Von der Leyen vuelve a empantanarse en el avispero de Oriente Próximo
La presidenta de la Comisión Europea irrita a varios gobiernos por sus guiños permanentes a Estados Unidos e Israel, una actitud que ya mantuvo durante la ofensiva en Gaza

El conflicto bélico en Oriente Próximo se ha convertido en un avispero para la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. Le sucedió ya durante la guerra en Gaza y le ha vuelto a pasar ahora en Irán. La falta de un mínimo reproche a Estados Unidos e Israel por atacar a la República Islámica sin el amparo de la legalidad internacional, más el discurso del pasado lunes en el que daba por finiquitado el orden mundial basado en reglas, han reavivado el malestar, en Bruselas y otras capitales europeas, de quienes recelan desde hace tiempo de las timoratas palabras de la mandataria cada vez que andan por medio Washington o Tel Aviv.
La situación, además, ha hecho aflorar de nuevo los cuestionamientos al alto perfil político de la alemana, a la que se reprocha que se extralimite en sus competencias: un viejo adagio que ya sonó durante su primer mandato (2019-2024) y que retumba en este.
No solo en Madrid: en más de una capital ese discurso en el que Von der Leyen daba por caduco “el viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá”, chirrió. La UE se asienta en ese mundo de las reglas internacionales, que constituye uno de sus pilares básicos. Por eso, al día siguiente, el presidente del Consejo Europeo, el portugués António Costa, no dudó en afirmar en el mismo foro que “la UE debe defender el orden internacional basado en normas”.
Aunque el impacto de sus palabras ha sido desigual. España, por ejemplo, es un país muy sensibilizado, en el que pesa todavía lo sucedido en 2003, cuando el entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, se unió a Estados Unidos en la guerra de Irak contra el sentimiento de la inmensa mayoría de una población que gritó “no a la guerra”. Ese lema lo ha recuperado ahora el Gobierno del socialista Pedro Sánchez. En Alemania, en cambio, los ecos son distintos, porque Von der Leyen no deja de ser una conservadora germana con la mochila que eso implica en política exterior: atlantismo y alianza a toda costa con Israel, aderezada con su larga experiencia como ministra de Defensa.
Pero que sus mensajes se oigan de forma distinta no quiere decir que pasen inadvertidos. Desde la diplomacia, apuntan algunos, se puede entender, en parte, el realismo de las palabras de la alemana. Pero hay límites: ese realismo no puede acabar en un cinismo en el que se desdibujan los principios, sobre todo cuando ya ha quedado claro que “seguir a Trump no da ningún beneficio”, advierten estas fuentes.

El entorno de Von der Leyen insiste en que fue malinterpretada. Pero un indicio de que la lectura de su discurso no fue tan errónea es el hecho de que la propia Von der Leyen se vio obligada a matizar unos días después sus palabras en el Parlamento Europeo. Ante las durísimas críticas de eurodiputados de varios países y diferentes sensibilidades políticas —muchos de ellos ya en pie de guerra por la marcha atrás de la alemana también en el Pacto Verde que impulsó en su primer mandato—, tuvo que reafirmar que el compromiso de la UE con el derecho internacional es “inquebrantable”.
En un intento de apagar incendios, su gabinete envió además una aclaración de su posición a los otros componentes del Colegio de Comisarios, asegurando que no hablaba de renunciar al sistema basado en normas. Al final, la sangre no ha llegado al río. Las palabras de Von der Leyen no se han tratado oficialmente estos días en las múltiples reuniones de los representantes de los Estados en Bruselas. “Ni siquiera una mención”, apuntan fuentes de un Estado miembro. Pero sí que se ha comentado en los pasillos, confirman otras fuentes diplomáticas.
Y las recriminaciones a sus palabras y a su actitud han seguido llegando desde diversas capitales y sectores de la sociedad. “Von der Leyen se ha extralimitado. Estamos hablando de un discurso importante que parecía señalar un cambio de postura de la UE sin consultar con los Estados miembros”, opina otra fuente diplomática europea bajo condición de anonimato. Y agrega: “Prueba de su equivocación es que ha tenido que salir a aclarar su postura”.
“La presidenta de la Comisión Europea se ha extralimitado en su mandato, y no es la primera vez”, coincidía la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard. Sobre todo, advirtió en un mensaje en las redes sociales, porque “no es la primera vez que socava el derecho internacional”. “Lo ha hecho de forma sistemática en los últimos dos años en lo que respecta a Israel”, le reprochó.
Esto es algo que lleva tiempo preocupando a varias capitales europeas, muy frustradas por la más que tímida respuesta que durante más de un año dio Von der Leyen a la brutal ofensiva israelí sobre Gaza. También provocó protestas en el seno de las instituciones europeas, donde muchos funcionarios, antiguos y en activo, elevaron su voz durante meses por la actitud de la jefa del Ejecutivo europeo.
Las palabras de Von der Leyen “socavan el derecho internacional al no abordar en absoluto la cuestión de la ilegalidad del ataque contra Irán”, le recrimina el ex representante de la UE ante los territorios palestinos Sven Kühn von Burgsdorff en conversación telefónica. El alemán es uno de los impulsores de la media docena de cartas abiertas firmadas por centenares de antiguos altos responsables europeos y embajadores que a lo largo de 2025 reclamaron a la Comisión medidas “inmediatas” contra Israel por violar el derecho internacional en Gaza y reprocharon a Von der Leyen la lentitud en proponer sanciones en el marco del Acuerdo de Asociación de la UE con Israel. Un país al que la alemana viajó de inmediato —y sin consultar a los Estados miembros— nada más producirse el terrible atentado de Hamás el 7 de octubre de 2023, que provocó la más brutal aún respuesta israelí.
“Desde el viaje de la presidenta Von der Leyen a Israel hay cierto resentimiento en algunos Estados miembros y en parte de la Comisión sobre su postura demasiado escorada hacia Israel. Ahora está pasando lo mismo con Trump. Von der Leyen habla de otros muchos temas, pero su condena a EE UU no es tajante nunca”, remarca una fuente diplomática en Bruselas.
Los ánimos estaban ya caldeados desde hace semanas por otros gestos de la alemana. Hubo capitales a las que no les gustó, en absoluto, su decisión unilateral de enviar a la comisaria para el Mediterráneo, Dubravka Suica, a la inauguración en febrero, en Washington, de la controvertida Junta de Paz de Donald Trump.
Lo hizo, de nuevo, sin consultarlo antes con los Veintisiete, la mayoría de los cuales se ha distanciado abiertamente de un proyecto que temen mine el sistema de Naciones Unidas y, también, el principio de una solución de dos Estados (Israel y Palestina) que constituye la posición consensuada de la UE. Uno de los países más abiertamente críticos con ese gesto fue Francia, que también ahora ha llamado al orden a Von der Leyen.

“La Comisión debe comprometerse a respetar de la manera más estricta posible el principio de subsidiariedad, así como la letra y el espíritu de los tratados”, lanzó el ministro de Exteriores francés, Jean-Noël Barrot, en el mismo encuentro de embajadores de la UE en Bruselas donde Von der Leyen había pronunciado su polémico discurso poco antes. “Cada institución de la UE debe actuar conforme a sus respectivas competencias”, le ha recordado a su vez el antiguo alto representante para Política Exterior, el español Josep Borrell.
Desde el entorno de Von der Leyen se niega tajantemente que se haya extralimitado en sus funciones. “Como presidenta de la Comisión Europea, garantiza el liderazgo de la Comisión en las políticas externas y representa a la UE como un poder global económico y regulatorio”, subrayan estas fuentes.
Pero en Bruselas es vox populi su rivalidad con la actual responsable oficial para política exterior, la estonia Kaja Kallas, además de su verticalidad, un afán por controlarlo todo junto a su estrecho círculo de confianza. No obstante, opinan fuentes diplomáticas, nadie debería sorprenderse a estas alturas. “Sabíamos que Von der Leyen asumía su segundo mandato como la cabeza de una Comisión que iba a actuar de una forma más política”, admite un diplomático que asegura que, aunque no siempre las posturas de la alemana coinciden con la posición de su Gobierno, sí le reconoce “su capacidad de tener un impacto en la escena global”, donde es la cara probablemente más reconocida de la UE.
Otra fuente diplomática coincide con este diagnóstico y señala que las críticas a su liderazgo excesivo suelen emerger cuando no gusta lo que hace: “Lo ha hecho otras veces. También con Ucrania, pero eso nos gusta”.
Pero para Kühn von Burgsdorff, al menos deberían estar claros los límites: “A la Comisión le gustaría posicionarse como un actor geopolítico y me parece comprensible que la presidenta de la Comisión tome la iniciativa en este sentido. Sin embargo, solo puede hablar en nombre de toda la UE en materia de política exterior sobre la base de las decisiones adoptadas por el Consejo”, zanja.
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