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Malestar en el Gobierno con Von der Leyen: “Tiene miedo a Trump, hace seguidismo”

Sánchez busca alianzas para un Consejo Europeo clave frente a la guerra en Irán

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Irlanda, Micheál Martin, en La Moncloa. Alberto Ortega (Europa Press)

Algo se ha roto de fondo en la relación política entre Pedro Sánchez y Ursula von der Leyen. Los dos líderes, pese a pertenecer a distintos partidos europeos, mostraron en la anterior legislatura una gran sintonía. Von der Leyen ponía constantemente a España como ejemplo, sobre todo por sus reformas y su utilización de los fondos europeos, y Sánchez correspondía aplaudiendo la gestión de la conservadora alemana. Pero ya empezaron a alejarse cuando ella se acercó en ocasiones a la ultraderecha europea para buscar más apoyos en ese mundo, cada vez más fuerte en la UE, o cuando empezó a asumir reducir los ambiciosos objetivos climáticos por el mismo motivo.

Y ahora la política internacional ha terminado de alejarlos. Primero con Gaza y ahora con la guerra en Irán. En el Gobierno español hay un profundo malestar por las últimas palabras de Von der Leyen en las que prácticamente daba por hecho que hay que asumir el nuevo mundo sin reglas que plantea Donald Trump. “El dilema no es un viejo orden versus un nuevo orden, es un orden internacional versus el desorden internacional, que nos llevó a dos guerras mundiales. El mundo está cambiando, pero los valores y principios de la Unión Europea no deberían cambiar”, ha asegurado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una entrevista en elDiario.es este martes.

El enfado es tan grande que lo verbalizó incluso públicamente el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, tras el Consejo de Ministros. Pero en privado las palabras de algunos miembros del Gobierno de Sánchez son aún más duras: “Tiene miedo a Trump. Está haciendo seguidismo del líder de EE UU. Una presidenta de la Comisión no se puede sentir cómoda con un Trump que está amenazando con invadir Groenlandia”, señala un miembro del Ejecutivo.

En el Gobierno se quedaron muy sorprendidos al leer que la presidenta de la Comisión Europea, un organismo que en La Moncloa genera un gran respeto y con el que han trabajado muy bien en todos estos años, dijera abiertamente que el orden multilateral basado en reglas forma parte del pasado. Albares fue muy directo tras el Consejo de Ministros, en intervención muy medida y que había sido consultada con Sánchez antes, ya que la relación con Von der Leyen es un asunto clave para el presidente. “Europa tiene que defender el orden internacional porque la alternativa al orden internacional es el desorden”, sentenció. El ministro de Exteriores fue aún más lejos en un evidente choque con Von der Leyen y dijo: “Nos identificamos plenamente con las palabras de António Costa”. El presidente del Consejo Europeo, que es socialista, había dicho poco antes que “la UE debe defender el orden internacional basado en normas”. España se coloca así en el lado opuesto a la presidenta de la Comisión Europea en lo que parece un claro pulso con el presidente del Consejo Europeo.

La cuestión no es menor. La semana que viene está convocado un Consejo Europeo muy relevante, que en principio estaba pensado para cuestiones económicas pero que claramente va a derivar en un debate sobre la guerra en Irán y la posición de la Unión Europea frente a ella. Sánchez se colocó en contra de Trump y Netanyahu desde el primer momento, pero en la última semana otros primeros ministros han girado poco a poco y cada vez se alejan más del líder de EEUU aunque ninguno llegar a ser tan rotundo como el español. Sánchez está haciendo muchas llamadas estos días y la próxima semana intensificará los contactos para intentar llegar a la cumbre del jueves 19 con un grupo significativo de países radicalmente en contra de esta intervención de EE UU e Israel que está teniendo ya consecuencias muy graves sobre la economía europea y si se alargara podría tener consecuencias de fondo muy importantes, según los cálculos del Ejecutivo español, con un riesgo cierto de una nueva crisis migratoria como la que se vivió en Siria.

En el Gobierno creen que en la posición de Von der Leyen tiene mucha influencia el debate en Alemania, su país de origen y donde hizo toda su carrera política hasta llegar a la Comisión. El canciller Friedrich Merz, conservador como Von der Leyen, se ha mostrado muy cercano a Trump en los últimos días e incluso estuvo en la Casa Blanca con él la semana pasada y le siguió el juego con los mensajes críticos hacia España, algo que ha causado también mucho malestar en La Moncloa. De hecho hubo llamadas entre los dos ministros de Exteriores para intentar reconducir ese malestar. Es imposible separar esta tensión con Merz del choque con la alemana Von der Leyen. Sánchez y Albares están muy convencidos de que este es un momento decisivo en el que la UE tiene que poner pie en pared porque después de Irán vendrá Cuba pero sobre todo Groenlandia, el desafío más directo a los europeos. De hecho Sánchez fue también el que más claramente criticó la intervención en Venezuela porque temía que sería un peligroso antecedente, como finalmente se ha comprobado. “Algo así nunca habría pasado con Scholz o Merkel”, resumen fuentes del Gobierno, muy preocupadas con las posiciones de Alemania, el gran gigante europeo, con una enorme influencia en todas las decisiones en la UE. En el Consejo Europeo se buscará como siempre una posición intermedia, pero para La Moncloa las palabras de Von der Leyen indican que Alemania está influyendo hacia el apaciguamiento de Trump que el propio Emmanuel Macron reconoció en una entrevista en EL PAÍS que no está funcionando.

Sánchez está, pues, preparando la batalla europea para intentar buscar un giro hacia una posición más autónoma de la UE, más valiente frente a Trump, aunque es consciente de las limitaciones de esa vía ante la resistencia de Alemania y también en parte Italia y otros aliados que apuestan más por contemporizar con Trump. Para La Moncloa, como explicó Sánchez el viernes en Huelva, hay que diferenciar entre EEUU, el histórico aliado de Europa que debería seguir siéndolo, y la política errática de Trump, que creen que hay que combatir.

Mientras se mueve en el frente europeo, Sánchez también está tratando de ajustar el español. El presidente no parece tener intenciones de hablar de este asunto con el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, al que acusa de apoyar la guerra de Trump, pero sí intentará buscar apoyos para los más que probables decretos que tendrá que aprobar para paliar las consecuencias de la guerra en Irán, en especial por la inflación que está provocando. El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, hará una ronda de portavoces para explicarles la situación y buscar ese apoyo a las medidas que ya están preparando en el ministerio de Economía. Aún no está claro la profundidad que tendrán, porque no es lo mismo una guerra de dos semanas que otra que dure meses o años, pero ya hay muchas posibilidades encima de la mesa. En el Gobierno dan por hecho que será casi imposible lograr el apoyo del PP y Vox, por eso de nuevo será clave la mayoría de investidura y por tanto Junts, que sigue con las relaciones rotas con el PSOE.

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