en curso, primero en junio de 2025 y luego este febrero, atacó territorio iraní o, como en la guerra del año pasado, apoyó los bombardeos de Israel y se acabó sumando.
En la primera ofensiva destruyó las instalaciones nucleares del país; en la segunda, ha matado a buena parte de la cúpula de mando iraní, incluido el líder supremo Alí Jameneí, sustituido por su hijo Mojtaba, al que Israel da por vivo y participando en el proceso de decisiones, frente a las especulaciones de Trump. Esa pauta, denuncia Teherán, podría repetirse ahora: mientras propone conversar, Estados Unidos concentra refuerzos militares en la zona del golfo Pérsico, cuya llegada se espera este mismo viernes, cuando se cumple el últimatum de Trump
El plan de 15 puntos parece, a simple vista, una repetición de las propuestas que los enviados Steve Witkoff y Jared Kushner plantearon al ministro de Exteriores iraní, Abás Araghchi, en sus tres rondas de reuniones antes del comienzo de la guerra: Fin del enriquecimiento iraní de uranio y desmantelamiento de las instalaciones nucleares de ese país; del programa de misiles, y del patrocinio de grupos radicales islamistas en Oriente Próximo. A esas exigencias se suma ahora la apertura del estratégico estrecho de Ormuz, por el que pasa el 20% del tráfico mundial de petróleo y gas y que Irán mantiene cerrado en la práctica tras el comienzo de la ofensiva israelo-estadounidense el 28 de febrero. La clausura de este paso ha afectado el tránsito marítimo y disparado la inestabilidad de los mercados. A cambio, Estados Unidos ofrece el levantamiento de las sanciones que pesan contra Irán y que lastran su economía.
Si Washington no parece haber cedido un ápice en sus exigencias tras cuatro semanas de guerra, Teherán tampoco da su brazo a torcer y mantiene una postura de máximos. Según la fuente de Press TV, el régimen teocrático ha presentado sus propias condiciones: exige el cese total de las “agresiones y asesinatos” en Irán y sus aliados por parte de Estados Unidos e Israel. También reclama un mecanismo que evite el lanzamiento de nuevas hostilidades en el futuro y el pago de reparaciones de guerra. Y demanda el reconocimiento de la soberanía de Irán sobre el estrecho de Ormuz como un “derecho natural y legal de Irán”.
Un portavoz militar iraní, Ebrahim Zolfaghari, ha asegurado que la situación en el estrecho de Ormuz “no volverá a ser la que era” y que su país decidirá qué barcos pueden atravesarlo y cuáles no. “La autoridad para permitir el paso es nuestra”, ha indicado el representante, que horas antes había desdeñado la propuesta estadounidense: Washington, aseguraba, “está negociando solo consigo mismo”.
En Israel, que quiere continuar la campaña que lanzó con EE UU, estiman que el diálogo fracasará, por lo que no reina la preocupación, según la televisión pública. Solo existe un cierto temor a que Trump imponga a su aliado un alto el fuego temporal. De hecho, está
48 horasd. El primer ministro, Benjamín Netanyahu, ha hecho una digresión cuando hablaba sobre Hezbolá por videoconferencia con las autoridades del norte del país (las más castigadas por los disparos de la milicia libanesa) para señalar que la guerra en Irán “continúa con XXXXX, ,a pesar de las informaciones publicadas en la prensa”.
Estados Unidos sostiene —o más bien, Donald Trump— que Irán está deseoso de cerrar un acuerdo. “Y quién no querría, si fueras ellos”, declaró este martes desde el Despacho Oval el mandatario. Este también insiste en que Washington ha ganado la guerra —el conflicto está a punto de cumplir un mes—, el Pentágono va a pedir un presupuesto extraordinario de 200.000 millones de dólares, continúan los ataques y se encuentran en camino miles de soldados de refuerzo para sumarse a los 50.000 con que ya cuenta la potencia en Oriente Próximo.
A las reticencias iraníes sobre esos refuerzos mientras Trump habla de negociar, representantes de la Administración responden que se trata de la táctica habitual del antiguo empresario, que presume de ser un especialista en cerrar acuerdos. “Con una mano ofrece un trato, con la otra se prepara a golpearte si no lo consigue”, indican. Y aluden como prueba de la buena fe de Washington al hecho de que ahora estén implicados en los intentos de negociar los dos grandes pesos pesados de la política exterior de Trump: el secretario de Estado, Marco Rubio, y el vicepresidente, J. D. Vance.
Los nuevos dirigentes de Irán, procedentes de la línea dura del régimen y vinculados con la Guardia Revolucionaria, son escépticos con la negociación con Witkoff y Kushner, promotores inmobiliarios de profesión, que carecen de conocimientos nucleares y de los que opinan que no llegaron a entender bien los términos que ofrecía Irán en las conversaciones previas a la guerra.
“El régimen iraní ahora es más radical, menos centralizado y cada vez más convencido de que está ganando. Cree que puede dictar los términos de cómo acabe este conflicto. Eso deja a Trump con dos opciones reales: o bien aceptar un alto el fuego sin un acuerdo, o un acuerdo forjado en torno a las exigencias iraníes, o bien una grave escalada, con drásticas consecuencias para el sistema global y la economía internacional”, apunta el ex analista de la inteligencia militar iraní Danny Citrinowicz, en un comentario en redes sociales.
“Este es el resultado de una campaña desarrollada a partir de supuestos erróneos, especialmente en torno a la capacidad de resistencia iraní. Irán no es Venezuela. No hay una Delcy Rodríguez esperando en Teherán. Y no hay una fórmula mágica para resolver el problema iraní”.
Mientras tanto, corre el tiempo. Para este viernes se espera la llegada a la zona bajo responsabilidad del Comando Central —a cargo de las operaciones estadounidenses en Oriente Próximo— de un grupo de tres buques de asalto anfibios liderados por el Boxer, y a bordo de los cuales viajan unos 2.500 soldados de la 31.ª Unidad Expedicionaria de la Infantería de Marina. El Pentágono también ha movilizado a unos 3.000 paracaidistas de la 82.ª División Aerotransportada, que pueden desplazarse a cualquier punto del mundo en 18 horas. Y han recibido órdenes de prepararse para zarpar otros 2.500 soldados de la 11.ª Unidad Expedicionaria de los Marines, que viajarán a bordo del grupo anfibio que encabeza el Tripoli, con base en San Diego.
En una rueda de prensa, el ministro egipcio de Exteriores, Badr Abelati, ha ofrecido a su país como sede de cualquier posible reunión sobre la guerra, si resulta útil para lograr una salida a las hostilidades. Según el alto cargo, un encuentro directo entre Irán y Estados Unidos puede ser la “última oportunidad” para evitar una escalada sangrienta.
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