La deriva “antisistema” de la extrema derecha abre la veda contra el Rey
Vox muestra su alejamiento de Felipe VI tras el reconocimiento de “abusos” durante la conquista


Tras un alegato por “la unión”, “la paz” y “la libertad” del pueblo español, Santiago Abascal cerró su discurso con dos vivas, cada uno acompañado de un golpe de cabeza.
— ¡Viva el Rey! ¡Viva España!
“¡Viva!”, respondió la bancada de Vox.
Era octubre de 2020. Desde aquella moción de censura de Vox, el partido ha mutado. Entonces era una versión exaltada del PP, también en su énfasis monárquico. Hoy es otra cosa. Franquicia del trumpismo, entregado al populismo antisistema como vía de crecimiento, Vox es un azote diario de la “casta” que —dicen sus dirigentes— parasita al Estado. ¿Entra ahí Felipe VI? Sin llegar a tales afirmaciones, Vox y los grupos y agitadores en su órbita sí han abierto la veda contra el monarca. “Desde que firmó la ley de amnistía de 2024, cuando Vox deslizó que Felipe VI no estuvo a la altura al ceder ante el Gobierno, ya no es una figura intocable”, señala Juan Francisco Albert, investigador sobre extrema derecha y director del centro de ideas Al Descubierto. “En la lógica de impugnación de Vox, el Rey ha dejado de ser sagrado” al no secundar su estrategia de “confrontación total”, añade.
El alejamiento de Vox se ha acelerado desde el verano pasado. Algunos hitos han sido simbólicos, como los plantones de Abascal a los Reyes en el desfile del 12 de Octubre y el acto por los 50 años de la monarquía al mes siguiente. Otros, verbales, como cuando el eurodiputado Hermann Tertsch acusó a Felipe VI en septiembre de leer un “panfleto socialista globalista” en la ONU, donde reclamó a Israel detener su “masacre” en Gaza. No obstante, la mayor explosión contra el Rey ha tenido lugar esta semana, cuando el embate ultra ha llevado a recordar la hostilidad contra Juan Carlos I de la Fuerza Nueva de Blas Piñar y del periódico El Alcázar durante la Transición.

El motivo han sido unas palabras de Felipe VI durante una visita a una exposición en Madrid sobre la mujer en el México indígena el lunes, cuando dijo ante el embajador del país azteca que en la conquista de América hubo “mucho abuso”. Ni cedió a la pretensión del Gobierno de México de que pida perdón, ni dejó de subrayar que no es adecuado juzgar el pasado desde el “presentismo moral”. Dio igual. Fue suficiente para abrir la caja de Pandora.
Además de las críticas de Tertsch —que acusó al Rey de “adhesión” a quienes sienten “desprecio” por España—y del también eurodiputado Juan Carlos Girauta, esta vez Vox solemnizó su impugnación a través de su portavoz en el Congreso, Pepa Millán, que negó cualquier abuso y afirmó que en la conquista, la “mayor obra civilizadora” de la historia, “se respetaron los derechos” de los súbditos de la Corona española.
Aunque sin alcanzar los extremos de aversión al Rey de la derecha neonazi y falangista, canales y agitadores en la órbita de Vox han reforzado el mensaje del partido dando rienda suelta a las críticas, en un retahíla de mensajes a los que puso el broche Julio Ariza, padrino mediático de Abascal, que en X se preguntó si Felipe será “VI y último”. Más lejos ha llegado Se Acabó la Fiesta (SALF), con Alvise Pérez cargando contra una monarquía “woke, pro-agenda2030, amiga de ayatolás у defensora de la leyenda negra”.
Pablo Stefanoni, que ha investigado las transformaciones del conservadurismo para su ensayo ¿La rebeldía se volvió de derechas? (Siglo XXI, 2021), ve el enfriamiento de la actitud hacia el Rey de quienes siempre lo han encumbrado como parte de un fenómeno amplio: el retroceso global de la “derecha conservadora” frente al empuje de las “derechas rebeldes”, que —en un eco de los años 20 y 30 del siglo pasado— combinan una “promesa de orden” con la “transgresión antisistema”.
El resultado es paradójico. La derecha, explica, siempre asociada a “la Corona, los militares y la Iglesia”, es hoy un surtidor de figuras que han chocado con estas instituciones. Así lo ha hecho desde el arranque de su carrera política Donald Trump con el Ejército, a parte de cuya élite ha presentado como una casta inepta cuando no coaligada con la industria militar o incluso carente de “espíritu guerrero”. Así lo hicieron Abascal y Ayuso en España, Javier Milei en Argentina, Matteo Salvini en Italia o Jair Bolsonaro en Brasil con sus reproches y en el algún caso ataques al papa Francisco. Todo ello, junto a las críticas a las palabras del Rey, forma parte —según Stefanoni— de una “reacción” derechista a la porosidad mostrada por instituciones de pedigrí conservador a ideas progresistas: la tolerancia hacia la diversidad del ejército, la acogida a la inmigración del Vaticano, la mirada autocrítica sobre el pasado del monarca.
Los “enojados”
Las posiciones de Vox también tienen lógica electoral. Al marcar distancias con el Rey o la Santa Sede, Abascal y los suyos agradan al votante “enojado” sin cuestionar ni a la Monarquía ni a la Iglesia, algo que podría inquietar a su electorado de orden, analiza Stefanoni. En el caso de Vox, además, hay datos que muestran que sus seguidores, aunque mayoritariamente católicos y monárquicos, no son tan entusiastas como los del PP.
“Vox ha crecido alimentando un perfil antiestablishment que choca con cualquier defensa cerrada de las instituciones del sistema, incluida la Monarquía”, apunta el politólogo Juan Francisco Albert, para quien ahora el partido está inmerso en una “operación delicada”: “enfriar la relación” con el Rey “y presentarlo como insuficientemente combativo” pero “sin romper con la Corona”, porque la mayoría de su electorado la defiende.
Lluís Orriols, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Carlos III, especializado en comportamiento electoral, cree que Vox renuncia al clásico discurso “reverencial” de la derecha hacia el Rey como parte de la “estrategia de ruptura del eje izquierda-derecha”, que “pretende llegar a un electorado joven, sin el vínculo con la monarquía de sus mayores, a votantes de izquierdas desencantados y a los que tienen más sentimiento antipolítico”, señala.
A estas bolsas de votantes se suma otra, la de aquellos que mueven hashtags contra el Rey, que llevan a sus manifestaciones banderas de España con el escudo recortado como gesto antimonárquico. Se trata de perfiles que se pueden ver tentados por Alvise Pérez —el trasvase de Vox a SALF es de casi el 8%, según el CIS— y por la derecha aún más extrema que Vox, con fuerzas como la Falange, Núcleo Nacional o Democracia Nacional, con discursos de abierto desprecio al Rey.
Diferencias en la derecha
Orriols cree que Vox “no va a arrastrar al PP” en esta deriva. ¿Y no son indicativas de una cierta imitación a Vox las palabras del martes de Feijóo sobre el “disparate” de mirar al siglo XV con las gafas del XXI? No, según Orriols, que solo ve en el PP un deseo de demostrar que “no va a permitir que le arrebaten el discurso nacionalista”. “Tocar la Conquista para un nacionalista español es como tocar la Renaixença para un nacionalista catalán. Es un mito fundacional de la nación. Ante eso reacciona Feijóo, no contra el Rey”, expone.
“Feijóo —añade Albert, de Al Descubierto— sabe que una parte decisiva del electorado conservador consume la historia nacional en clave de agravio: ‘España siempre atacada, siempre obligada a disculparse, siempre puesta en cuestión’”. Para complacer a este sector, el PP se desmarca de las palabras del Rey pero no criticándolo, sino “reinterpretándolo” y al mismo tiempo acusando a la izquierda de manipular sus palabras, analiza.

También hay diferencias en las posiciones de Abascal y Feijóo a ojos de Anna López, autora del ensayo La extrema derecha en Europa (Tirant, 2025). En Vox detecta un intento de atraer y retener “voto antiestablishment” en un contexto de desencanto con la política. “A diferencia de otras extremas derechas en fase de desdemonización, como las de Marine Le Pen o Giorgia Meloni, Vox todavía necesita polarizar para movilizar”, analiza.
En cuanto al PP, López lo ve buscando el “equilibrio” mediante una “crítica moderada” a las palabras del Rey que le permite competir “en el mismo marco simbólico que Vox pero sin el coste de la radicalidad”. Para el investigador Juan Francisco Albert, dentro del PP hay una figura, Ayuso, que va por libre como “líder de la batalla cultural”, con un mensaje “más descarnado”, dirigido “al ecosistema mediático y digital de la derecha dura”. Ya en 2021, Ayuso interpelaba a Felipe VI sobre los indultos del procés, “¿Los va a firmar?”, preguntaba, señalando el camino que luego recorrió Vox con la amnistía.
¿Republicanos? No tanto
El historiador Pedro González Cuevas, colaborador de la fundación de Vox, Disenso, cree que la Corona ha perdido imagen de “neutralidad”. Entre los gestos de Felipe VI que han causado irritación en la derecha, según González, está su foto junto a banderas republicanas en Mauthausen el año pasado, la —a su juicio— muestra de proximidad a Ursula von der Leyen en la entrega de un premio a la presidenta de la Comisión también en 2025 y mensajes que pueden leerse como críticas a la “derecha identitaria”. En su último discurso de Navidad, por ejemplo, alertó contra “los extremismos” y “los populismos”. Pero ni siquiera con todo eso encima de la mesa, pronostica el historiador especializado en derecha española, llegará Vox a un cuestionamiento de la Monarquía, al menos con la actual generación al mando. “En la derecha siempre hay miedo a las rupturas simbólicas, a la apertura de procesos que escapan a su control”, concluye.
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