El error Von der leyen
La presidenta de la Comisión Europea comete un error garrafal con esa renuncia al orden global, la razón de ser de la UE

Alemania patrocinó la austeridad expansiva e impidió que el BCE acudiera al rescate en el punto álgido de la Gran Crisis. La canciller Merkel erró una y otra vez hasta que el euro estuvo a punto de desaparecer y, entonces sí, dio su brazo a torcer. Acabó acertando, pero solo después de haber agotado todas las equivocaciones.
Poco después llegó la crisis de refugiados y Merkel se hizo un selfie con un migrante sirio. Su opinión pública se le echó encima: los alemanes temían un alud de llegadas. Entonces se olvidó del selfie y patrocinó un acuerdo con Erdogán para que los recluyera en campos de refugiados, en condiciones insalubres, a cambio de 6.000 millones de euros para ese faro de la democracia occidental que es el líder turco. Una vez le pregunté al respecto: “Europa tiene valores, pero sobre todo tiene intereses”, fue su respuesta.
Los últimos líderes que Alemania ha exportado a Europa son Merkel y su escudero Wolfgang Schäuble, que llegó a exigir a Grecia que si hacía falta no organizase elecciones. Olaf Scholz, que dejó a la socialdemocracia germana en ruinas. Manfred Weber, el líder del PPE en la Eurocámara, que ha protagonizado la ruptura del cordón sanitario a la ultraderecha en Bruselas. El canciller Freidrich Merz, incapaz de defender a un socio como España ante los furibundos ataques de Trump en el Despacho Oval. La guinda es Ursula Von der Leyen. La jefa de la Comisión se está revelando como la mejor de esa especie de grupo salvaje, si vale esa referencia a Peckinpah.
Von der Leyen protagonizó una gran primera legislatura. Gestionó bien una crisis mayor, el covid, con la audacia de los fondos Next Generation. Sacó adelante una agenda ambiciosa con el pacto verde. Y de repente la cosa se torció: llegó su segunda legislatura, se vio con una mayoría frágil y empezó a coleccionar errores. Ha sido demasiado personalista. Ha retorcido los tratados en pos de ese personalismo. Ha echado al cubo de la basura buena parte de la agenda verde y ha puesto en marcha una agenda de desregulación. Ha salvado la cara en Ucrania, pero ha protagonizado escenas ignominiosas en las negociaciones con Donald Trump, como esa foto en un campo de golf escocés (propiedad del propio Trump) tras un acuerdo de comercial que acabó con una foto que parece La rendición de Breda. Y sobre todo ha tenido un papel impresentable con Gaza, siempre a favor de Israel, siempre del lado de Estados Unidos, actuando más como una líder regional de la CDU que como una de las voces estrella de la Unión Europea, cargando con todos los tabúes del pasado alemán y demostrando un atlantismo inexplicable, vasallo con Trump, a pesar de que Estados Unidos ha dado sobradas muestras de no ser ya un aliado fiable.
Pero su discurso ante los embajadores europeos se lleva la palma. “Europa ya no puede ser guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que ha desaparecido y ya no volverá”. Traducción libre: el orden basado en reglas que Europa construyó después de dos guerras mundiales junto con Estados Unidos ya no sirve para defender los intereses de la Unión. Eso no lo dice una roja peligrosa. Ni una ultraderechista. Ni siquiera lo dice el mercachifle de Trump, a pesar de que la Estrategia de Seguridad de EE UU va exactamente por esa senda. Lo dice la presidenta de la Comisión Europea, guardiana de los tratados.
Los tratados se fundamentan en el respeto a la libertad, la democracia, el Estado de derecho y los derechos humanos. Su finalidad es promover la paz “y el estricto respeto” al derecho internacional y a la Carta de Naciones Unidos, que prohíbe “los actos de agresión”, obliga a los Estados a arreglar sus controversias “por medios pacíficos” y a abstenerse de “las amenazas” o “el uso de la fuerza”; permite, eso sí, actuar en “legítima defensa”.
Todo eso lo tira directamente al cubo de la basura Von der Leyen, con ese atlantismo atávico, trasnochado y absurdo. Merz va por el mismo camino: acaba de anunciar su “completo apoyo” a Estados Unidos e Israel en Irán “hasta su victoria completa”, por mucho que esa intervención militar se haga completamente de espaldas al derecho internacional. Eso del viejo orden mundial, con su equilibrio entre valores e intereses, es la razón de ser de Europa, ese lugar de aventura donde el jardín de Goethe colinda con el campo de concentración de Buchenwald. Las derechas están cambiando en todo el mundo: de defensoras del orden y la estabilidad han pasado a abrazar ideas libertarias y populistas, en una americanización rampante. Pero Von der Leyen va más allá de esa deriva y pisa una línea roja: Europa avanzó siempre en los momentos críticos, como este, pero con la crisis iraní en el retrovisor Von der Leyen inocula en el proyecto europeo un virus de raíz trumpista. Si el nuevo orden es la ley de la selva, parece decir, pues viva la ley de la selva y santas pascuas.
Debería rectificar. Y rápido. Anoche sus portavoces decían que su discurso se ha malinterpretado: ojalá fuera así.
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